Ir al contenido principal

De obscuro

El comienzo de una sonrisa, Paul Klee, 1940

¿Gusta devolver a sus lectores páginas enteras —al prólogo desde el epílogo—, o a oyentes con un argot propio de su actividad cognoscitiva? ¿Ríe al ver la faz de sus alumnos tratando de cortar la tela con que los viste, reviste y contraviste? ¿Pasa sus noches de fin de semana leyendo autores que no entiende para traducirlos a unas palabras que menos razona? ¿Frecuenta amistades cuyos temas son de jurisconsultos, economistas, teólogos, pedagogos sin una clase de experiencia? Si ese es usted, confluya junto al pregón. Sea afluente de él. Escúcheme.

Si padece insomnio, alopecia, estreñimiento y migraña por contagiárselas a otros, con un lenguaje para los de su especialidad (vaya uno a saber cuál), para su círculo (si no cuadrado), entonces los talleres, grupos, centros y semilleros en pro de la sencillez escrita y hablada son sus enemigos (refractarios), así como las preguntas —que le alimentan el ego— de sus interlocutores, los «¿Ah?» de quien se tope con usted, la risa (pronto llanto) de quien responde contundentemente «Ninguna» a la pregunta: «¿Dudas?»

La monserga, el laberinto, el lenguajeo en que se pierde y pierde a los demás, en el que cree encontrar la salida una vez por todas ante cada comienzo, cada que las cuerdas vocales moldean el aire en sonido o garrapatea letras en hojas, es su mejor herramienta. A mayor obscuridad, mayo placer. A mayor críptica, mayor gozo. A mayor desbarajuste, mayor oda. Usted es Juan de Mairena dictándole a Pérez: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa», con la diferencia de no solicitarle que lo pase a lenguaje poético —sencillo.

Usted antepone su sabiduría (¿podemos llamarlo sabihondo? Dispense la h: es muda) a la vulgaridad de muchos; sus decretos, ordenanzas, sentencias, fallos, proclamas, promulgaciones y memoriales, son el paro cardiaco de un estudiante de abogacía, o, peor, ya que no la salva un mínimo acercamiento al tema, de una señora embargada o de un juzgado analfabeto. Y, aunque no lo creamos, todo está hecho para «nosotros», para el pueblo, para la democracia y la participación cívica: antaño, no sé por qué ni cómo, usted leyó Los 14 síntomas del fascismo eterno —justamente el síntoma catorce—, y se ofrendó a la defensa social, a la lucha contra las dictaduras, y decidió, al revés de la infantil sintaxis e intrascendente léxico fascista, enmarañar el discurso, las arengas, estimando que la complejidad era democrática, que combatía el totalitarismo con el «gigantismo expresivo, el argot técnico y la jerga especializada».

Vaya uno a creerle esa mentira… Podemos ser muchos los que caemos en su trampa —a la que usted mismo, probándola, cayó también—, sin necesidad específica de ser presidentes, senadores o concejales: usted, prescindiendo de las clases, de las fachas y los olores, a todos nos hace ver cojos (cual Quevedo a Isabel de Borbón), aunque no lo seamos.

Usted rechaza lo trivial y común. Usted entiende por sencillo y casual, maraña y caos. Usted, siguiendo la costumbre de Eugenio d’Ors, le preguntaría a su secretaria, después de pasar un artículo en limpio, si está claro, y si ella le responde «Sí», o «Lo entendí perfectamente, don Eugenio» (son muchas las versiones de la leyenda), exclamaría: «En ese caso, oscurezcámoslo»; «Entonces vamos a oscurecerlo un poco». Lástima que usted no tenga secretaria para martirizar —¡qué cara pondría aquella mujer (¿la de los alumnos suyos?)! A lo último decirle «No» la haría pasar por docta y entendida en los temas de Eugenio; en sus temas…

Esa «hojarasca verbal», ese muro infranqueable de la no comunicación, es un monólogo de primer orden. Ante los amigos y los familiares, en verdad solo se tiene usted frente a usted, hablándose y preguntándose porqué se dijo esto y aquello, con más palabras, sin duda. Y en el lapso que pregunta al «interlocutor»: «¿O vos qué opinás?», ya se está respondiendo usted mismo: «Yo opino, deductivamente…», y el otro apenas abría la boca, apenas se acordaba de que estaba hablando (?) con alguien.

