| Roberto Schmidtr, 2026 |
«Su pluma disecciona la biopolítica del control y la resistencia desde la periferia de la imagen»: Mirada Parda (2026).
Parte contraria del operativo, entremezclándose en nieve
o salida de tienda ecuatoriana para evadir o confrontarse en dado caso de
aparición (un rifle, los guantes no seriados). Es el enclave, Bosman y Purdy
reportando desde Minneapolis, «de mayoría mexicoestadounidense, en un suburbio
del sureste de las Ciudades Gemelas». Logró la vista del terror ser temida
aunque no esté, sin presencia responsable, hablaremos de ello, del tiroteo.
Dándole balance a la lectura, me recordó a «Los
aparecidos»: la vigilancia desde un estado de supervivencia, el todo-poder,
miedo y persecución que termina en el lastimoso atrapen. Las defensas, no
consideradas, se guardan para otros bandos: los que movieron la cámara (y esto
en lo real: los migrantes, el carro abandonado, el motor caliente y sin nadie).
—No hablaban pero devuelva un minuto —revisan la grabación—: saben que hay
más.
—¡Les dijeron!
—O somos muy evidentes.
—¿Ya sabemos que saben dónde estamos?
—Sabemos, como mucho, que estaban encima y que debemos mermar las raciones.
«Lo que sí es palpable a cada momento, incluso entre los
residentes que tienen estatus legal en el país, es el miedo [...]. Fuera de las
guarderías, hay voluntarios con expresión vigilante y silbatos color naranja al
cuello, listos para dar la alarma cuando haya agentes del ICE a la vista»: que
no los cojan; preferible evitar enfrentarse y ser pasado por baja
antiamericana. Instalaron la zona de perseguidos («“Estoy
con la cabeza mirando en toda dirección”, dijo. “Estoy muy ansioso, por si
llega a pasar algo”»), en la que ellos son
los que deciden, y actúan bajo marcos legales: su accionar es legí-timo, y quién
se opone al accionar de la «ley».
Mataron a Renee Nicole Maklin Good, poeta, y al enfermero
Alex Pretti (informa la nicaragüense Ángel). Gregory Bovino valora la medida:
«Parece una situación en la que un individuo quería causar el máximo daño y
masacrar las fuerzas del orden» (justó él que se rehúsa a que los llamen la Gestapo
de Trump, debido a las consecuencias que afrontan los supuestos comentadores de
su naturalidad lobo-abuela). Cuando, según El Comité, «Esos
videos mostraban que Pretti no tenía nada más que un teléfono en las manos
cuando fue abordado por los agentes de la Patrulla Fronteriza, y que nunca sacó
la pistola que llevaba (y para la que, al parecer, tenía licencia)».
(Sobre los videos: brutales y personas graban desde su
perspectiva, la cámara en la mano o en el pecho, cosa que me llevó a «Black
Bear», con la similitud de un espacio, como dije, de caza; del ambiente
invernal; la persecución; el evento transmitido con ese toque de show de iglesia cristiana televisiva; y
la repetición que difiere por ser varios los acusados; y porque los celulares
son herramienta, ayuda lejana del objetivo de los agentes).
Siguiendo con la mentira, recalquemos la acusación de
Bobino y veamos cómo «El gobierno insta a los estadounidenses a
rechazar las pruebas que perciben con sus ojos y oídos». Temores: uno de ellos
es que lo visible, por ambas partes, será tan manipulable como para presentar
sombras y llamarlas lirios, para luego tenerlas por escombros, y por último lo
que se le escoja el manipulador de las mismas. Un encuentro nietzscheano; la
consolidación de la red social del presidente para todo el país.
En
términos de posverdad (Trumpverdad), ¿cuáles son las implicaciones de que un
imperio, y su empeladrón, tenga un medio único donde no se censure más que lo
extraño? ¿Y cómo se puede medir sus circuitos en las medidas restrictivas? Un
adelanto son los testimonios: «“Estoy muy ansioso, por si llega a pasar algo”;
y «“Siempre estoy pendiente de ellos”, dijo Keefe, quien es pastora de una
pequeña iglesia de Mineápolis. “Es como estar hipervigilante, en alerta máxima,
todo el tiempo”».
Aciertan
los comentaristas en el remedo distópico (The
Chase y sin vista para decirla mas pendiente como La Chute de l'empire américain). Esa es la demencia senil que
afirma Atilio consultando especialistas, sus implicancias en los otros. Y lo
que se juzgue en contra, así como las evidencias, lo que por orden de chasquido
cambia, es contralínea de administración y, por ende, resistencia mermada por
certificado a priori: manejan y tiran
a los agentes, a largor de violencia, incluso contra los nativos (¿a dónde
piensan mandarlos?) y los cinco años con sentencia.
Hasta
el miedo a hablar español (entrega a los sajones, maestro José) en público (y
las ventanas cerradas: nadie-vive-aquí), de Lisette Cando de treinta y uno cuyo
hijo de siete años les pregunta por los padres detenidos o deportados de sus
compañeros de clase, «Ella intenta tranquilizarlo, y también a sí misma. “Yo le
dije que estamos a salvo”»
—¡Pasan; apague la cámara!
—¡La moví...!
—No la habrán visto: vienen sin reflectores.
—Pero ruedan cada vez más cerca...
—¡Y hacia nosotros...!
«Procedo, Control...»
Fátima, enero 26 de 2026
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Mirada Parda, Antioquia-Eje Cafetero, Colombia, marzo 15 de 2026.
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