Ir al contenido principal

Joro Visla o llorar solo a nos toca

Ernest Descals i Pujol, 2020


Acodados en el vaso lleno de promesas, una pipa santiguada en el bolsillo, dos haikus y una bolsa con libros de segunda chupando sucio, Ramiro acerca un quehacer pendiente, la atronadora sugerencia del fin, y yo le cuento, el habla absorbida por el negror ya no humeante como en prósperas sugerencias, obsequios con servicio incluido:

—Tenía mi edad; llevaba la licenciatura a su término; subía montañas como enseñando aterrizajes; se entretuvo queriendo la pedagogía y el relato cual dos libros que saca de su maleta y los pone abiertos sobre el escritorio, no para dictar, sino para librarlos de la semántica tristona. Aceleró la recta metrópoli, conoció las nitideces de la calle, el árbol podado, la manguera relampagueando lombrices y hormigas en caravana; los alcances de un insulto y la premura de una caricia; el tibio conocerse en la inmediatez del ajetreo, en la noche rosácea que estancó los barros inamovibles, la palma sembrada en un rincón.

»Dos encuentros han logrado transfigurar la imagen en condolencia por lo que debió ser: maestra en jornada matutina, impulsadora de proyectos, directora académica... Y ha pasado, Ramiro, a implantarse, a anegar los recodos, a hacerse carne en mi figuración repetida, a quererla aún consciente de lo que no es, de un pasado sin rastro distinguible. Lo poco se torna en cambios nacientes que no son míos pero fueron parte de la música tocada: un remolino cuyos pasos sigo con mi gateo que borra evidencias.

Levantamos los pocillos y nos tomamos el viento de adormidera con una mirada a las muchachas parecidas: les pedimos similitudes con la deseante: aprontamos una disculpa a los desmoronados rencores del atardecer, a la ligera elipse de las palomas que, muy cansados y todo, vemos repetir, sentimos en la llaga en el respiro que hasta hoy nos ha acompañado y se prolonga con los tanteos de cuántos dio ella mientras pasábamos de largo la salutación a la ausente.

 

El Pedregal, septiembre 15 de 2024


___

Acuarela, "Dulce María Loynaz", Neuquén, Argentina: Editorial Atelier, núm. 9, octubre de 2024.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nanila

Belal Alshugri, 2021 Ha cuidado y la montan como si fuera de ella los niños, esos chillones que la abuela, su dolor, lágrima a cuatro ojos, le dice que no los mime, ni les hable de cerca porque, son así, les terminan debiendo. La vida entregada a quien no es de uno, ni uno de él, esfuerzo que no entra en la familia de sangre cercana, la de en Cristo y la natural es diferente; el problema, si es uno, de los levantadores de hijos que no son suyos: también, con su diferencia, el no acompañamiento seguido, pienso en un beato que no tuvo hijos pero vive, por temporalidad de tres años, con mujeres de uno a dos hijos, no se le han conocido más. Pero regresemos, luego si él se interesa aparece, a la muchacha que come mierda en las Illes Balears: se quedó guerreando la vida —agregamos acá otra raíz: la migración y las nanas, las cuidadoras en sentido lato—, a ver si abre un tercer piso, segundo para la propiedad, una casa y asegurarse algo de la adultez. La llaman dos abuelas, pasemos a esto, q...

Diez poemas

Humareda , Alejandro Zapata Espinosa, Bello, Colombia, 2026 Desvío al agobio   La mullida tristeza el falso accidente concebido las iniciales del perdón la querencia y sus mutismos parcos el hocico y su tijera atascada.   Barbosa, abril 27 de 2025   ***   El apuro ventisca una ráfaga que comprende la edad y la ruta del fruto que aró sobre entregas y pausas las vacantes al regadío de la tripulación hirviendo el laurel contando la mañana y el despojo.   El Pedregal, abril 30 de 2025   ***   El golpe corto en la planicie cara. La sangre que ha de salir fue jugo para el cansancio. Se bebe y el dolor colmado inhibe otra zona el vaso o las glándulas. Y como nadie recoge al herido la calle se acolchona al rostro y solo puede verse cuando recula.   El Pedregal, mayo 4 de 2025   ***   Se adjudica un cálculo entreabierto para decir esta enfermedad me pertenece ...

Salidas la papa

Formación , Alejandro Zapata Espinosa, Cacerí, Colombia, 2026 Les he pedido tres veces lo mismo, a falta de pruebas, como si les deseara instalar un guion, algo de más al reglamento, la sentada una mesa después de las que atienden y sus familiares (el borracho que jura haber traído moto, cuando lo subieron a otra; el bebé que exige su carrito y se despide del paisa (él con el palillo en los dedos y la madre, o la hermana, sonriéndoles, bendito Dios); las cervezas bebidas, hasta ahí; las gaseositas y el cambio contado. Papitas de diecisiete, manzana o uva, y la espera, los jugadores de fútbol (equipo de tres personas), los ciclistas, los trotadores, y la llegada, por la mujer de rosa, de las papitas, el huevo cocido en dos, las papitas sin sal, échele que no sale, las salchichas partidas y el palillo (trae las servilletas, otros palillos), antes preguntó qué salsas: roja y rosada, y dele. Tras cuatro días, cinco desde una vez en abril, ya me entienden apenas llego. Termino y bebo de a p...