Usted es una de las «diversas acuñaciones cerebrales» del microrrelato de Benedetti (Lingüistas), uno de tantos aullidos clamando a no se sabe quién, pero clamando porque eso hacen todos sus iguales. Y la criptógrafa sonríe con una voz murmurada, simple y afable, que usted, si llega a entonar, ay, se va a sentir aturdido, fuera sí, con cara de «¿Ah?», desprovisto de sus fárragos.


___

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nanila

Belal Alshugri, 2021 Ha cuidado y la montan como si fuera de ella los niños, esos chillones que la abuela, su dolor, lágrima a cuatro ojos, le dice que no los mime, ni les hable de cerca porque, son así, les terminan debiendo. La vida entregada a quien no es de uno, ni uno de él, esfuerzo que no entra en la familia de sangre cercana, la de en Cristo y la natural es diferente; el problema, si es uno, de los levantadores de hijos que no son suyos: también, con su diferencia, el no acompañamiento seguido, pienso en un beato que no tuvo hijos pero vive, por temporalidad de tres años, con mujeres de uno a dos hijos, no se le han conocido más. Pero regresemos, luego si él se interesa aparece, a la muchacha que come mierda en las Illes Balears: se quedó guerreando la vida —agregamos acá otra raíz: la migración y las nanas, las cuidadoras en sentido lato—, a ver si abre un tercer piso, segundo para la propiedad, una casa y asegurarse algo de la adultez. La llaman dos abuelas, pasemos a esto, q...

Diez poemas

Humareda , Alejandro Zapata Espinosa, Bello, Colombia, 2026 Desvío al agobio   La mullida tristeza el falso accidente concebido las iniciales del perdón la querencia y sus mutismos parcos el hocico y su tijera atascada.   Barbosa, abril 27 de 2025   ***   El apuro ventisca una ráfaga que comprende la edad y la ruta del fruto que aró sobre entregas y pausas las vacantes al regadío de la tripulación hirviendo el laurel contando la mañana y el despojo.   El Pedregal, abril 30 de 2025   ***   El golpe corto en la planicie cara. La sangre que ha de salir fue jugo para el cansancio. Se bebe y el dolor colmado inhibe otra zona el vaso o las glándulas. Y como nadie recoge al herido la calle se acolchona al rostro y solo puede verse cuando recula.   El Pedregal, mayo 4 de 2025   ***   Se adjudica un cálculo entreabierto para decir esta enfermedad me pertenece ...

Salidas la papa

Formación , Alejandro Zapata Espinosa, Cacerí, Colombia, 2026 Les he pedido tres veces lo mismo, a falta de pruebas, como si les deseara instalar un guion, algo de más al reglamento, la sentada una mesa después de las que atienden y sus familiares (el borracho que jura haber traído moto, cuando lo subieron a otra; el bebé que exige su carrito y se despide del paisa (él con el palillo en los dedos y la madre, o la hermana, sonriéndoles, bendito Dios); las cervezas bebidas, hasta ahí; las gaseositas y el cambio contado. Papitas de diecisiete, manzana o uva, y la espera, los jugadores de fútbol (equipo de tres personas), los ciclistas, los trotadores, y la llegada, por la mujer de rosa, de las papitas, el huevo cocido en dos, las papitas sin sal, échele que no sale, las salchichas partidas y el palillo (trae las servilletas, otros palillos), antes preguntó qué salsas: roja y rosada, y dele. Tras cuatro días, cinco desde una vez en abril, ya me entienden apenas llego. Termino y bebo de a p...