Darle al inicio un gesto de cicatriz, o las memorias de
una batalla, así sea de cantina, mujer amable, un sitio donde se pasó y se fue
el recuerdo por mera vista. De ahí, el relato cobra sentido, porque obtuvo la
gota de deseo para oponerse a la distancia, aunque la hubo, y prever otra
venida, un diálogo en que se entrecrucen pierna y vestido. ¿Por qué no alargar,
si dos (nación, repertorio) traspasan el modelo de saludo y fin, y acercan aún
más lo prohibido, es decir el plan en ascuas? Con una sola prueba ya es
definible tentación, historia y recurso. Pero falta, hay tiempo desde que no se
nombre y tome a uno de los dos por destino, ese contacto que amilane, defina la
situación del esclavo, el porvenir trópico. Gaita, capibara, mesa de hierro,
equipo y la sola presencia, una, bastó para el contacto: es la rama que se
intensifica una vez toma al distraído, a los que la tarde aplana y descubre
para el encuentro, que sucede allí, en labor y gira pequeña, casi niños, las
plantas de los pies sin dónde rozarse. Y tomaron la vista, y la acaparan. A la
busca del contento. La senda en compañía del rocío, vueltones (o quietud en la
pregunta por la alcoba; el desgano que perfila las mesas y normaliza a los
clientes en botella, sombrero, caucho) quee terminen de ubicar hacia dónde lo
sacro recibe, y qué debe llevársele, a cuál de los dos se entrega. Porque
abominan, seguros, de la vera acobardada, y cuentan la eternidad desde el
asiento trasero, la necesidad de recabarse en el subterfugio, el desplome de
los marcos ficticios, y la cobardía a leguas del hecho, ya en su molde.
Aguas
Calientes, junio 16 de 2026
___
Voces Literarias en la Red, III aniversario,
Bogotá, Colombia, junio de 2026.
Comentarios
Publicar un comentario