A S.
Siente del mal
salido la comprensión, orzuelo absorto en su turgencia,
caminadora para
niño desgarbado y bacenillas en el alud que no despertó gran tope, solemne
retorcijón
o premura,
lambiscada, antepecho, resina y alacranes, tuteos de piojos engorilados,
respeto de mares sequitos, atuendo de parroquia acobardada
el ayer fue
componiendo el descuido y masticó ya tanto que no saca dulce de la caña y la
panela, del fue o del canon;
el reglamento
del avispero, condiciones para proseguir deforme a los circuitos, enriflarse
las cataratas para maldecir lo gimiente, que hoy no, y las pausadas mazorcas
del desgrane, salud de trabajo regalado, no cobrarse por lo que vale y antes
dar de la calva,
lo mejorcito en
despoblados pimientos, en la gloria rescatada para no fijar más que astucia y
disciplina,
delantero para
ciertos desguinces, almidonado y con buena diestra para pasearse por la obra de
las hermanitas y el trocherío que a todos sucumbe, polvo de naranja destapando
el aura de los panes y la tosecilla del incumplido; al menos esto y no la
despernancada espera, la de bozo y camisón de sepulturero, dando al santo
y al remedo de
santo la bendición para la estufa, las alimentaciones por desnutrido y meñique
doble
como la mitad de
la salvación requerida, o tan solo el pasar de leña aciaga a trampolín de
Salento a José del Pinar, aires para un pulmón recogido, baño de ruda y crema
de tabaco en la disonancia de los órganos, tirolesas para un gracioso que
apenas sufre lo que los decires aumentan, para un tornero dedicado a evadirse
de la pelota chuzada, de la eyección gentilicia de ratas contra bofes y
tornillos.
Por los máximos
era que, en postre, defensivo, pelando la daga a los curtidores, ensañado con
mostrarse a las cadenas
un pleito
curtido y rencoroso, una bestialidad consecuente, dueña del abismo al que vira
cada tanto, como sobándose las peladuras, y del opaco menosprecio a todo
entrometido, a las postraciones de un azulejo o de una ama de casa con la
toalla a la cintura y sin lechero o mazamorrero que atienda las ganas con
dulces de coco, no los vendió pero hay la continuidad, el podrirse en el
empaque y ser vendible metido en una caja, así es la megaproducción del pícaro
blanqueado,
el que reúne y
expande las cualidades atrabiliarias, los elogios a un consuelo sin fin, a la
parte vendedora del alma usurpal,
fantaseo de
industriosos mercanchifles, esposos cebolludos y madres haraganas,
comprometidas con que el yerno sea político o hijo de representante o
caballista o de un concesionario y las ponga a levantarse lo hecho para el
piso, negando así la naturaleza del patrón y, de tanto escondidijo, los otros
se aparenten cambiados a euro y con planes de casa prefabricada y énfasis en
inglés para ponerlos a hablar ante la visita de primos rastrojos insaciables
con tan poca y guardada ración de los acaudalados en la premura de guardar para
sí, tula desfondo, lo ganado por el buena gente,
y por ello lo
aman, o aparentar lavarle con gusto los cagados, porque da a la ascendencia un
timbre,
una ronquera a
mongolo de nacionalidad aparte, auxilio de lo insospechado, malabareo de bluyín
a talla maltratadora, y cierre y ombliguera y dejemos eso a un porte, a quien
merece los tambaleos, el por aquí a ellos les sirve para el desvare, acosados
por la dejada, millón quinientos gastados en la heladera y ni siquiera para sus
abonos sino para maricaditas, oíres y cayendos serviles, despreciados, cosa
mala para juntarse con sus primos y amantelar alcurnia en pastelitos, bombones,
pañuelos y cachuchas de terminal de escape, documentación maltrecha pero
escondida,
el veremos
refocilado en, para la maza y el descontento, gárgaras de alambre en la boca
que sigue hablando en ceros y montoneras.
El Pedregal, julio de 2025
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Sombra del Aire, «Poesía», México, mayo 8 de 2026.
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