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En alto, Alejandro Zapata Espinosa, 2026

Exminero en ocho, decisión antes de arrancar el bus (paramos a uno en mi siete en la ventana; detrás una morena, en Valdivia, llenaría una bolsa de empanada con arroz de los Llanos, y eso que guardó el buñuelo, aunque después diga que fue la lentitud del bus, las curvas, el ayudante): dice «¡Todo eso fue trabajado!», y el trabajo es revolcar la tierra, ponerla patas-arriba, minearla, dejarla en cascote, pedregal: ahora es potrero: ranchos por la carretera (una mujer, bajando el filo, amamanta a su hijo enfrente de la casa en volado, en una silla plástica, tapándole el sol con el espaldar, viendo la cascadita que les departe; otro, perro, luego de Yarumal, corre con los tractomulas): estuvo en de Nechí para adentro, en las minas de hace cuarenta años (setenta y dos y los hijos le tienen que decir «Aplácate», los brazos ya no aguantan motosierra ni irse a Tolima): tiene sobrinos en Chigorodó, otro en Arboletes, pero no ha ido a Urabá: tampoco se mete a fincas de café, aunque lo convida una enfermera (imaginé posesión): y vuelve al pueblo (nos veremos en Caucasia el fin de semana: me pidió el número: tiene familia —recordó la jericoana a la madre de Joselito—): resultamos conocidos por un evento de Girasoles, Nueva Jerusalén (noviembre de 2020): preguntó qué animaba a las muchachas, me imaginé dos compañeras flaquitas con ellos de agitadoras o PH: solidaridad le dije, y faltó preguntarle si también les mandó sus buenos piedrazos (bajémosle al tema porque a don Terrible lo ofuscan las apelaciones directas a la política, y en parte le doy la razón —más si vamos a pie por sendas iguales—, porque se milita pero se guardan momentos, y que la obra, metafísica o al gusto de los compañeros, se circunscriba luego de haber ficcionado: eso significa que luego de la lectura en La Chispa, las siguientes en julio, ojalá den todos los horarios, como no han dado desde el trece, serán «normales» o de generalidad gustosa): las hijas lo llamaban cada tanto a preguntarle dónde iba y por qué no se acerca el celular, que no lo oyen: va a ocuparse del negocio de repuestos como último cargo: está como el rector que a los setenta se rejubila, que no lo hace ahora porque un viajecito, el estudio de otro, y de todas formas si se va descuadra el plantel, y ahí nadie le pone problema: en todo caso lo apoyo: entiende cómo trabajan los obreros graduados: un conocedor de interiores fincas (leyendo un volante que guardé en el cuaderno de planeación-chicharrones-ideas, cuando estaba por Rionegro, vi que también se rezan fincas, y que el muy amable no cobra porque «sabe») en Caucasia: le aceptaría gustoso, nos debimos ver, un paisaje fuera de la principal y el desayunadero en el motorratón, o las arepas sobre un altar público, tirándole ceniza a los viandantes camisas blancas: tocome en Rocala, favorable según el naturalista de dieciocho años quemándose, negador de sombrilla, para que sobren viáticos, porque si no sobran la cosa se pone difícil, y nadie quiere eso, él me entiende: estoy mencionando señores ilustres, caballeros de capa alzada, todos unos señores de renombre y consideración, saludados por las máximas autoridades del departamento, unos diamantes en bruto, oro parlante: en Rocala aguanto el fogaje (¿a esto se refería la señora de celular en la punta de los senos?, en el parador de Llanos, buscando la «preñá» cuyo esposo pedía en los buses: les robaron mercancía de manillas y audífonos): el señor de al lado, ¿la doscientos seis?, tiene un enredo de chécheres, ropa y cajones dentro: todos abrimos las puertas y las ventanas, cuando solo dejábamos las ventanas, para agregarle un orificio al cuerpo cerrado en plena tarde: desde la mañana que salí, ocho, estaba en la silla de recepción, hinchoso y tetón —el ombligo como pelota—, hablando con la señora de turno, viendo el celular y apagándolo, quitándose la cachucha para verla por dentro: cómo serán los oficiales tirando plancha a esta temperatura, o los trabajos a sol lleno: a esta hora Ñaluz llevaría tres baños, preparándose para el cuarto: ¿y cómo estará la del salmo noventa y uno, a quien espero regalarle una versión plastificada —entiéndase católica— del susurro que le abrió el semblante «en una noche oscura», con la leyenda: «Para el centro en la tierra, anuncio de Dios, usted y sus hombres, uno más»: en cuanto me vaya tendrá para recordarme ese pedacito que en mí es otro más lejos, en su cuadrado de atenciones, igual de comprometida y sobante, enmascarada pero fiel al Evangelio.

 

Caucasia, abril 19 de 2026


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Academia Argentina de Literatura Moderna (AALM), «Día del Escritor», Resistencia, Argentina, junio 13 de 2026.

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