| Omar Rosa, 2026 |
Sueñito apenas en la ciudad clarera al despojo que es
nada más la pregunta por lo que se fue:
Estudiante de Belén o Balsitas o Damaquiel o
Uveros. Pasan bolsas de agua, las baratas, el invitado mejorador de pequeñeces.
Algunos se acercan, pero entregan rápido y me dejan viéndolos. Calor naranja
por las ventanas sin vidrio. Luego del aula hacia el arenero que abre a San
Juan el análisis de las flotas: minivan. En el parque nos baja y la señora,
copiloto, dice: «Noventa pesitos, en la caja, bájese o seguimos». Ahí, no
avanzo a la fila, pero Lisi en el cajero méteme: es el cuadrado hermético de
los chances. No tengo plata, ni dos mil, para quedar libre, y si me pregunta no
sé en dónde estaba (solo diría que viniendo de Necoclí), aun cuando reconozco a
L en la puerta o al rector calvo. Me pongo en la fila, avanzo mirando el
cajero, y en la pared de vidrio se retuerce la imagen del salón, la minivan yéndose.
***
Pero cobran mucho, dicen las
dueñas embale, cuando es «Líbrame de todo banco» el credo siglo, y al pobre
escolopaminao en su cama hospitalaria rehaciendo la tomadera, estamos para el
oficial que dice Muy bueno la salida a otras tierras junto al cuerpamen
rocinante. Seguro de los pasos, la mente en la pierna que destape lagunas,
charro el pintado que en otro tirito va gastando el quince mal de plata, sin
qué comer y lo importante son los adobes, como se revoca, no ponerse a
mariquear y así ponerse a tirar por metros. Ella iba a la gotera de no acabarse
en los techos del frío andino, entumecimiento de raleas y madre ¿Qué fue eso
que usté montó? Pues nada más en Venezuela, la que es y decide, no pasador al
petróleo de ayuntamiento y discurso ínfimo; solo Ah ya, y se fue saltando las
fases del monte con la despedida para otro miércoles docente, manifestón odioso
del quejado en rancho y riquito en cafetería, no sé qué remuestras hablador,
jeque de reuniones no pagas, vestido rojo azalea para levantarle bilis al
concejal que miró de reojo un cuajo de sangre librado en su inactivismo
entreguista. No se la toman ni en coso pervertido.
***
El final
novelístico para luego, a las dos o antes, refrigerio y adecuación del espacio
por directora, verme entre gentes como hace algún mes toda una semana a punta
de por la mañanitica corrección de audios y por la tarde funciones a las que no
asistía.
Me
tuvieron en el listado porque se les corrieron dos, entonces siempre hay alguno
disponible, solo con diferencia de trabajo que fue del sábado al martes hasta
las once, y ahora mandan correos diciendo que nos esperan las tareas cuando en
la plataforma un anuncio vuelve pronto.
A contar
las pelas que recibe una mascota en diciembre, no ya huir a los tacos,
polvarimenta zurcando cielos griposos o de egreso a la cantina.
Hoy es
además todavía el cierre con los cinco de la primera sesión hace un año en el
tenebro a donde nos llevamos la predilección del viejo cabelludo, invítame a la
lectura en La Huerta pero desmerece al que le estorba la plata, y uno con sus
pesitos de sal imaginada, en bregas por enchapar un baño, levantar un pollo y
tirarle piso a un techambre de zinc pero baratico, pura mano de obra familiar
que no probó el pan reina de La Vega, se demoró la señorita porque no haber
bolsas dónde empacarnos y la dueña de terrenos hipotecados fue a solicitar
urgente a una joven dividiendo servilletas.
Noten al
enfermo vaciado, cálculo de la intromisión para la denuncia a seis meses, quién
sabe lo que harían, y ya el problema es de los que no van a ir, uno que a los
términos los ve lejos de clínica si obvia, ramalazo para el que sufre, en caso
de visita es porque somos cristocéntricos, ventaja la de ustedes al decir no le
digan a nadie, yo soy la primicia y de mí salen los encabezados a los
periódicos vocingleros.
