Ir al contenido principal

Siete microrrelatos

Fosa común, José Clemente Orozco, 1926-28


Cinta estudiantil

 

Prohibido el paso, policía.

 

***

 

Y espera que te decapiten

 

En los fastuosos eventos de la antigua Versalles se prendían, manualmente, veinte mil velas.

Si crees que tu vida es absurda, prende la misma cantidad de velas durante casi dos siglos, y espera que te decapiten.

 

***

 

Parábola de mayo

 

El dictador amaneció queriendo buscar hijos de mujeres que escribían un panfleto contra su absolutismo. Pidió al ejército que los olfateara y los encontraron. Pidió que los mataran: los mataron y los plantaron en una fosa común. El dictador volvió a amanecer con ganas de algo, y era desalojar a las madres de los hijos que mató. El ejército volvió a actuar con firmeza. El dictador siguió amaneciendo.

 

***

 

Entrando en confianza

 

Comandante Supremo, traigo mensajes del frente. Nuestra vanguardia les tapiza la llegada a las campiñas. Derrotaron la caballería pesada sin mayor resistencia. Arrasan aldeas, armamentos y, con sus Dioses, a nuestros Dioses. Le recomiendo temer por su vida, no ya por la del pueblo... Y entrando en confianza, ¿a qué sabe la derrota, mi Caducifolio?

 

***

 

De Maquiavelo para el mundo

 

Obedece y vivirás.

 

***

 

 

—Me quité la capucha porque perdimos los ideales.

—Yo perdí los ideales porque nos quitamos las capuchas.

—Y yo me quité los ideales porque perdí mi capucha.

 

***

 

¡Oh! ¡Mi dolor es un gran dolor!

¡Oh...! ¡Por supuesto! Coge tu ficho y espera.


___

Ignis, Bogotá, Colombia, no. 9, enero-diciembre de 2023.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

«Del Paraíso a la Nakba: 75 años de la resistencia Palestina»

Volante Presentación enmarcada en la iniciativa española "Poesía por Palestina. Versos contra el genocidio" del 20 de enero (enero 21 de 2024).

Colado

A cat standing on it's hind legs , Louis Wain Eran las ocho en punto: saqué la arepa, el quesito, el huevo, el tomate y la cebolla de la nevera y me puse a hacer el desayuno estirándome a ratos, bostezando como si un diablillo apretara el botón de bostezos recién acababa de cerrar uno, y escuché las voces afuera: los niños de la del tercer piso yendo al colegio. — ¡Mami, mami gas! — ¡Gabriel, córrete, no pises eso! — Y se dirige a la amiga de enfrente — . Mana, ¿es del tuyo? — ¿Del tuyo qué? — Pues esto. — No, qué va ser mío mana. Abrí la puerta y era, para el gusto del ayuno y los dolores musculares, un charquito ya estancado de bilis con dos grumos de hojas; la bilis se detuvo terminando la escala y se estancó a lo largo del borde. Por lo menos los pasitos de los niños ni de la regañona le dieron arabesco de suela; pero el artífice de la sopa, el dueño de esos deshechos gástricos, el gatico, maullaba, queriendo entrar a mi casa, bregando a abrir con su tozuda cabezita...

Para que nadie vea

Farmento de la portada de Milagros Sefair El campo está despierto alrededor de ti en el cuadro Najwan Darwish: Elegía de un niño dormido   Sobre los escombros de tu casa, niña, y abrazando un peluche — si es que te enteras que lo abrazas único muelle entre las rocosidades y los edificios maltrechos — estás. Fátima Shbair te fotografió en Beir Hanoun, Gaza, cuando los palestinos reponían sus albergues intervalo de cese al fuego. ¿Es tu hogar, niña, y son esos edificios agujereados y escuálidos los hogares de tus vecinos? Once días de combate para una calma desde la cual divisas como si hubieras aparecido allí la devastación que figuras en tu contra.   Quién sabe si la niña cuando abraza al peluche es al peluche a quien abraza... O quién sabe si es a alguien más: a quien no ha encontrado.   Pero, repito, quién sabe: todavía nos aturden las bombas que, ¡lástima por ellos !, no dieron en el blanco... Y nos aturdirán las ...