| Anna, 2026 |
Preambulo
Carta sobre la mesa de fines de semana, oficinita para el
reclutado con inicios de relaciones —las que deciden entre una carrera y el
conocimiento cuando ya todo se asienta y se debe—. Pues bien muy señor mío
Corio, entrémosle a las fundadoras con unos asentamientos, que pensaba copiar
una misiva del 2022, el caso es que no la encontré, pero sí ahora, antes de
sentarme, una escrita por otra persona a la que mencionaba: no iba más lejos
del asunto, quizá iba dirigida a los controladores del agua de la vereda, o
para trámites de la pensión, el caso es que en estos tiempos una hoja escrita a
mano —los sudokus pasan a basura una vez mueren las abuelitas; debiera guardarse
los cuadernos de los estudiantes desde preescolar a bachillerato, o las
profesoras memoria en una bitácora con los trabajos realizados, y así dejar
registro (¿por qué siempre la idea bibliotecaria, museística, anexada de lo
fugaz?) de un estudiante suramericano: pienso en los de Argelia entre Sonsón y
Nariño, o en la mera escuela como referencia—. Y no botar esos cuadernos,
ejercicios y arranques: todos han de entender, por muy lejanos que sean, lo que
dejó uno de los conocidos en un sistema o en la mañana de cualquier febrero.
Esto es motivo para adentrarme, no ya de la carta
perdida, en algo que podría a quien interese, y no habiendo nadie más a quién
uno desamarrar la prosa —Guilermo se puso de centroderecha en estas elecciones,
y eso que era precursor del Gran Timonel en las carreteras (mythos en el relato de ciencia ficción a
las malas para términos de marzo), Lius manda invitaciones de grupos de
mensajería como si no tuviera remiendos que hacer para justificar el pago
aprobado sin aparato crítico, y Remiro se está convirtiendo en el mayor
haikuvero de Antioquia (cincuenta por día)— en Corio, el farsante disponible un
domingo a las doce de la noche para recogerlo a uno en cualquier garito o
cocina. A él se puede acudir en el momento del vómito, en las capacitaciones
donde uno guarda su nombre de lo prohibido que se ha hecho, en el camino largo
con maleta a la espalda:
—Acompáñame, tu señor mío.
—Diga a ver, cuente.
—Hace dos días forzaba una clase de dos horas a las
malas: empecé muy activo, que con dos temas ingleses, y luego resumimos la
anterior a esa: nadie participó; hasta uno, después de la canción, dijo que no
le había quitado el sueño. Experimenté la clase de relleno. Se me presentaron
los docentes universitarios en cuyo contrato no se establecía: «Evitarás
hacerlos sentir que pierden; en tal caso, innova y mándales trabajo en casa: no
te expongas o te leerán igual en los semestres, y un profesor aburrido es
incurable: se graba peor que un insulto de suegra».
—¡Cómo así!
—Pero no tenía de otra: quedé comprometido desde el mes
pasado y, además, ya terminaba proceso. Al despertar me contradije, me regañé
por lambón, pero ¿quién no se retracta al despertarse? Solo que los tenía como
objetivo, no es más. Vuelva a donde quiera; yo terminé poniendo a uno a crear la
página, tocó cambiarlo por otro más vivo, y a cuarenta minutos de acabar —esto
es: mil horas del fin— preguntó hasta cuándo íbamos, y otros que si
terminábamos antes porque tenía cosas importantes que hacer —los muy groseros,
los jóvenes para el alba de trabajitos, la universalización del bachillerato:
su desvelo accidental—, y yo les digo para calmarlos que en los seminarios
tendrán más tiempo porque contarán las noches, y ellos seguros, estirándose
como esa vez que una profesora, en el colegio que duré menos de dos meses, me
señaló por falta de respeto, que es verdad. Cuando uno aburre, no darse cuenta
es un alivio.
—Igual supiste que el duro, en diciembre, no respondió en
espera de que te boletearan, y la compañera de este año te salvó por mensaje
privado. Y comentó la respuesta de aquel, y lo viste con otros ojos, cuando él
andaba en otras cosas de sus cuatro empleos.
—No cuentes eso; lo que yo no diga, guárdatelo.
—¿Para un medio más lejano de la nube?
—Desde que podamos alegar desde la ficción...
