Ir al contenido principal

Deseo cumplido

Alejandro Salgado Meneses


Después de haber pasado su eternidad al pie del valle, el abuelo deseó morir en la montaña. Lástima haber omitido la falta de oxígeno, esa que lo hacía pedirme a gritos mudos que lo sacara al balcón a ver si un ventarrón le colmaba sus pulmones. Cómo olvidar al abuelo respirando silbidos y desabrochándose la camisa tratando de sorber el aire por sus macilentos pelos. Cómo no recordarlo meciéndose con su cara roja y sus venas saltando por mis ojos que no sabían qué llevarle además del agua y la toalla para que se ventilara. Hasta que decidí comprarle una máquina de oxígeno al deshilachado abuelo para distraer su muerte. Le hubieran visto la pose serena con la que murió, la que dio brinquitos cuando le separé el catéter que llevaba de nuevo al pie del valle para ganar con qué asistir su velorio.


El Pedregal, diciembre de 2019


___

Revista Tecnológico de Antioquia, Medellín, Colombia, núm. 7, diciembre de 2022.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

«Del Paraíso a la Nakba: 75 años de la resistencia Palestina»

Volante Presentación enmarcada en la iniciativa española "Poesía por Palestina. Versos contra el genocidio" del 20 de enero (enero 21 de 2024).

Colado

A cat standing on it's hind legs , Louis Wain Eran las ocho en punto: saqué la arepa, el quesito, el huevo, el tomate y la cebolla de la nevera y me puse a hacer el desayuno estirándome a ratos, bostezando como si un diablillo apretara el botón de bostezos recién acababa de cerrar uno, y escuché las voces afuera: los niños de la del tercer piso yendo al colegio. — ¡Mami, mami gas! — ¡Gabriel, córrete, no pises eso! — Y se dirige a la amiga de enfrente — . Mana, ¿es del tuyo? — ¿Del tuyo qué? — Pues esto. — No, qué va ser mío mana. Abrí la puerta y era, para el gusto del ayuno y los dolores musculares, un charquito ya estancado de bilis con dos grumos de hojas; la bilis se detuvo terminando la escala y se estancó a lo largo del borde. Por lo menos los pasitos de los niños ni de la regañona le dieron arabesco de suela; pero el artífice de la sopa, el dueño de esos deshechos gástricos, el gatico, maullaba, queriendo entrar a mi casa, bregando a abrir con su tozuda cabezita...

Para que nadie vea

Farmento de la portada de Milagros Sefair El campo está despierto alrededor de ti en el cuadro Najwan Darwish: Elegía de un niño dormido   Sobre los escombros de tu casa, niña, y abrazando un peluche — si es que te enteras que lo abrazas único muelle entre las rocosidades y los edificios maltrechos — estás. Fátima Shbair te fotografió en Beir Hanoun, Gaza, cuando los palestinos reponían sus albergues intervalo de cese al fuego. ¿Es tu hogar, niña, y son esos edificios agujereados y escuálidos los hogares de tus vecinos? Once días de combate para una calma desde la cual divisas como si hubieras aparecido allí la devastación que figuras en tu contra.   Quién sabe si la niña cuando abraza al peluche es al peluche a quien abraza... O quién sabe si es a alguien más: a quien no ha encontrado.   Pero, repito, quién sabe: todavía nos aturden las bombas que, ¡lástima por ellos !, no dieron en el blanco... Y nos aturdirán las ...