Ir al contenido principal

III y XXV

Fragmento de Una pasión discreta (2016), de Terence Davies

III

 

A las hermanas Dickinson

 

A la par de los gritos,

distendida la carne,

soltando la peinilla,

humo de sepelio,

dos mujeres, madres de las velas,

hijas del sigilo, venda de cocuyos,

acompañantes del traje y el alba,

redobles de tambores para una

misa sin párroco.

 

¿Quién, sino ellas,

sulfuro de ojos,

dientes a la lágrima;

quién, sino ellas,

par de hombros ante el vidrio,

cuerpos amasados por un sollozo,

el prolongado por la memoria y las consideraciones;

quién sino ellas,

hijas,

han de sobrevivir la pena,

han de serle testigas?

 

Otra mano puede callarlas,

otro sol acusarlas…

Pero nadie, ninguno,

sabor a rocío y perfumes de baño,

arruga estéril (forzada);

nadie merece callar su ahogo.

 

¿Quién, sino ellas, pueden hacerlo…

aflojar los círculos del nunca,

hundirse al calor de la yacente,

oír los adioses como silbidos?

 

***


XXV

 

cada noche una idea del adiós

tantas noches


___
Albores Caipell, Lima, Perú, Círculo Académico de Innovación Pedagógica en Educación, Lingüística y Literatura, núm. 3, vol. 1, enero de 2022

Comentarios

Entradas más populares de este blog

«Del Paraíso a la Nakba: 75 años de la resistencia Palestina»

Volante Presentación enmarcada en la iniciativa española "Poesía por Palestina. Versos contra el genocidio" del 20 de enero (enero 21 de 2024).

Colado

A cat standing on it's hind legs , Louis Wain Eran las ocho en punto: saqué la arepa, el quesito, el huevo, el tomate y la cebolla de la nevera y me puse a hacer el desayuno estirándome a ratos, bostezando como si un diablillo apretara el botón de bostezos recién acababa de cerrar uno, y escuché las voces afuera: los niños de la del tercer piso yendo al colegio. — ¡Mami, mami gas! — ¡Gabriel, córrete, no pises eso! — Y se dirige a la amiga de enfrente — . Mana, ¿es del tuyo? — ¿Del tuyo qué? — Pues esto. — No, qué va ser mío mana. Abrí la puerta y era, para el gusto del ayuno y los dolores musculares, un charquito ya estancado de bilis con dos grumos de hojas; la bilis se detuvo terminando la escala y se estancó a lo largo del borde. Por lo menos los pasitos de los niños ni de la regañona le dieron arabesco de suela; pero el artífice de la sopa, el dueño de esos deshechos gástricos, el gatico, maullaba, queriendo entrar a mi casa, bregando a abrir con su tozuda cabezita...

Para que nadie vea

Farmento de la portada de Milagros Sefair El campo está despierto alrededor de ti en el cuadro Najwan Darwish: Elegía de un niño dormido   Sobre los escombros de tu casa, niña, y abrazando un peluche — si es que te enteras que lo abrazas único muelle entre las rocosidades y los edificios maltrechos — estás. Fátima Shbair te fotografió en Beir Hanoun, Gaza, cuando los palestinos reponían sus albergues intervalo de cese al fuego. ¿Es tu hogar, niña, y son esos edificios agujereados y escuálidos los hogares de tus vecinos? Once días de combate para una calma desde la cual divisas como si hubieras aparecido allí la devastación que figuras en tu contra.   Quién sabe si la niña cuando abraza al peluche es al peluche a quien abraza... O quién sabe si es a alguien más: a quien no ha encontrado.   Pero, repito, quién sabe: todavía nos aturden las bombas que, ¡lástima por ellos !, no dieron en el blanco... Y nos aturdirán las ...