| Sualtura, Alejandro Zapata Espinosa, 2026 |
Álmena
Los bebés de a galleta para embolatar los mimos: a una
silla de distancia, obligados, sin dónde moverse, otra persona, sus contactos,
la cañería abierta, borrando mensajes de muchachas: el griposo a una cuadra del
restaurante ha de servir papas de huevo cocido y avena a un viejo como él, sin
quién le frite un huevo, la mañana, igual que la tarde, ensayando oficios:
dejas la avenida de trenes en cola, y piensas que allí donde te reciben, por
deber o gusto, es intentable rehacer la vida: aunque no haya fuegos respirando
a la nuca, te adelantas, y así el remordimiento de las segundas veces cobra
forma: la de un tenedor, la de un rechazo.
Costados del tronco sucios (reposa mugre en la pelvis
exteriorizada) y granos espalderos que me doblo y los saco aunque no pueda
volverme. Es un apartamentico y doña María (no me guarda rencor, saludo como si
nos encontráramos) en cama medio ombligo afuera «¿Y M.?», «Durmiendo» en la
habitación de al lado: no la despierto: cierro la cortina. Llega el negro a
quejarse de J. porque sí la dejan salir a fiestas y él solo baretica en la
cancha o salidas a Los Gómez. Doña María dice «Mejor así», y me entero que J.
es como la hija de doña Nora (dos M. en diferentes cuerpos: vigilia-sueño). El
apartamento es un bus, ¿una chiva?, y otro lo choca de frente, por maldad,
entonces vamos en otro bus que entra a Don Matías y le va a dar al pleitero con
ganas, azuzamos brincando y antes de darle (¿es La Verde y esos son los mudos?)
maleta y mochila quedan fuera: tocan el despertador dentro.
Maquinaria en el Tecnológico, como para tirar una
megaobra. El nuevo bloque, siguiente al último, en los compostajes, es un
centro comercial con acceso a los edificios. Aguardo a C. y a L. que compran
mecato: hay unos torniquetes: están tras ellos. Bajamos como el patio de la
María Jesús, segundo (tercer) piso, la rampla, y en el bloque uno (en ascensor)
veo a Y. y a J. A. con los otros compañeros (entre ellos la dramaturga
untándose crema de manos): les queda cerca un teatro y les dan permiso por las
funciones. Pregunta un árabe con guardias dónde se gradúa habibi; los celadores le señalan el primer bloque, y lo siguen en
convertibles, le despejan la llegada. Suben del Pablo Tobón mulas, tanques,
maquinaria amarilla en desfile, donación del susodicho; entro al tanque, palpo
la silletería de inicio a fin, me acuesto en un asiento largo, el medio, y
entran estudiantes rurales (la mona, el del brazo dañado, José) y volteamos el
colegio, la universidad: los bajo, gomosos, a la entrada superior, ya no es de
Altamira ni de las monjas, yéndome solo por el trancón.
Probarse la retrospectiva y la ubicuidad de la tutora en
mi cama-pieza-hotel con apariciones ante las dos muchachas cómo apartarse uno
de lo que toca son tres días conciliándome el calor ya hizo estragos en el
estómago lo recompongo y no soy el que posa con el mural detrás pero este mi
proceso es ya un viaje por algo quise guardar fin de semana en otro sitio lo
abordaré en el ensayo para este número la cosa es entenderme yo para después no
andar con desgarramientos o reclamos que de nada valen sino para agrietarse con
el destino es lo que hay adelanto lo del lunes todo en su proceso los escritos
a la orden de lo que surja pero es verdad que la compañía hace falta y por
ellos me quedé hasta el jueves aunque no había conexión ni debía evidencias
pero verlos tenerlos allí una frase o una pregunta volvernos a encontrar para
sabernos vivos que si en América tenemos un estado de presente sentado más aún
con alguien que reinterprete esa infinitud regalada a la que nos debemos nuestra
entereza para contiguos.
—¡Ey profesor encájate!
Caucasia,
mayo 2 de 2026
***
Del estarse aquí seguido
Elección de un «contexto existencial» para desenvolver
las caminatas pequeñas (duda psicológica y pormenores generales, no vaya a
darse cuenta del trasfondo: responderle al voleo y unas cuartillas que nunca bastan: sacrificio y descontento,
relieve dónde morirse y ella continua): esto no es de siempre, ya quisiera las
salidas, y nadie pregunte por qué ni si remunera o no da nada (los festivales
no son a toda hora; sentarme ocurre cuando he terminado el oficio, la
obligación que debo reportarle a la superiora), solo buscarme en derivas: los mecánicos,
la tienda de repuestos, atendiendo afuera a uno que otro sin espejo, o la
cadena, o la llanta, o echarle una revisadita a ver, de ahí hacia abajo, hasta
el madrugador a la una que hace las tortas-papas-salchichones con jugo de piña
o mora, devolverse hacia la cancha de sóftbol en el humero, y sentarse al
«pensar de meditación» como si dentro de la olla conmigo las tatuadas de
espalda que salen, terminaron sus platos, hacia donde yo venía (repetición de
los caminos y la suma de arrastres que ha contado y faltan por moverse allí donde, si hubiera salido el miércoles —desde
mitad de semana libre— perdería): las tres mujeres del negocio adelantando la
almorzadera, por eso el desayuno de res supo a una de la tarde (a las doce
termina el contrapto de la pensión).