***
«¡Ya sé a
qué venís, ya sé a qué venís!», le reclama el abuelo entre llamas a la hija díscola,
que por lo dicho acudía al mismo infierno a pedirle un pasaje, un perico con
buñuelo en la cafetería que ya no existe, a dañarle la tranquilidad del fuego
acostumbrado, insensible a los afectos de la diablura.
***
Con ropa
de salir, ayudó al oficial que de ayer a hoy levantó otro muro para matar una
humedad: revocó, le echó emulsión acrílica a los hondos de la cocina y la
entrada, llenó unos huecos de adobe y pegó otros para que el agua en las
escalas deforme no peguen para dentro. El sucio se le quitaba raspando con la
uña o dándose palmadas. El lunes o el martes pintan y lo arriendan a quinientos
a los que sí se entienden: una pareja que este año se fueron de la casa
familiar a probar suerte y no han vuelto. Miguel aprobó, la dueña dijo tener otros
adelante, tienta la dueña, y para el quince o el treinta, según cuando deban
pagar en la recolina, se pasan. Ayer, viniendo de La Huerta, dos miaos y unos
vinitos obsequio del abogado-tangólifo y el gestor de la 2ª Feria Navideña, o
de donde lo saquen, leí el letrero de Guatemala, que era Aguacatala, por el desvío,
la corredera de cuello de la «Conversación con un Premio Nobel» (entre
Guillermo Medina y Miguel Ángel Asturias, una lección para la clase de
Literatura y Sociedad, de abrebocas para los de cuarto o sexto semestre, así
limpiarles la corriente que seguirán reproduciendo a gusto de uno que otro bien
leído a temas: la lengua y el escritor; «No hacer literatura. No sustituir las
cosas por palabas [...] El hombre. Sus problemas. Un continente que habla»; lo
popular como abono; el compromiso y la protesta desde la Conquista a estos
abriles: «La lucha por la libertad llevó a nuestro románticos del XIX a una
auténtica conjura literaria»; el origen de una novela que universaliza el
fenómeno continental de orangutanes; la actividad intelectual como breve «paréntesis
de anormal normalidad»; la naturaleza indómita y su influencia en la estética
latinoamericana; la ruralidad, el campesinado y el localismo: fundantes comunicables;
los orígenes indígenas: «principio telúrico» de autenticidad; la unificación
por la palabra: «Dentro de cada país y de cada región hay un movimiento
literario nacional. Pero hay también una especie de tendencia a la unificación,
como muestra el hecho actual de la revalorización de sustratos culturales y características
étnicas comunes»; la economía y su impacto en las formas artísticas; el estilo
conversacional o escribir «por sonido»; y una recomendación: «La primera gran
novela americana después de la llegada de los españoles es la Verdadera historia de los sucesos de la
conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo»). Pensé mandarlo a delatripa, y me dio algo por los
procesos que acaban y los vivos siguen creyéndole al tigre constructo de afán,
como paramnesia, pero volví al texto, lo acerqué a los ojos y me acomodé para
respira profundo, tócate los bolsillos de pantalón-chaqueta y sigue que en esto
viene la estación de empeño.
***
«Poético [panático, pipético,
pospético, pretérito, parático, pompóxtico, pelúrico, parlántico, piñerico,
peñústico, portático, pospártico, pondúrono, plástico, plínico, plóstico,
pórtico, patético, pánchico, petático, pobrético, pasmático, preopérico,
pindárico, palúdico, posdémico, pimpítico, pleonástico, pervérsito, pinchádito,
patánico pelúdito, partérico, prismático, poscrédito, parrándico, palético,
pintúrico, pleonástico, plomérico, presbítero, precrístico, procrístico,
památrico, parríllero, puntérico, plástico, plástima, plástífico, primérizo,
primítico, primítivo, posmítico, pandérico, pachurrático, prístino y piróbico]
saludo, te esperamos esta noche».
Itagüí, diciembre 14 de 2025
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La Tinta. Revista de creación literaria, «El lenguaje del arte: una voz que narra nuestro sentir», Tecámac de Felipe Villanueva, México: La Tinta Ediciones, N.° 46-47, noviembre-diciembre de 2025 y enero-febrero de 2026.
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