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Respuesta a la madrina

Vidal Balielo Jr., 2016

Grabar la escena del cuidado en los bajones, la vuelta a casa sin dónde meterse, desgracia bajo signo de aprobación, y volver el rostro, el cántico de los latidos a su cauce de espíritu, frescor en risco para la franja quemada.

Y por muchos gruñidos, dolores de cabeza entremezclados con renuncia, palidez en la mirada, incapacidad de oponerse, tenerlo ahí, frotando el ansia, pálpito a gusto con su entorno; es ese el ademán, alterable fundamento en que reside amor o insignificancia, límite por el cual los deshechos pesan más que el presente, y aún así no hay forma, y si la hay es postergable, de romper amarras, despedir sumirse fuera del cobijo.

Pero el detalle usurpa nivel de infancia.

Necesaria labor la del rostro cambiándose para el testigo, adelantando gestiones, el aguante en coca, todo a punto de salir, sumando a la ingravidez oficina la mano cálida que permanece, está en su terreno, lo comprueba y lo adecúa sin fin y por lo que dure la tenencia de arrebato: es la tarea por la que crecen los burritos, la ingente peripecia de los madrugados, apretón de agujas, viento congelado en la ventana, iniciales del ministerio y cargo a desempeño, el que borra los temporales por cuadro cerrado, peripecia de microondas, reloj por salida al baño, buenos modales con el alpiste.

Por la cuidadosa moral, van quince, diez años, nadie arma respuesta, y el trabajo dónde, si por ladera o se despide, se indultan los descuidos, pasan de largo y consiguen un nuevo reparo del error, gen deterioro, pues el futuro debe verse templado, con el traje presentable, alguien que saque la cara y dé propuestas de terna, interiorice el común desgano, le de flor al arenal que se repartía.

El gesto es «Cuádrese que lo voy arreglar», y el cansancio por lo que viene, pero es gusto de la hora muerta, en la que se mide cálculo o se alecciona con ministerios la saliva del pontífice, no hay nada y por ello se colma de intentos, se calienta la alfombra para cuando las cornamentas se integren, sea para el alambique oportuno.

Con la premisa, los árboles descansan la humareda, el febrero pasado renuncia a su estorbo recuerdo, la cantina donde pasó el bolinche cierra para aclimatar sus corales a la creciente hispanoitaliana, acentúan sus legajos y se absorbe lo nutricio que tiene por obsequiar la nación en sus veladas que no infringen el pasaje, esto es el negro peinado, el caldo, el bocachico que da color a la muletilla atenuadora del residente en país soberano sin litoral.

Ese tipo de adelantos, que levantan la franja izquierda y norte, es el signo ventajoso que da a la carne compostura, a los dientes cualidad de tiburón y choque de mulo, al cabello rebeldía para sacar mañanas amansándolo, retiro que demorará en salir a debatirse el maíz asado para vientres repelones.

La bagatela, si se extiende, confirma al mundo en su desarrollo por ocasión del aniversario.

Actividad de madre, sazón de novia, ropa con que se calienta el niño de esos, la permanencia en el cuento y la alegría risueña, llegando a los límites de la ciudad con los parecidos, gente de buena adecuación, suavidad por la recta que es entre amigos, sintiéndose uno lejos de la calavera, asegurado de funerarias, ritos oscuros, cachacos contratados, velas alrededor, olor a tinto sobre flores chorreadas, bendito percatarse de la vida y sus manifestaciones, la hartura que abre la charla, normativas o cisnes, interesante con tal de tenernos, aunque hagan negocio los amurados, de todas formas las chivas se mueven, si cogemos un bus otra ciudad nos abre sus puertas, somos los que pasamos inadvertidos y gozamos porque nos tenemos, cansancio de viaje en conjunto, diagonal a los teatros, a los restaurantes, escapando sangre y remoliendo los antiguos en la pera, en el choque al crop top, regalo de cinco mil, presencia mía en los chocolates coloniales, desenvolvimiento de la actualidad palmirense.

 

Aguas Calientes-Palmira, diciembre de 2025


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El Creacionista, Puebla, México, año VII, n.° 87, enero de 2026.

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