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III y XXV

Fragmento de Una pasión discreta (2016), de Terence Davies

III

 

A las hermanas Dickinson

 

A la par de los gritos,

distendida la carne,

soltando la peinilla,

humo de sepelio,

dos mujeres, madres de las velas,

hijas del sigilo, venda de cocuyos,

acompañantes del traje y el alba,

redobles de tambores para una

misa sin párroco.

 

¿Quién, sino ellas,

sulfuro de ojos,

dientes a la lágrima;

quién, sino ellas,

par de hombros ante el vidrio,

cuerpos amasados por un sollozo,

el prolongado por la memoria y las consideraciones;

quién sino ellas,

hijas,

han de sobrevivir la pena,

han de serle testigas?

 

Otra mano puede callarlas,

otro sol acusarlas…

Pero nadie, ninguno,

sabor a rocío y perfumes de baño,

arruga estéril (forzada);

nadie merece callar su ahogo.

 

¿Quién, sino ellas, pueden hacerlo…

aflojar los círculos del nunca,

hundirse al calor de la yacente,

oír los adioses como silbidos?

 

***


XXV

 

cada noche una idea del adiós

tantas noches


___
Albores Caipell, Lima, Perú, Círculo Académico de Innovación Pedagógica en Educación, Lingüística y Literatura, núm. 3, vol. 1, enero de 2022

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