| Madrecita, Alejandro Zapata Espinosa, 2026 |
Juanto
mereno
El
tiempo sucede el dolor y la memoria. No es solo una quien apetece alivio, casa
y procura; son las que bajo su pregón viven. La muerte olfatea las camas,
rebusca en los colchones su tabique, pero siempre, a la hora decisiva, escoge a
una.
De
recorrer el tufo se pega en las oraciones, les invade la adoración; crea un
altar en su honra, para desprecio de quienes se guardan su nombre.
Fuera,
en los comerciales de baratillos, en las avenidas, el trancón, el acto sádico,
el goteo de un baño en centro comercial. Esencia de otro mañana. Y las pone a
un lado, de modo que observen lo que en la enfermedad se pierden, en qué mil
variaciones pudieron seguir la rueda nueva: inconclusión.
***
No
la cizaña, pero en lugar de la tierra en idilio (han vivido sin el capacitante)
un poco de futuro. Y si muere una de ellas, la más blanca para desbarajustar la
adherencia, a dónde pasará ese día de bingo.
***
Cuando
una mujer atiende un hotel, y es bella, ha envejecido.
***
Vía
colonial: balcones velando el féretro que es silla de mil espadas. Siéntanse
diputados, fundadores y yarumos: ordenan con un golpe: responde alguien dentro
(ellos encajonados) y cierran en acta. Llueve dentro de los bares, y los que
riegan el trago para ánimas y hormigas, departen sobre el fin, la caballeriza,
los tíos políticos. Tienden una cobija y juegan cartas; pasa una niña y
pregunta a la mano sola cómo se dicen ellos. Pero el descuido de los
trabajadores, con el día libre desde que empiezan, retocan los cabos opacos,
les muelen las prendas y abren espacio; la niña no ve quiénes lo usan. Viene un
colorido y dice a cuántos les cobraron, y da vueltas, y se rasca: perdió el
conteo y regresa para que ellos, ninguno lo sabe, le digan. Esto lo reportará a
un grupo de oración, y él será los dos muertos que imagina comparten caja: se
lleva las salvaciones, y lo aruñan las ánimas a punto de liberarse, y los
demonios ya le conocen la jugada: la utilizan a su favor, para escarmiento y
para no dejarles perder la esperanza: uno que no son ellos sale. Y como sale
vuelve.
También
es la esperanza de los demonios.
Lanzan
una moneda a los pies de un farol: es alguien que no ha nacido: barba corta,
frente de espejo, párpados a medio abrir; concibe de antemano una vigilia que
desgasta: el fin del hombre marcando hitos sobre madera, finalizando con «No
descanses historia mía, paso del mundo»: letras que estancan agua y óxido.
Jura
que la noche apenas empieza, cuando la daban por terminada.
***
Cocorná
huele a cabello lavado, a mujer fresca, a jabón presente.
