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Extractos de diario (II)

Entre Paréntesis. Revista Artística Cultural, 2026

Palmira, diciembre 18 de 2025

 

«Hola animal» son las buenas noches de Teo. 

Durante la celebración, el prenderse y apagarse las lucecitas en pueblos y cañadas, uno se promete, a fin de año, contemporizar la creación, desgastarse a su modo, en sus términos. La carrera es para que, en alguno de los mañanas, nos sentemos a reparar en lo hecho y decir: «Estuvo mal, la cagué, pero hay muestras del error, sea para que otros lo aprendan o para que esos otros sumen cascajos al despeñadero».

¿En qué se destina la vida? Tomarla, en serio, para el enemigo, y después hacer las paces, recordar el pendiente con un familiar, trastearse y ponga fichas a la ruleta, dele motivos a las caries. Si esto que nos proponemos, tarea de sesión, recorte para embelesarnos, intento por la escritura, sale para algo, ello sería el enlace a nosotros: saber que en el día cada uno tendrá que sentarse a detallar impresiones, salir rápido de la obligación, desarrollar una idea que merece otro espacio, echarle ojo a lo que han adelantado los otros.

Retomando el cansancio, los proyectos agónicos, merecedores de guillotina, una mirada del alma matinal: «El arte, como el hombre y la planta, necesita de aire libre. “La vida viene de la tierra”, como decía Wilson. La vida es circulación, es movimiento, es marea. Lo que dice Mussolini de la política se puede decir de la vida. (Mussolini es [tetestable] como condottiere de la reacción, pero estimable como hombre de ingenio). La vida “no es monólogo”. Es un diálogo, es un coloquio».

Que esto beba de los venenos que circulan la ciudad, y lo hagan procesable. Todo con su necesaria distancia: la presencia en un solo recorte de baldosa, en una mesita con media engaño de viche, la redada a los bullosos. En un costal de plaza un celador recuesta la medianoche, pues cree que es el Niño y que lo mandaron antes, justo con él, un don con sangre seca. Al cambiar le jala las puntas del pantalón, le paga desayuno y lo manda a las cargas que descongestionan y surten los barrios llenos de «Dios te pague».

 

Viernes, diciembre 19 de 2025

 

Chilla el ratón en boca del gato.

Y por más que se entregue a los aspavientos, a la súplica, se afirma en los colmillos: pesar de ayudante, indiferencia de revolvedor, pregunta del especial Diomedes, ya sin novia por falta de visita. Perseguirlos, al uno que se mete bajo la tela destartalada, al otro dejándose, serviría para aumentar el desconsuelo, el retorno a las labores que darán a un pesebre bolsas de arroz, una libra de carne de res, la pipeta y con qué gastar para los alumbrados.

Cuando nos llegue la Nochebuena, y el aire que antes respirábamos sea pelambre en leña, el chillido del ratón se parecerá menos que nuestro pésame, oración al Todopoderoso porque la resurrección es mentira con la navaja en los costillares. Pero morimos y se acaricia el miedo, le damos un confite regalo del tío que probó la muelona, conocedor de aberturas en trocha.

 

Mientras «llegue el acuerdo», y se presente uno de los salvadores, una cara amiga a decirnos «Desembálese», tendremos tiempo de repartir la miseria para darle visos de cumplido. Maquillarla como siento de comedero, aplauso senil al montuno.

Pagar con la otra vida, que existe en tanto la nombramos, el turno yéndose. 

En un poste de tierra fría, muerte al caldo, una paloma, a lo mejor pisada, recae en su cuello y con el vientre hacia los que suben da la bienvenida compradores. Despide un toque de mermelada: por allí se le salió el élan vital, o el yogur para el corrinche. El filo que nos separe de las ceras, de la mesa, de los corredores en estudio, uno que no distinga entre perico o tigre, que deshaga en un suspiro de ballena al caudaloso mamotreto y al libresco hambruno. Torre de disección en la que apretaremos dientes conforme pidan las señoras con gafas aquilatadas un sardino, un hueso que les destape la trombosis y les permita, si el gráfico va en alza, costearse el viaje mortuorio a estación seca.

 

Sábado, diciembre 20 de 2025

 

Entre dos tierras durante el sueño: descampado, umbrales de circo o camerinos. Alguien de viaje tira las maletas, escarba desayuno en las miradas y le responden que ya pasó, viene otro pero no será de él. Luego una hembra, flaca, modelo del Litoral Pacífico, se acuesta en los hombros para probar compostura: la sostienen y elige. Pasamos al compraventa, oeste del parque Itagüí: el viejo ganadero de dos reses y una vaca, encaramado en tubos y bicis para el desguace, nos saluda. Al rato de vernos donde él, arriba, y de que nos cancelaran el ingreso, estamos con los niños y los padres antes del Rosario, entre pailas que arden natilla, tirando globos con agua para que no los cojan, devolviéndolos, estampándolos al descuido. Vuelve la modelo a desmayarse, esta vez sobre pavimento.

Un concejal de estas latitudes, calvo, generoso con los amigos que le aseguran familias enteras para el Partido Conversador, gana padrenuestros regalando bolsas de juguetes. Demás, y aquí el diablo, que se lo regalan los dueños de milenazos gracias a favores que ya no me incumben. Los trajo ayer la madre-problemas, los cargó la niña de aguamasas, y se los llevará la candidata a edil en vereda, porque sería otro punto para su «programa», y con los niños es que entra el inconsciente a los adobes de mercados en la Mayorista.

Las papas al sol, a las zanahorias cortarles lo podrido, la yuca un pedazo, y hay para todos: una Mayoristica se arma en la casa de repartición, donde llega el bulto y el camarero homosexual, vendedor de libros infantiles en tiempo de estudio. Él echa cuentas y se ahorran los pasajes, la cargada, la búsqueda, y solo le tienen que responder con un almuerzo: la carne también la trajo, esta sí de carnicería, aunque no la coman los quisquillosos.

Ahí va el hombre partiéndose el lomo al sol que achicharra a sus hijos. Por la comida otro mes, para la mamá que pronto será visible en cuadro y torta, el abuelo que no se dejó celebrar nada por malagente. Por lo demás tiene un pelo, un mástil en la punta de la nariz que le alisan duendes en sus luchas contra el maligno; no se lo cortan por arisquetas, y yo que hasta creo le sirve de sensor, uno que se encarnizó con su familia.


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Entre Paréntesis. Revista Artística Cultural, Santiago de Chile, N.° 133, enero de 2026.

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