| La Inmaculada Concepción de Cocorná, Alejandro Zapata Espinosa, 2026 |
Paz
de luna
El
maestro Gerardo María, El Poeta de la Edad de Oro, nacido en 1958 y residente
de San Pelayo, Colombia, ha sido galardonado en múltiples ocasiones, siendo la
más reciente el Primer Lugar en el Concurso Mundial de Poesía de Corsa Rica
(2025). También es Embajador de la Rima Jotabé en Colombia, Rima creada por el
poeta español Juan Benito Rodríguez Manzanares (para aprenderla a profundidad,
los remitimos a la página web de Juan Benito, donde sistematiza el desarrollo
de la misma). Tuve el honor de recibirlo en Itagüí, cuya visita deberá pasar
por crónica, y de entablar amistad con el jotabero desde entonces. El lema del
autor, «Es mejor enseñar a los niños a diseñar versos para conquistar amor y no
a manejar las armas que nos causan tanto dolor», va de la mano con el poema a
la paz y al humanismo que sigue, y en esa condición de respeto es posible, así,
mirar a la luna, cantarle.
Fátima, enero de 2026
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Gloria de pericuerpo
Estado líquido o peregrinación por las esferas del iris.
Walter en el narrador se «sorprende» y se «despierta» en el licuado de vías,
percances y goteos del baño al suvenir, del panóptico a las frituras. Da gusto
leerse en la inconmensurabilidad: el hombre es reflejo de los «espejismos» que
lo absorben, a los cuales regala parte de sí para entenderse en ellos: «Gargantas
metálicas que absorben gas metano». Observemos la nivelación, que es la de una
línea raquítica, igual a la de un vaso quebrado, una planta desnuda, el camino
de sangre —de babosa— y los ruidos que fraguaron dolientes e impasibles. Ante
una prosa-derrame como esta, contemplación, prefieren los sentidos, o la parte
activa que involucra misterio y asombro, es preferible renunciar a fases
didácticas: inicia el humano, sigue la cultura hogareña y las relaciones
interioridad-exterioridad, y termina aceptando al henchido cerebro, casa de la
desmesura. Hay más, y es el «desvarío» que retrae de la “solidez” a la «galaxia»:
abre la multiplicación por exceso. Y quisiera uno, porque se inserta en la
transparencia y agrega otro punto al «iris», de fluir por la avenida llena de «palanganas
de plástico» y «tortas fritas»: comer de algún empastado industrial que
confeccione otro candil a los desvíos, una estrechez adhesiva a quien acierta del
laconismo a los golpes de rama: bifurcación, puertas y banderas que se funden
en carbón barroqueño. Tengan para la cantanta, los folios o la sensación en los
viajes una muestra adolescente que se amplía no solo en el lector, estómago que
se agranda, sino también en el mismo veraniego de las propulsiones, en la
tentación de someterse a una prueba igual o más compleja, un escollo que
detenga medio navío.
San Luis,
febrero 25 de 2026
***
Cuento atómico y vertientes
La prosa de Jorge Ortiz, en las brevedades que nos
comparte, afina el asombro desde la sugerencia sentimental y un vistazo a los
cásicos (mirada que son diez, que se intensifican releyendo). Al leerlo, se
observa que no estamos ante un cultor del género desprevenido, que nació de la
musa a la letra, sino ante un teórico de la minificción y sus vertientes en
educativas, teatrales y religiosas (cuarteto con gran potencia de compartir).
De este modo, esperemos que el lector cumpla su papel, de primer orden, para
con los textos presentados, que es su capacidad de asombro, su inserción, «la
sorpresa epifánica de un final, por la curiosidad que desata su final
inconcluso, o por el interés que ha despertado un tema que le resulta
significativo de acuerdo a su saber preexistente». Y aquí tocamos, pasando por
lo epifánico, la actividad lectora-espectadora, el aprendizaje significativo de
Ausbel... Pero deténgamonos. Sean bienvenidos: bien pueda pasen.
Cocorná, marzo
de 2026
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Contacto Literario, año III, N.° 8, Armenia, Colombia: Radio Poesía, abril de 2026.
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