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Entereza

Wind Fire -- Thérèse Duncan on the Acropolis, 1921

No me tengas lástima, los árboles siguen creciendo. Esta parafrase, que sigo rumiando si está a la orden con el original, pronunciada por Lauri (Nubes pasajeras, Aki Kaurismäki, 1996, vista hace dos domingos en CineManel de Otraparte), en un bar, viendo un punto perdido, resume el talento de recepción de las circunstancias —él e Ilona pierden el trabajo, y como la recesión se prolonga, buscan cómo suplir sus necesidades sin dejar de ser ellos— de manera completa, sin titubeos ni lágrimas, cual Anneo el Joven alienta a dar cara a la fortuna: con la lanza y el escudo, de pie, de rodillas o en el piso, hasta que se extinga la respiración.

Quise tomarle nota, pero las cosas en la mochila harían ruido y me perdería la continuidad de las leyendas. La guardé, a medias, en la memoria. Los esposos de Helsinki y los trabajadores del restaurante donde Ilona era maître están solidariamente sujetos (del latín subjectus: «sometido», «sujeto»), amigos contra la competencia y los reveses (es claro que no todos soportaban de igual forma las pérdidas). Se tienen entre ellos y esa es la única defensa que los salva para no hundirse en el anonimato; se llaman con nombre propio al caminar por la cera; son comunidad; se distinguen.

No dejan de ser ellos porque otro los reconoce, les paga la cuenta que deben y compra más botellas. Hay conexión, un lugar en el mundo donde ser tratado como humano no precisa de retribuciones o de obligaciones. En medio de la crisis, se ponen a prueba y se hunden, se acogen, se toman de la mano y guardan un recuerdo común. El sujeto no es individuo. Se acrisola con los problemas, con la dificultad. Al igual que Santiago: «Lo que pasa es que ya no tengo suerte. Pero ¿quién sabe? Acaso hoy. Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto».

Los males, al igual que los bienes, pasan, se extinguen y se renuevan. Nosotros también. Solo que nosotros sabemos que nos extinguimos y nos renovamos. La más alta forma de afrontar el destino es con firmeza de espíritu, el cuerpo bien dispuesto para el embate, como los generales en tiempos de paz o los sepultureros cuando anuncian riña. Advertir el desamparo: forjarse uno mismo: aunque Santiago tenía una botella de agua, se le fue el arpón con el mako y no llevó sal ni comida, él se conservó, defendió como pudo su pez, y llegó a casa, exhausto, a dormir el sueño de leones en la playa, el que tanto persiguió en la mar.

El viejo carecía del muchacho, pero lo pensaba, y esa era su sujeción, su ancla. Mencionarlo en voz alta era volver al puerto, era su resplandor de La Habana. Con él en la mente se podía ubicar, se mantenía firme, incólume. Las adversidades no vienen solas, como nuevas, desde cero, sino que se abordan desde la historia, como un elemento más del recorrido: se incluyen al historial, al anecdotario. Y lo mejor: tiene a quién contarle, con quién regresar y corregir la faena.

Mientras se mueren los peces, cierran los negocios y la soledad se coagula, los árboles siguen creciendo, y esperan nuestros ojos para que los veamos en su estado de lucidez. Los ríos siguen en busca del mar y en las quebradas se bañan los niños. Lo único necesario para vivir estas cosas es mantener el cuerpo seguro, librarlo del peligro —afrontándolo o previniéndolo—, para que vea la naturaleza, su naturaleza, después de la tempestad y del trance, renacidos, en busca de las formas del sosiego, que no son otra cosa que la recomposición, el descanso para las nuevas tareas.

Horquilla. Es cómico, dentro de lo que cabe y a pesar de todo, que los militares más ceñudos afirmen que detendrán a Chiquito Malo. No encaja bien ese nombre con la importancia varonil de sus voces (forjadas a punta de gritos y dolores de garganta) ni la cantidad que ofrecen por su tamaño: 5 000 millones… ¿Cuántos días habrá pensado el alias? ¿Ocho, como don Quijote? Y qué decir de la herencia dentro de los “reductos”. Los salva omitir el número regnal, no ya que la fuerza pública evite la sucesión.


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