Quería «partir del suelo hacia arriba», sea trabajo de
campo o desocupe, crónica para un multimedio que solo admite en descansos:
debía radicarme, ¿lo cubre el operador?, en la distancia del hogar, ¿cuál es
desde noviembre?, y sus comunes: si desea saberse, no ya como objeto, sino
integrando la balanza, a los propios y el conjunto de la épica (Totó la
Momposina en la dedicación colombiana): lo negativo de la seguridad bajo techo
en menos de un día (aunque extrañe y necesite), puesto que en la secuencia desconocida es posible
interrelacionar pasajes extraños al mago, a la asistente en Las Luces: opción
por la verdad preóntica (?), el desenvolverse en una casucha de madera donde
está la urdimbre de los alimentos, la pregunta del humo que despidió a dos
amanecidos, uno enano y el otro por crecer, barbas-medias, las camisas como que
se pelearon con algún poste, intentando castellanizar los eructos y la
inquietud, pegados a la viga de madera, contando moneditas que no cuadran a la
razón contable, justo enfrente del que terminó de probar los patacones y bebe
su tinto, ahí mismo (no le tocó buscar en otras cuadras: las «facilidades» del
territorio, según el juguetero, o mucho mejor las vidas pactadas por
conseguirse).
En suma, verme en la intimidad
de otra urbe, con su cristalización de talleres de motos, ceras engrasadas,
carbones en una subida, puestos friteros más adentro y a lo largo de la
troncal-uno: para tener referencias,
ubicaciones compartidas con los sindicalizados, el arreglero, la muchacha que pretendía
subir y justo en el primer escalón desciende alguien para entregar la
habitación: y le pregunta, volviéndose a guardar la llave, sin nada más que la
duda antes de subir al trapeo, en qué trabaja (porque le preguntaron y no supo decir: lo mismo en el rancho, más-lejos,
ya se informaron para responder
iguales), y los dos ubicaron, por llenar más ese diálogo, montarle bulto para
próximos encuentros, los taxis que van para El Bagre y Zaragoza después del
puente: es eso: referencias compartidas: hasta hacer de la ciudad una-casa, en
lo que tenga que diferente para quien la abandonó y regresa porque algo ha cambiado: el acercamiento
(bendecido el Señor en sugerencia) que lee olimpiadas, un ente que transporta
sin prestarle oído a los pitos, sobreentenderse con lo llamado «pueblo» por uno
que entendería, si estar con él, excursiones en camioneta, ningún convivir de sol abriendo el cansancio,
partiéndolo con machete para beber de él lo que tenemos de sus hijos: un intercambio que suele quedarse (ya quisiera me
alargaran el viaje: transversal el optimismo de industria) o mediatizar en obra
(que no fin) ese espacio del
encuentro posibilita que el suelo dicte
hacia arriba sus ilusiones, el sentir hecho cotidiano y el amarre suelo-símbolo
(totalidad) que brinde a nuevos y antiguos el parque dónde reencontrarse, dar
de lo suyo a la supervivencia de lo que ayudó a vivir: agregarle al rancho una
baldosa, un ventilador, una cría de gallinas, para que no se caiga ni él, ni
los que vienen.
Caucasia-El
Bagre, mayo de 2026
***
I
Autor:
Alejandro Zapata Espinosa
Título:
«En obra»
Técnica:
fotografía digital
Medidas:
4000 × 3000
Año:
2026
II
Autor:
Alejandro Zapata Espinosa
Título:
«Bagrentero»
Técnica:
fotografía digital
Medidas:
4000 × 3000
Año:
2026
III
Autor:
Alejandro Zapata Espinosa
Título:
«Sualtura»
Técnica:
fotografía digital
Medidas:
4000 × 3000
Año:
2026
___
La Tinta.
Revista de Creación Literaria, «La voz
de los pueblos: intervención, memorias, resistencia y esperanza», Tecámac de
Felipe Villanueva, México: La Tinta Ediciones, año 9, N.° 49, mayo-junio de
2026.
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