Sonsón-Argelia-Cocorná, marzo de 2026
***
Posfacio
al embolador descendiente
—¿Adelantando
la ficción? —me reprocha, en una mesa de cafetería o de restaurante, ansioso por
verse en casa o en un taller dónde no escuchar al maestro— Setenta y nueve años
procrastinando y la pelona la vislumbro cerca. —recuento de toda una vida, ¿y
qué sino drama, apetito insaciable que en último bocado un joven lo atrofia y
desea prolongación? Ya pasamos por esto en doscientas treinta y seis páginas, y
sabemos que solo es El Gaviero con mis correcciones, que aquel no incluía; las
páginas de menos; y una borrachera patrocinada, porque no tomas— Al sobrevivir
con esta carga tan pesada y difícil en deshacerme de ella, causó abominables
momentos, dejando sinsabores de ira y tristeza —mayorizados, familia sugerente,
en la convivencia por mantenido, en las hermanas que se apiadan o rehuyen—: la
última década 70-80 es y ha sido deplorable en el sentido de que pudiendo ser
una etapa donde la tranquilidad y la paz interior se hubiese presentado de otra
manera, pero, lamento todo lo ocurrido en ella. —¿Porque fue, Wild, en vez del
arte, de la mentira, el uso logos con
la palabra-conocimiento de las sombras, tú entre ellas y Calarcá, y el
aeropuerto bogotano? Consentimos en que, de tanta negra semanal y en los
talleres que son necesarios en cuanto introducen o avanzan, mas no repitiéndose
en el mismo nivel para nuevos o los mismos estudiantiles que parecen no
servirles el conductismo, ni la caviladera, sino la fuga pensionada, pudiste
responderle mejor a la calificación de Vallejo— Fracaso sobre fracaso,
económico, salud y afectivo fueron constantes y determinantes. Perdí la
libertad, el capital tocó el fondo y la salud, aparte que hubo quebrantos. —El
corazoncito, que latió de mochilero y se recuperaba con medicinas de carrera
farmaceuta, cedió a los golpes, a la tragazón, usted que era fotografía en el
encuentro para cuadrar la que saldrá este año o me preocuparía
verme solo, así con otros compañeros sumadores de obra no jotabina, año y
apariciones adiovisuales, como yo deseaba por archivo en la exposición
influencia documental de la Oberta para grados virtuales y ¿cuándo el taller
con lo mío?— Durante varios años perdí el estar asegurado por EPS, y por
último, las compañeras se alejaron de mí, al verme pobre. —Ellas, las que tanto
valieron, por lo que te has hecho, en mis sospechas de vejez, símbolo fauno del
gustillo, la retacadera, el verse uno con el canario dormido y apelando a la
brusquedad del goce, a uno con la joven experticia, desde temprano inaugurada,
en la bruma del placer, tardos pero vigentes, escogiendo entre las aún no
gustadas, abanico en que uno también es aparato, fuerza buscada u obstinación;
eso además de los negativos, los Bosies que arrastran de la cola al
«pensamiento alto» cuando se eleva, y lo ponen, nada más despreciable, al lado
de los callos hechos en el odio ajeno, en la mentira disfrazada del que tiene
carrera sus prosélitos, quienes hacen leña con lo que significaba la vida en un
intento, el único de siempre, el que buscó su unidad al amparo de la soledad
esgrimida, conjunto en descuido y «Resuelve, hermano-tío, crea más que»,
valija, maleta, códice, «se los bobotamos»; cuando ya es tarde, y ni una
borrachera ni una consentida: menos el demás que sí de los lambones, porque ya
fue dato en la zambriana embriaguez, que solo la alcanza el que quiere, no más
recuerda a la aguardientera Hagalo Espinel, volver a estar embriagado; y «La
vida, la vida maravillosa no puede ser salvada, camina hacia la muerte y cuando
llega la vejez —“cabellos blancos coronan mi cabeza”— ni el deseo ha
desaparecido, ni nada en mi alma ha madurado»— Hace un lustro perdí todo lo
escrito durante cincuenta años y de ahí en adelante fue como una maldición, el
hemisferio de la creación se atrofió, como si hubiera desaparecido, por el
trauma que lo abastece y lo peor, empecé a padecer de migraña y cansancio
mental que se manifestaba con abulia crónica perenne y por eso, el resultado es
fatal.
—¡Ay
don mío! Un cuadro de desidia y con la pelona venteando el fuego. Pero esta
diatriba es ya creación, la vida es creación, el lamento y las patadas de
ahorcado son creación: mirar con rabia la muerte.
Fátima, enero 17 de 2026
***
I
Autor: Alejandro Zapata
Espinosa
Título: «La San Julián»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 4160 × 3120
Año: 2026
II
Autor: Alejandro Zapata
Espinosa
Título: «Madrecita»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 4160 × 3120
Año: 2026
III
Autor: Alejandro Zapata
Espinosa
Título: «La destapada»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 4160 × 3120
Año: 2026
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La Tinta. Revista de creación literaria, «Cuando el silencio pesa: voces, emociones y caminos truncados» (especial aniversario N.° 8), Tecámac de Felipe Villanueva, México: La Tinta Ediciones, año 9, N.° 48, marzo-abril de 2026.
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