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Interior with Leland

Interior with Leland, Louisa Matthiasdottir, 1946

¡Ah!, ya me duele la espalda. (Se levanta). ¿Qué hago?... Haber… ¡La ventana! ¡La dejé abierta! (Se asoma). Gente… jugando… dos mesas: una tute, otra dominó… Sería bueno jugar… ¿Qué hora es? (Vuelve la cabeza hacia la luna). Bien, sigo en las mismas. (Ojea el reloj de mesa). Once: cuarenta… ¡Once!... Sería bueno jugar: la noche está para jugar. ¡Me ven! ¡Me están viendo! (Se esconde tras la pared). Me veían… ahora pensarán que les pedía juego… ¡O que los espiaba! (Se asoma). Sigan jugando. (Cierra la ventana). Así no me verán… (Corre la cortina).

Bueno, es de noche. La cama está reblujada. Mejor no arreglarla… ahora me acuesto… ¡Acostados! ¡Ellos están acostados! (Mira el nochero). Mis pastillas. Mejor no tomarlas… ahora no siento... ¡Los alacranes! (Va hacia el escritorio). Bebés, niños. (Mueve el tarro). Ahí están… ¡Pero ellos! No lo ayudé mientras no estaba ella. Pensarán cosas de mí. Yo pienso cosas de ellos, no lo harán de mí… (Vuelve al nochero). Vino, ¿de hace cuándo? Sé la hora; ¿y el día? Si ellos juegan es fin de semana. (Descorre la cortina). Bueno, más gente. Sería bueno estar con la gente… aunque el virus… la enfermedad… las restricciones del gobierno… las noticias… ¡Las noticias! ¡No las vi!... Ellos… ¡Qué bueno poder jugar! (La miran) ¡Otra vez! (Se esconde). ¡¿No los entretiene el juego para que saquen la jeta de él?! No lo entretuve mientras ellos llegaban… (Prende el bombillo). ¡Ah! Duele este sol. (Lo apaga). Bien. (Observa a través de la cortina). ¿Salgo un rato? No puedo, ¿cierto? —Cierto, no debes. —Está bien, no debo. —Bien.

Tengo que salir, mejor salir… pero ¿qué día es? Son las once… ¿y? Son las once. Son las once del día ¿lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo, enero? ¿Marzo, abril, mayo, julio, junio, agosto, noviembre, octubre, septiembre, diciembre? Si así fuera, él ya caminaría y no tendría que cuidarlo. Ellos saben qué día es. (Prende el bombillo, toma vino y sale de su pieza). La sala (mira arriba), el bombillo… ¡Dos bombillos! ¡Qué infierno! (Entra y apaga el suyo. Abre la ventana). ¡Mis alacranes! —Están bien. —Bien. (Sale). Si les pregunto por el día me preguntarán qué pastillas me hacen falta.

Entonces para qué me lo dejan… a él.

Porque estamos ocupados.

Dejen tantas cosas, que tampoco necesitan mucho.

Muy fácil decirlo. ¿Y su tratamiento lo va a pagar el gobierno, la televisión?

…

Muy bien, ahí está él.

(Mira a la izquierda). Otra ventana. (La derecha). La nevera, unos cuadros y la lavadora… y su puerta… (Mira adelante). ¡La ropa! (Entra a su cuarto). Tendida… ¿Así debería estar la cama? —Ahora te acuestas, nos acostamos; ellos ya se acostaron. —¿Por qué tan segura? —Pruébalo. Entra. Ve y diles algo… —Mejor así. Gracias. (Prende el bombillo). ¡Qué calor, Dios! (Abre la ventana. Descorre la cortina). Una sola mesa… se cansó el tute… queda el dominó… ¿Qué hora es? (Mira el nochero) ¡Mi espalda! La una… la una. ¡Ay Dios! ¡Mi espalda! (Va hacia los alacranes y los agita). Mejor. (Suspira). ¡La una! ¿En qué se fue el tiempo? —Dímelo tú. No tengo sueño. ¿Habrá noticias? —Míralo tú. Ellos deben dormir. Él duerme… ¡qué milagro! Tampoco se han despertado para nada, ningún

¡venga, ayúdenos!

Ya va. Ahí voy.

¡Rápido! ¡Tenemos que madrugar!

¡…!

Están durmiendo. (Apaga el bombillo). Están jugando. (Saca el pecho al aire). Ahora no me ven… La última … Verla desde acá es imposible. —Vaya y juegue. Ellos no se van a dormir. —No puedo. —¿Por qué? Vamos, tengo —tenemos— permiso. —No. —Bien. La pastilla… ¡la pastilla!... ¡la pastilla!... Y si prendo el televisor los despierto… (Vuelve la cabeza). Espalda, a acostarnos. (Corre la cortina. Bebe vino). Bien… ahora sí… (Se acuesta). ¡Ay la espalda! —No pienses en los alacranes; duérmete mejor. Ellos madrugan… ¿madrugarán?... ¿qué día será mañana?... ¿o es hoy?... ¿qué día es mañana?... ¡¿qué día es?! ¡¿Y la hora?! (No puede verla). No puedo verla.

(Mira el techo, silenciosa. Advierte jadeos).

Bien… bien…

Muy bien…

(Se levanta y traga todas las pastillas. De pasante, el jugo de alacranes. La copa, de vino).

 

El Pedregal, abril de 2021


___

Segundo puesto del XVIII Concurso de Cuento Tomás Carrasquilla del Tecnológico de Antioquia (2021). El Narratorio, Buenos Aires, Argentina, año 9, núm. 102, agosto de 2024.

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