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Doble ele

Renan Braz, 2026


A M. A.

 

Por asistencia fue que recobré el nombre del bailarín, el cervatillo, los resortes-piernas del desenvuelto. Le había cogido la maña, por guacharacoso, revolón y avispado, y era verdad, o al menos da indicios de bailarse hasta un zancudo, de recibir los días a salto y encarame. Si no hay dispuestas, y venga dele, muévalo que ese «rocito» se baila así; otra cosa el bullerenge o «La marcha de guerra» (himno). De haberlo llevado a la sesión en el corregimiento a cinco minutos, dos motos una la del «paisa» y otra de monteriano, allí se pondría encima de las informáticas-dos a cardio y certamen. Ay de enseñarle Faz de Chicote (funk), o el Baiana, mejor los dichos, unas sesiones de solos-coreografía, o jornadas institucionales dando cuenta del milagro hecho compostura, insistencia y quiebre.

Para contarle que yo una vez con la bachata mona en territorio enemigo, bus y guayabo, bebidas hidratantes, noche en finca extraña (siesta para «curarnos»), ella dizque no sabía bailar, que le enseñara, y caí diciéndole antes enséñeme usted. Arrejuntos, dos pasos y sube, la mano que no baje más allá de la línea de fuego, los del círculo parando ojo y los de la choza oscura haciendo y deshaciéndose el dueño de hogar, el hijo predilecto que en Medellín consigue para enseñorearse de las pueblerinas de su infancia. Claro, el arrebate y fue que lo pilló mandando a tajada, para eso venía entre tanto a saludar familiares: echarle codo al angelito, mercar poco y degustarle los umbrales.

Obvio quietos no le diría la completa disonancia, más bien el que hoy sábado me entré al billar y fui, por obra y gracias de la dueña, a su rancho. Nos sentamos en familia, bebimos hasta que nos entró la lluvia y me ubicaron, pasando el mover de caderas a los pies entremetidos, y muy lento, acongojados, silentes, meneábamos el equipo a medias: los vigilantes se devolvieron, llamaban a enfrentarse al parque, el festejo revive, y nosotros a compás de velas, abrigos dentro de la cartera, estorbo al calor en las franjas. Le solté la mano para adelantar un pie, y ella se tiró hacia atrás, a lo melodrama ochentero, y le recorrí a deditos del ombligo a la nuca; ahí tarareé a Celia que empezó a sonar, cambiando las revoluciones por segundo de entrega.

 

San Juan de Urabá, noviembre 15 de 2025

 

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Letras en movimiento Vol. II, Cuauhtémoc, México: Editorial La Sangre de las Musas, abril de 2026.


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