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Estelasufre

Erika Kuhn, 2026

Los vieron tempraneados desde la cafetería.

Él con los botellones bajo el brazo, la curva de la espalda trampolín del sereno que se evapora, y ella adelante, casi a una cuadra, los chores alargándole los ancones, un moño de buenos días apaciguador de novios, una altiveza para atraer al desdichado. Y la perseguía como un perro a un muslo, sin regar lo poco que faltaba para embriagarse.

—¡Eh, Estela, chama, pérate!

Y los de la cafetería:

—¡Estelabusca, Estelaencuentra!

El pobre los mira de reojo, el paso largo, lo que pueden sus años de constructor bebido, y se pierde con Estela.

Pasaron tres tintos y con ellos la mujer largotota, ampliada por el sol, inconstante entre los obreros con camisas verdes, las de las uñas uniformadas de rosado, las amas de casa levantadas para preparar otro desayuno. Y Estela de primera, y el hombre detrás, con solo un botellón del cuello, esta vez rojos los cachetes: o lo aruñaron o lo traspasó la calle.

Bebía y se tocaba con las yemas.

No se fijó en los mismos de la cafetería, que se escondieron un poco por el sol, pero sí en los que, esperando el bus o la moto amiga, le piropeaban su caramelo.

—¡Te digo Estela!

Y tiró el botellón, como si fuera su pata de palo: a lo que Estela, viendo el riego, la hidratación al asfalto, lo llamó y le firmó la cara...

 

Fátima, marzo 8 de 2026


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Miniaturas del corazón, Santiago, Chile: Brevilla, Revista Digital de Minificción, abril de 2026.

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