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¡Milagro!

Pachamama, Carlos León

Cuestiono a los locutores de fútbol cada que dan por hecho que todo el país observa un partido: se dan la importancia de voceros y se atreven a esgrimir el delicado «todos»: «Yo no veo ese partido: a mí no me cuenten.»

Pues bien: el que habla se equivoca y, no contento con equivocarse —si es que advierte el equívoco—, se contraría...

Lo que duraron los niños en la selva del Guaviare, tomaba la forma de un locutor al acabarse las noticias y me decía: «Todo el país se unió y se concentra en los niños perdidos». Y ya que los encontraron, me mantengo aún en lo que dije.

Medios, políticos y gente a la cual sacarles un reconocimiento a los indígenas, a sus saberes tradicionales y a su nivel de relación con la naturaleza —que les permitió sobrevivir a los azotes del entorno—, era una tarea de años.

¿No es increíble que la Operación Esperanza contara con el apoyo de los colombianos? De los colombianos pendientes del rescate, interesados por los niños. (¿Me permito decir todos? Es que somos un tropel). ¡Y la conjunción entre el Ejército y las comunidades indígenas!

Se siente raro que tanta disparidad se una, se cohesione... Así sucedió.

Y en lo que aparezca Wilson, que los niños se recuperen y que las amenazas del frente Carolina Ramírez no se cumplan; y a todo el país, a toditico, que se solidarice y entienda, ahora que está patente, esa realidad.


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