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Giro de cintura

El lomo del ocelote, Gonzalo José Bartha, 2018

Los ciclistas avanzan por la sesenta y dos cuando no a Medellín; uno de esos paró en la cafetería donde nos dejó el taxi para que Tomen tinto mientras esperan y nos sirvieron del aguado; miró para atrás y dejó ver el apenas forro de su prótesis; pedalea con una sola pierna, balanceándose con más ganas que el de dos piernas que se le adelantó en la subida del retorno. El ciclismo es muy bravo, dice una especie ganadera ante lo que acabó de ver, o ni se enteró del amputado: le crecen unos hongos en los codos ennegrecidos, y la barriga y la visera de la cachucha es lo único voluminoso de su cuerpo, como si una presión le pasara lo de atrás hacia adelante; mueve el índice y el meñique, apretando gatillo, y se vuelve a sentar porque no han llegado por él. Y parquea una familia, dos señoras que no se varan por ampliación de menú, un canoso y dos muchachos, uno menor que el otro, manoseándose abrazaditos las tetillas, lúdica no sexualizable por los cercanos que piden hamburguesa-desayuno y van detrás del carro a darse mate.

 

***

 

En el chiverito, poco espacio tres pulmones, a una señora en la Clínica, buscando el «Desfavorable» del especialista que le negó al enfermo posibilidad de mítigo el dolor, los entre que salgan del gymnasium amarilluento: las licras, los tarrotes de agua o de esos polvos fibrosos comprados en tienda de centro comercial junto a perros y crispetas de cine un anuncio no más, las cachuchas y los celularzotes.

—Pura fibra —sentencia el cuadrapléjico adelante copistolo.

Y le da razón un macancán desparqueando su motoneta, un pedazo de elefante que le daba lidias tirar en reversa para no darle, saliendo, a un carro de otro ahí, sudor y fotos para un tinieblo y el jefente y el machacarrico. A los empujones la destraba, saca lo mínimun: se monta, ladea a no juntarse ni rayar, tampoco sapos.

—Viven cerquita en esos palomares y van a trabajar saben dónde.

—Pero le dio lidia —este regustillo: chisme sobre la actual falencia del otro: desgastarlo a su cuenta: bueno para la musculeatura y no en el forcejeo: espumoso, fomi, latero y carcasa: cómo igualarlo y decirle sabiendo que nos huyó ipso facto al ver nuestro grasero consistente, alzador de cementos, pura sopa de arroz levanta edificios en dos semanas, músculo obrero, hormigón de las cocas preparadas en leña (cf. Mateo Calderón en Los Corales, luego de que la lengua benjaminiana se desentumezca el taller).

 

***

 

Dos extensiones por barriga alimentada, se acabaron los veinte sin IVA, comiendo sin permiso, y el buche se notó cuando el «Esconda» le recordó lo sacado, ese contenedor de arroces, arepas, azúcares de panadería o de puestero, lo rellenador ultraprocesado; para bajar la tula, uno que otro calentamiento para antes de hacer ejercicio y bajarle a la dellantera, el hocico punzón, la pipita: males concentrados y la sorpresa de los que lo han visto desgüalamido, flacuchento, huesoso y mendigo ahora inflado en buenos pastos mimos, comida a horas raras pero presente, mucha harina y No le pare bolas a los sobrados, la sopa hay que acabarla antes de que se vinagre: es pecao botar comida... El miedo es la amenaza a que empeore por muerto-de-hambre, tragalotodo, papujao, gordetas, Bua, marrano, baca, mantequero que ni un vaso de agua se echa para destaquear las ensaladas o los restos de carne de cerdo; para contrariar en sesiones de calentamiento para hacer ejercicio de a diez segundos: giro de cabeza, círculos con las manos chocando en la estrechera de cuarto, steps back jacks, lagartijas... y luego la rutina cuerpo completo en casa de los mismos tres: sentadilla dinámica y sumo, saltar cuerda, hand release push ups y el vahído sin sudor, como pasmado, y aire que me muero; el postre estiramientos después de entrenar, un circuito sin pitido que termina respira profundo y vuelve a echarte a la cama que allí perteneces.

 

(Pensaba traer en exclusiva para La Tinta —corresponsal nonombrado a fin de adelantarme al Instituto de Costura, Reanimación y Desposte o al Itagüiseño—, a un señor que sube desde Calatrava repitiendo treinta y una con un baloncito de goma; a pie, contando o a paso lento, a lo último por las escalas empinadas que nadie con edad alquila no maltratarse; y si le preguntan se rancha a hablar o se detiene a beber del tarro; lástima que no lo encontré durante la redacción, mas para otros números espero tenerlo o  dejarlo así con estas pinceladas: mono boquiabierto de corte ralo).

 

Aguas Calientes-El Pedregal, agosto de 2025


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La Tinta. Revista de Creación Literaria, «El deporte, un reto al cuerpo y el alma», Tecámac de Felipe Villanueva, México: La Tinta Ediciones, núm. 44, julio-agosto de 2025.


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