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El lumo

El arramadero, Alejandro Zapata Espinosa, 2024

I

Lo presento

 

Probar la ubicación del sentenciado: en ladera, con el amanecer en una arruga, bregando a caérsele pero untada con sudor de lata: lo ven desde balcones, la viejita que no se puede mover y se aburrió ya, dos años apenas, de la misma esquina en semejantes adobes: alguien por el callejoncito va con una bolsa: es la mujer: ahora puede comentarse, por aproximamiento (la introducción no era para el lector, o si lo es también para que el cuentero se acondicione, pruebe dónde machetear o lanzarse, cogerle el tino al vapor de la olla): su santa madre-hija no sabe lo que otros se enteraron por chismorroneo: que en esas bebetas de cinco días[1], por las que fue sacado a las malas, a golpe de hijo ladrón, y aquí la sugerencia del destino, que a nadie abandona, le dio un beso, lo vieron chupeteándose a la dueña del bar.

 

II

La provicionadera

 

Fue contratado para un acarreo, bajos del Tablazo: el conductor, muy en lo suyo, limpio y feo en su adultez: y el protagonista, de la historia y del barrio, por gritos y amenazas de suicidio (cuando vivía en casa de padre y fumaba de noche sobre el lavadero juró escribir cada una de sus intervenciones en la morada evangélica, donde vivía de arrimada su mujer, y no lo cumpló[2]): él, enano, saludó a los habitantes porque los conoce y le tienen afecto de persona: sacó la cama de enfermo que debíamos quitarle uno de los cabezales: en la espera, función del acarreo, le vieron la piel ruñida, las manos de carguero, la ropa mil veces lavadas y a por otros mil juagones: la sabionda le aconsejó no montarse de a dos bultos de cemento porque una hernia y ahí queda, y le recordó, se hizo el que no sabía, ayer: puso la cabeza entre dos bultos y le pidió al costeño que se la mochara con la pala: y el costeño: «¡Él quiete que se la noche se la mocho?»: los del balcón «¡Sí!»: cogió impulso y le dio a la calle: «Es el diablo que lo cuida»: «No el diablo no lo cuida a uno, es Dios, el diablo tira a matalo»: «No, es el diablo porque usted busca la muerte»: «Eso es Dios»: cuando mencionó los bultos debimos entrar la cama para sacarle los pies y él chiquitico: lo imaginamos todo el día con sus noches articuladas bebiendo cerveza del vaso de las niñas unicornio: quizá en el mueble de la besada: pidiendo volver para entretenerse a caramelo, ahora que su esposo no da queja, y le encima otros gustos que ya probó en el mismo techo.

 

III

Aromes

 

Pues no ha sido el único, ¿quién lo es en cuestiones de ramor?, se cuenta la primera, en los anales del dicho: la veían de la mano, en ese entonces alquilaba una fondita de zinc pintada de azul, el color del arte beodo: mantenían juntas, en semana o los fines: visitaban (¿la habrán hecho ir o se fue a buscar otros cuartos?) el parque y compraban ropa de marca rara, la de los almacenes sin nombre pero con cinco de los cuales uno visita la panadería de la esquina: pasteles con salsa por mordisco: y la vieron, que a veces llevaban a una de los machorongos, tú que giras rueda: le informaron al señor de casa, tendero de juguetes[3]: el santón bobo no parió: le alquilaban uno de los cuartos de casa, ese nicho de la podredumbre, la liberación después de viejos, la barriga alce porque le cuelga y bebe del rancio pandero: duraron lo que el bar azul, luego la retirada a sala: fue desapareciendo y tomó la forma de una salida, ya sola, al parque, a encontrarse con quién: no le han seguido el paso: falta darle a la leyenda, y a eso se dedica el Centro de Divulgación de Alma Abierta.