Duda
suelta
¿Una carta en la que interviene el destinatario? La
estamos haciendo. No para escudarnos, pues quien va como ratón se convierte en
trampa, sino para entendernos como nos guste. Es esto, Corio: si lo necesito,
como usted me necesita, menguados en noche de domingo, cuando el sábado hubo
trabajo, con tecleos a la espalda —tres ensayos y medio—, violines de música
popular afuera y tres voces en la mesa con aromáticas en leche; nos precisamos:
«no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme».
En todo caso pensaba traer al profesor de microensayos, y
dedicarle las notas a Valéry, mi lectura de Notas
sobre la poesía de Gorostiza: los párrafos irán formando las tres páginas del
texto programático anexo la creación que se leerá en abril: un estudio que
refuten o agreguen los editores, los talleristas y los compañeros.
—¿Y su madre?
—En San Jerónimo; en esto pregunta si me pagan.
—Como quien ya sabemos...
—... y ya le he dicho.
Señor
parqueadero
Conecto lo del resguardo de las obras de secundaria a una
actividad de décimo u once, con la profesora V., sobre la epístola. La hoja
debe haberse perdido luego de calificarme (innúmeras informaciones repetidas
por periodo); en todo caso no la devolvió, y tampoco merecía recuerdo.
Escribila en una hoja normal: como en esto, Corio, tampoco le di a leer a nadie
más lo dicho: me dirigía a un señor arrugado prematuro, cuidador de parqueadero
en la antigua plaza, ahora centro comercial; por el caminito hacia el parque, en
medio de dos panaderías cachés. Yendo y viniendo del colegio lo veía: manos en
la espalda, frente asomándose un poco, los pelos erizados y secos, y un tinto
en la ventana de la caseta. Me parece haberle dicho que no me conocía ni yo a
él, pero que si en algo pudiéramos hablar es eso que allí dije: por ese
entonces ¿qué leía? Y así como no me la devolvió, tampoco me parece haber
tenido más que la nota: ni un comentario; si la leyó alguien, menos que resaltó
nada. Quería devolverme a ese tiempo: algo iniciaba en escribirle carticas a
unos cuantos, porque sí, como la que espera y no lo sabe el gestor del evento
simultáneo desde Getafe-Madrid, sobre los niveles de crítica que percibe, a lo
largo qué significan, en dónde se lucen.
Correvisión
Mencionar primero que se busca, en las políticas
lingüísticas dado el caso de que existan en los industriales, las coideas,
prefijo en
codiseñotallerintegralidadescriturapermanenciacuidadoesperanzalujotintosimpresorasrelacionesdescuidos
menos codinero. Echémosle ojo a lo siguiente, enviado en El Carmen el dieciocho
de marzo del año en curso: «Respetado: bienvenida la recopilación de los poemas
partícipes del evento. Es de resaltar que estos se plasman en conjunto, de la
mano con la propuesta al inicio del libro: “Este vasto novo mundo
virtual proporcionou a chance de se concretizar muitos sonhos e anseios de
seres que vivem para as artes em todas as áreas e assim produzirem verdadeiras
obras primas verdadeiras psicografias de suas almas e viviam a margem de seus
pares no mercado artístico e cultural”. Por si fuera poco, además del texto en su idioma original, comparten la
traducción en língua portuguesa.
Debido a esto puedo decir en mis semblanzas que he sido traducido, y nada más y
nada menos que por la Academia Mundial de Cultura e
Literatura. Comparto la publicación en Archivo Cantera, con el preámbulo de J.
S. B.; si bien el mensaje es el mismo escrito a los participantes, deseaba
anexarlo. No siendo más, le
desea una feliz semana...»
—Envíela.
—Ya la mandé. No la ha leído.
—Póngale un punto, o diga «Hola».
—Después del texto, ¿eso tan simple?
—Fue usted quien se atrevió, así como son todos los que
escriben carta de primerísima entrega, unos atrevidos. Acuérdese del compañero
al que nunca le habían respondido cartas; y se desligaron, y ahí quedó la cosa.
—Pero no crea, más de uno espera una hoja.
—Hágale, usted tiene pensado mandarle a la especialista
en terapia, el artículo en titulado en exclamación.
—Más tarde, luego de que se vayan del todo las visitantes;
a los días del almuerzo con el Terrible. En otro tiempo, con menos sofoco. Una
vez terminada la pregunta de qué sigue de abril: San Vicente del Caguán o la
fase dos en el Oriente.
Aguas
Calientes-Fátima, marzo de 2026
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Sarabatana, Montreal, Canadá, año 3, núm. 9, junio de 2025.
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