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Congregados y asistencias

Martha Galarza Chacón

Los compañeros de Belén en mesa cuadrangular, oyendo al tallerista en el medio posicionarse sobre la Nobel y los míseros autores nacionales, o sobre los que él conoce y, por arte de magia, que solo es arte de tragos y festivos, merecen la pena leer, anotar y difundir en cuanto espacio tengan disponible: el grupo del taller, la disidencia de este, el canal del profesor o en el que junta a veinticuatro desconocidos y mandan, entre otras cosas: lecturas de san Pablo a los gálatas, “Alégrate, estéril, la que no dabas a luz, rompe a gritar de júbilo, la que no tenías dolores de parto, porque serán muchos los hijos de la abandonada; más de los de la que tiene marido”; frases de san Francisco de Asís y de Swami Satchidananda; poemas que solo verán la publicación en estos bodrios; llamadas grupales que nadie responde, y que a veces aparecen justo cuando se está de afán, se quiere abrir una aplicación o anotar en la agenda; cambios de foto de perfil: de una portada de un libro equis a un logo de empresa a un ángel a contraluz a una paloma recibiéndose en una mano; y lo menos oportuno a cualquier aspiración cultural o difusiva: fotos de los miembros, en casa de la administradora, un lugar con muebles y cortinas cafés, mesas de vidrios y cocinas a la moda de hace años, rejuvenecidas, montadas a una baranda con el mar al fondo y las gaviotas dejando una estela de avión, o en pasarela, moviéndose como si no les doliese las articulaciones ni tomaran pastillas todo el día, picando el ojo a un camarógrafo ausente y devolviéndose con un color de pelo que no supo ocultar bien la inteligencia, o sin arrugas, sobándose los cachetes, más grandes de lo que son, sin canas, con crestas, los botones de la camisa, puede ser mujer pero la meten en la animación de hombre, abiertos y las manos alisando el traje. Desde que me ingresaron, con solo darles el número a los reclutadores ellos se encargan de unirlo a uno a cuanto grupo creen, porque los deshacen al primer comentario requisitorio, no he dicho nada ni le acepto la invitación de la dueña a administrar, aunque podría hacer una buena tarea infiltrando contenido subversivo a esos miembros de sectas y anarcocristianos que nunca salen de la casa ocre, de los muros del espejo de agua, del reseñista de libros europeos con una maestría en literatura hispanoamericana, de los helados en la banca del parque con sus nietos agarrando hojas y siendo poetizados por almas que sienten la hoja y el niño, los carros y la esfera, el trapecio y los cánticos, la entusiasta cerrazón del presumido.

Ya quisiera tener su compañía en un taller de lectura patrocinado por los sucesores de Diego; leeríamos la obra completa de Gaitán, justificados por el viaje a Italia, expuesto en el Museo Caribe, de este con Eladio Vélez, y atraeríamos a los opositores de la larga herencia burguesa, achapada e industrial, siguiendo el hilo, a leer a Mella, “Me es imposible vivir solamente comiendo y durmiendo”, e invitaríamos ponentes a que desarticulen el paisaje anquilosado y lo reviertan con acción colectiva, se infiltren en los órganos municipales y lleven la ideología de clase a las papadas que han gustado de vegetar en puestos públicos votando con las cédulas del batallón de su familia y así asegurando su voleíto, repartiendo folletos, suministrando refrigerios, haciendo llamadas, transportando recreacionistas o tomando registros, una administración más. Entonces podríamos decir, brindando una tarde en que lo hecho se divulgue y los camaradas cojan vuelo a su modo, según su pálpito, que hemos andado a la par de los sucesos, porque los generamos, y no permanecimos llenando vasos desechables con escritores que vienen a hablar basados en lo que medio oyen de sus participantes y se suponen corregir dando pinceladas, generalizaciones que a todos, menos a él, aplica. Lejos estamos de convertirnos en partícipes del hundimiento de un cejisjunto; mientras, a preparar las bases, a no perder la comunicación con los de Castilla, esos que son publicados en una sección actualizada, y a contemplar la posibilidad de hacerme con un séquito psicagógico, o formarlo, para cuando se disputen las calles piedras, caminantes, piedras, neumáticos inflamados y arengas en bocas que desconocían el grito. Más o menos así hablarían los lectores del cubano, una vez apartada esa montañera burguesía que denuncia el caleño, botados los manuales de actuación y las revistas de perfumes, el Nobel que nadie tiene presente, no se sabe si por él mismo o por el año de elección, los decálogos que hurga como buscando donantes, los paseos en busca de una crónica que sea digna de exhibir al profesor que ha hecho todo lo posible por desetenderse del encuentro semanal.

 

El Pedregal, octubre de 2024


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delatripa, "Fraternidades del diablo: grupos y talleres literarios", Matamoros, México, año 11, núm. 85, octubre de 2024.

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