 

IV

Asimile boletín del Centro

 

Proceso de estómago y no la discursiva entera: le fallaría a los dos punteros que vienen, como en la introduguión : vive entonces en la casa profanada, alegre duende que anida en el barrio, contentos viejorros: no han llegado a los sesenta, si mucho cincuenta, y guardan todísimo el derecho a calvetearse, a robar besos bozudos de boca lavada desde bautismo: que no se besen los esposos no significa ni hay problema en que se babeen cliente y dueña, y menos si se conocen y mañana se saludan la esposa y el esposo víctimas de paralismo: no puede registrarse como incesto, sino la gran familia humana repartiendo, cometería bobada diciendo amor, las reservas del caletero: si trabajan, el uno cargando a los evangelistas por Las Escaleras y la otra en la huecazón del vicio, se pueden, si les da la gana también, y a pesar de los miembros honorarios del Centro de Difamación de Alma Abierta, merendarse los frijoles trasnochados que no se acaban ni deja el cuero aunque absorba como trago el uno y la otra huela, ambos huelen, el polvillo que les bajó setenta años para unas jugadas más: extensión de carrera en equipo autoformado: la hinchada son los sepultureros, mulas, del rancho por las guaduas: arañados en obra negra con ayudante, esperándolo que termine para beber en la cantina del oficial y, apenas atardezca en forma, donde el hérroe suicida: besuquero en busca de contrarios.

 

V

Deglución

 

Alma en pena tomatrago: el especial que guardarán las mujeres para escarmiento de niños, y los niños para levantarse hombres (hogaril en todo caso: de la barriada y con las barrieras): y un cuadro en mármol por la administración donde se acuda al menospreciado y su minúsculo aporte a la carne mundana: y quien lo sigue, del mismo sangrerío: carguero, fumador, enano que dará a otros niños, y a las chimbitas que se levanta y manda a que lo visiten, una fuerza que el otro menosprecio asoleándose sobre tifones: la milenaria prueba del trago[4], hasta que un orden no conversador ni azulejo nos distraiga: pero esto es moral y con ella él no existiría: fuese el compadre de cuatro casas y un negocio y carro-moto: y la cantinera sería doña de una juguetería menor en su cuarto, sin alquiler de besos y de arepa: desgracia del que sí es un santuario: bebé fuera de casa, y cuando es en forma, sendos litros que lo devuelven tambalero a no pedir ni esto, a dormirse guardado en su cobija de siete meses, pronosticándose al mañana como el río, por gusto: y todos contentos en la sufridera, sin oponerse, trabajando para sortear otro fin de semana y chupar agrio degustado.

 

VI

Pedir

 

«Mono hágame un cruce, yo conozco a su papá, él es todo bien»: dice la boca entumida: «¿Usté qué?»: «¡Mono présteme cinco mil pesitos yo se los pago ahora!»: «¿Ahora o nunca?»: «¡No mono usted sabe que yo soy bien, yo soy serio!»: toca invitarlo a un botellón y verlo irse a las cañas: prueba suerte ahorcándose pero Chucho lo salva: y aunque se corte las venas, la navaja no tiene filo o lo curan en el centro de salud del mueble, cauterizado con trago o piquitos.

 

Aguas Calientes, enero de 2026



[1] De las cuales han salido ya dos obras con la presente, que no se le han dicho para mantenerse en la guerra y no pacificarse: de todos modos tampoco le hace falta lo que se brega a sus flancos: así como solo, en la corrida de subiendo, solo busca dónde (un bogotano que hicieron ir) o a cuál de los duros, si los hay, cobrarle un saludito.

[2] Prueba en un cuaderno por trasteos y levantamiento de segundo piso: aburguesar el futuro en la espalda proletaria del celadorote, para el académico figuroso que no dio teorías.

[3] Que lo salvó de amarrarse un abultamiento: la vejez doblado: desbastador de mulas y caliente por adobe del horno, la simple calentura que pasa de la tierra al castillo.

[4] Asimilación empírica de los duraderos: la indigencia que resiste más en pueblo, y se ha trasplantado a ciudad: que produce levantamiento de fincas en empresas-patrones.


El Creacionista, Puebla, México, año VII, N.° 88, febrero de 2026.

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