| 缙 徐, 2015 |
Dentro del anhelo
La paz está en nosotros (allí, en el primer deseo, en la
acción concebida), difícil de extraer a palabra. El sermón trescientos
cincuenta y siete de san Agustín (predicado en Cartago, mayo del 411), lo
concibe: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos
alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos
las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin
trabajo alguno». ¿Y por qué, cabría preguntarnos, tanto discurso que antecede a
la obra, a la verdad personificada en ayuda, sacrificio o rescate? ¿Por
carencia de fuerza interior? No me es dado ubicar un elemento antes que otro,
la palabra antes que la acción o viceversa, pero el hecho de tenerla a la orden
es ya necesidad de eso visible que tenemos; la idea gestada que introduce.
(¿Es por ello un tomo cuestión de apuros? La forma
desafiándose con los intereses, el mensaje almibarado conforme el bien general;
la ayuda en santos es empujón en la tarea de partir derecho, no enroscarse de
mala manera, presentar un continuum.
Recio maderamen a ser despeñuscado).
La paz, ese «problema que responde a la angustia de
nuestro tiempo», según el monseñor Romero, se ensancha conforme la esparcen: no
es producto perecedero, fragancia para pocos, reino terrenal. Este sí, entre
más se reparte, menos dura, y debe entenderse con tiempos, cosechas, ánimos;
disposiciones cambiantes según el manipulador; en cambio, la paz se acrecienta
con sus moradores: entre más pueblos la emprendan, mayor su fruto.
La paz en
nosotros sea contigo
Para esto, «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a
los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en
vosotros los que poseéis para encender a los demás». Entramos a la esencia del
testimonio: la confidencia al oído de los pueblos que es cántico resurreccional.
Pues se tiene, se enmarca y la difunde su portador desde sí, en las estancias
donde se permite la pregunta, el diálogo, la manifestación de este elemento de
vida (para el caso Arando Letras en México y la 59.ª Jornada Mundial de la Paz).
De allí la bienaventuranza del Sermón del Monte: «Dichosos
los artífices de la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Es asunto
humano y divino, presencia a ser llamada para grandes labores, continuación en
la altura del Señor: brega de sus hijos por anticiparlo, por entregarse a su
mensaje. Encomio a los creyentes, tarea a resolverse entre hermanos: acudir al
prójimo desde las Tablas de la Ley.
Volviendo al monseñor Romero, justo cuando debemos
delimitar esta paz, agregarle acertijos que descubran pasos alterados, visos
que la nieguen «afirmándola», cabe preguntarnos qué es la paz a la luz del
Vaticano II y Medellín, como los nombra el santo: «Dicen ambos documentos que
la paz no es ausencia de guerra. Es una noción muy negativa. No podemos decir
que hay paz, cuando no hay guerra [...] Paz solamente habrá cuando haya
justicia». Es decir, no una paz despótica, basada en los atropellos, la
tranquilidad del lado poderoso a costa de los pobres (hecho anticristiano).
La paz basada en el miedo, gestándose en las tinieblas
para cegar los dones, pertenece a la guerra: se instrumentaliza para fines
oscuros. Esta diferencia entre tinieblas y luz la trata san Agustín: «El hereje
odia la paz, como el enfermo de ojos la luz. ¿Acaso es mala la luz porque el
enfermo no puede soportarla? El enfermo de ojos odia la luz, no obstante que el
ojo fue creado para la luz» y el papa León XIV: «Ahora bien, ver la luz y creer
en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una
exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y
privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de
cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave
poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la
vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita
“basta”, a la paz se le susurra “para siempre”».
Ante esto, la paz como luz ejemplifica el caso de su
producto, su manifiesto.
Temor en
las tinieblas
De este modo, no es luz el dramatismo, el ambiente de
dominio, de fuerza en que sumen los amadores del eterno imprevisible, «como si
les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede
desencadenarse con ímpetu horrible», palabra de san Juan XXIII.
Jesús señala el camino al decir: «Envaina tu espada». Su
paz es desarmada «porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias
históricas, políticas y sociales precisas». Por ende, los cristianos, cuyo
esfuerzo es apegarse al natural de su profeta, deben fundarse en la
misericordia y la paciencia para intimar con Dios, siguiéndolo. Aunque la
búsqueda sea larga, y se normalicen los violentos, y logren lavar los crímenes,
y hagan de la tierra un lugar inhóspito (sea campo de refugiados, entidades
humanitarias, riesgo de hambrunas), al cual no serían capaces de asomarse los
legisladores de la guerra, recordemos el logro agustiniano: «Esfuércense, pues,
por curar los ojos de los enfermos por cualquier medio, de cualquier forma. Se
le cura contra su voluntad; mientras dura la cura, no la quiere; mas, cuando
vea la luz, se deleitará. Imagínate que se enfada; tú no te canses de
insistirle». Por inconcebible que sea, debemos intentarla, darle cabida en los
planes y en los misterios que, como humanos, somos capaces de interceder.
Es por ello que la espiritualidad, y en parte las mismas
fuentes a que nos hemos referido y de las cuales bebemos, manantiales que
desvanecen el desconsuelo, juega el papel de unir las palabras de fe, la piedad
y el brillo junto a la política, a los campos humanos donde la paz es el
requisito.
Palmira, diciembre de 2025
___
Un grito de paz... sobre el color de la guerra. Jornada continua en pro de la paz, tomo II, Guanajuato, México: Arando Letras México Internacional, Jardín de Letras, Uarhí Tzitzi (Mujer Flor), De la Tinta al Cuaderno, La Pluma en el Tintero (Lima, Perú), Arte y Cultura (Chaclacayo, Perú), El Cerrón (El Salvador), MR Artesanal, «Abu» Sala Infantil de Lectura, enero de 2026.
Comentarios
Publicar un comentario