«De los escombros...», «El sol del Bagre...» y «Evade la rana...» comentados por Antonio Rodríguez Bazaga
| Iguanido, Alejandro Zapata Espinosa, 2026 |
Semblanza
Alejandro
Zapata Espinosa (Itagüí, Colombia, 2002) es un joven y riguroso exponente de la
nueva generación de investigadores y creadores hispanoamericanos. Licenciado en
Literatura y Lengua Castellana por el Tecnológico de Antioquia y maestrando en
Educación por la Universidad Santiago de Cali, su vida gira en torno al estudio
y la dinamización de la palabra. Actualmente aporta su criterio estético como
miembro del Comité Editorial de Contacto Literario en
Armenia (Colombia), y su voz fue seleccionada mediante convocatoria por la
prestigiosa revista Prometeo para participar en el 36.º Festival
Internacional de Poesía de Medellín (FIPMed).
Su encuentro con el haiku, inicialmente difuso, adquirió
constancia definitiva a través de la comunidad La senda del haiku, un
espacio donde el ejercicio colectivo agilizó su escritura y le permitió comprender
el género en todas sus ramificaciones. Para Zapata Espinosa, la brevedad de los
diecisiete versos constituye una herramienta de autoconocimiento y comunión con
el entorno, una vía para fundirse en el reino vegetal y americano. Sus
composiciones, arraigadas a la geografía colombiana, funcionan como una «espera
creadora» capaz de captar la resistencia de la flora urbana, el rigor del clima
tropical y el instinto de supervivencia de la fauna local.
Haikus
La
propuesta de Alejandro Zapata Espinosa destaca por una mirada naturalista,
atenta al detalle y con un fuerte arraigo al paisaje y la fauna de su país. Sus
textos se configuran como postales vivas donde late la lucha por la existencia
y la adaptación biológica.
De los
escombros
el
arbusto en la cera
crece
baldío.
Este
haiku es un magnífico ejemplo de lo que tradicionalmente se conoce como la
resistencia de la naturaleza en entornos urbanos. El punto de partida es la
hostilidad, «los
escombros». Sin
embargo, en medio de la acera (escrita «cera» por uso dialectal o licencia
métrica), brota la vida silvestre. El término «baldío» dota
al arbusto de una condición de libertad; crece sin el cuidado ni el permiso del
ser humano. Es una estampa de resiliencia botánica que dialoga de forma
excelente con el entorno contemporáneo.
El sol
del Bagre
entra
por la ventana
la
lagartija.
En
esta pieza, el kigo o marca de
localización y temporalidad es de una riqueza extraordinaria, vinculada a la
geografía tropical colombiana, «El sol
del Bagre»
(aludiendo al municipio de El Bagre en Antioquia, conocido por su clima
ardiente). El haiku funciona como un plano cinematográfico de dos tiempos.
Primero, la luz intensa que invade el espacio doméstico («entra por la ventana») y, de inmediato, el corte (kireji) que nos revela al habitante silencioso
que busca ese calor, «la lagartija». Es un instante atrapado con
maestría pictórica.
Evade
la rana
los
sumos picotazos
que la
descubren.
El
tríptico de Zapata Espinosa concluye con un haiku de un gran dinamismo animal,
centrado en el instinto de supervivencia de la fauna ribereña. Rompiendo la habitual
quietud contemplativa del género, el autor introduce una escena de tensión y peligro
en el micro ecosistema. La rana lucha por su vida, «evadiendo» el ataque aéreo e invisible
de un ave cazadora sugerida a través de «los
sumos picotazos». El
último verso aporta un cierre de gran suspense, la visibilidad es sinónimo de
peligro. Una pieza muy lograda que reduce a diecisiete sílabas el drama
atemporal de la cadena alimenticia en la naturaleza.
Índice y el porqué de estos autores en esta antología
Alejandro
Zapata Espinosa aporta a esta cartografía lírica una de las voces más
vigorosas, lúcidas y necesarias de la nueva creación colombiana. Su perfil
equilibra con perfección el impulso de la juventud, una sólida solvencia
académica en Literatura y una militancia activa en el circuito poético. Lejos
de la imitación minimalista, el autor expande el haiku como una savia nutricia
y salvaje idónea para adentrarse en la exuberancia del paisaje americano. Sus
textos son fogonazos de precisión quirúrgica que atrapan la pulsión animal,
vegetal y la terca resistencia de la vida en los entornos más hostiles.
Antonio
Rodríguez Bazaga
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Cada palabra cuenta. Territorio compartido, Córdoba, España: Antonio Rodríguez Bazaga, junio de 2026.
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