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Derrota en octavos (II y III)

Colgantes, Alejandro Zapata Espinosa, Bello, Colombia, 2026


II

 

El bozo me corrige (hablando de distorsiones, cuántas para aclarar en el homenaje «Todo lo siguiente es equivocación») lo del Mundial del 2010: era España contra Países Bajos.

—De todas formas ganó.

—Sí, pero aunque ganar se justifica de primeras, más importante aún es contra quién se gana: el tan nombrado precedente que registran los medios.

—No hay diferencia, a mi parecer.

—Que se equivocó. Pero ya tiene un mea culpa.

—Vea este encabezado: «Bellingham, que no ha ganado nada esta temporada, va a enfrentarse a Mbappé, que tampoco ha ganado nada esta temporada, y se van a enfrentar el sábado para no ganar nada».

—Una sarta de perdedores en finales. Contra quién se pierde también es importante, no crea. Y más si ambos pierden. Claro que algo han ganado: sabrán ellos.

 

A las cuatro, Francia contra Inglaterra. Ya deben estar listas las sillas y las neveras: lo necesario para que don Calixto diga que le están fallando los riñones. En casa no se ha dicho ni esto, pero saldremos a por un morral. Intentaré meterme a ver qué encuentro.

«Estuvimos tan cerca», dijo Tuchel sobre la derrota contra Argentina. Los diarios cubren: «No modificamos nada después del gol, pero el partido cambió por completo. Pasamos a una línea de cinco para cerrar los espacios por dentro y ser fuertes en el juego aéreo, porque justo después de nuestro gol, sin hacer cambios, concedimos demasiados centros y demasiadas ocasiones», y la cereza: «Pero no pasa nada, entiendo que estén esas discusiones ahí fuera y, por supuesto, que haya millones de entrenadores después del partido que creen saberlo mejor». Mi sesgo es que todo alemán (y transcribiendo recordé a Marcelo Bielsa, como si pudiera buscarlo con el agregado «Antología de plenitud», o «Textos críticos ante la cancha», o «Notas a mi reemplazo Diego Forlán») es filósofo; y lo que dice, materia para análisis técnicos. Hasta ahora, que participe del material.

 

Los Billo’s Caracas Boy arriba (jornada de baile para comedores); en el Café Rico, el televisor para las novelas de la trabajadora; y, como mucho, un Juventus sentado en la esquina del pueblo, tomando porque lo invitaron. En el entretiempo Inglaterra le llevaba cuatro goles a Francia: lo supimos luego de abrir los regalos preuniversitarios (equipamiento contraexcusas) en la consulta, porque no lo transmitieron en las pantallas de los comedores.

—No van a dar nada ese partido y la final...

El flaco de la basura dejó la información a medias por mover el carro de aseo para darle permiso a una señora. Al lado contrario del logo tenía un reconocimiento por treinta años: ¿son de estar ahí, aseando y deteniéndose en las mesas, o del servicio-empréstito? Lo importante es que goleaban los ingleses. Pero luego el «festival de goles» terminó en seis-cuatro. Y la gente abriendo la boca para una cucharada más, de cena o por antojo; y la basura en las bolsas que llena el reportero, y luego amarra y bota en caneca.

—Mañana se acaba el Mundial.

—Doña Leticia le va dar gracias.

—¿Por qué?

—Porque eso mantiene interrumpiéndole los programas, aunque ha dicho que ya no ve.

 

Aguas Calientes, julio de 2026

 

III

 

Sirva el partido finalista para volver sobre el caso Annobón, en esta especie de reseña a la nota en REALPOLITIK: el engaño de que buscaban convertirse en provincia de Argentina despertó la solidaridad internacional. El problema incluye una arquitectura jurídica desde Franco, la jerarquía étnica del Estado ecuatoguineano y la vista gorda sobre el régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, con todas las letras de la infamia, el dictador más longevo del mundo (¿qué le habrá dicho León XIV?).

No trataré los orígenes coloniales, no porque no sean de importancia, pues cómo, sino para que se dediquen otro espacio, en el artículo de arriba. La cuestión es que el régimen de Obiang se vale de Lamine (su madre es ecuatoguineana y tiene una amistad oscura, por las relaciones políticas, con Benjamín Zarandona Esono, antiguo capitán de la selección).

Es decir, y en este caso Lamie Yamal aparece como un conejillo de indias, que el «régimen utiliza el fútbol y a figuras de la diáspora para proyectar una imagen moderna y positiva mientras quedan fuera de escena la represión y las violaciones de derechos humanos». Así pues, estamos ante otra de las islas que deben mencionarse en el Mundial (y no solo el baño de Messi a su actual contrincante hace casi diecinueve años: esto es lo que, de pelado, se ocultaba, lo que mantiene el discurso en niveles de disgusto y generalidad insoportable): Malvinas y Annabón.

(Tienen de valederos estos espacios la interconexión, la complejidad de las relaciones entre deporte y política y cultura, lo demás, para dar foco al silencio mediático. Es innegable la unidad sur-sur, la lucha independentista y la rebeldía contra un tirano que, derrotado, por su «trayectoria», representará, la victoria siempre, un canto de liberación que celebraremos los americanos. No creo que esta consideración defina en últimas la apuesta de un indeciso, como yo antes por las dos raíces, que buscan ahora la Albiceleste por intermediación de la isla volcánica).

 

Setenta y nueve minutos y contando. No sé los nombres, pero Argentina ataca, están en mitad de cancha, la pelota la controlan los españoles, hay indecisión, se adentran y tiro libre. Una cámara los acerca, un argentino escupe y un español levanta el dedo gordo a un compañero. Casi le meten gol a Argentina. «¡Ay, durooo!», gritó una señora ronca (¿la que ayer tomó hasta tarde con boleros?). Más luego: «¡Ey ahí, duro!», uno puede reírse e eimaginar el equipo lleno de señoras como ella, con un audio a todo volumen que las motive, previa grabación de insultos y acicates de cuadra. Muestran al viejo calvo-mono (¿le tendrá envidia?), a su esposa, encapsulados, por supuesto: corrompe respirar el aire de los gladiadores y de la plebe. «¡Cuidao, la botella!», la misma señora, comentarista. Estemos aquí hasta que alguien gane, y entonces preparo baño (luego usted decide si verá lar repeticiones o coge-abre otro texto). «¡Yo hago el arroz como crudo es mi impresión!»; Argentina está acorralada. «Sí tengo la boca seca-seca», pasa un señor a coger subida. Con el tiempo tan adelante, yo me pregunto si es necesario actuar una falta. «¡Bravo!»: Argentina pasa de tirar a que le tiren. «¡Eso hijueputa!», «¡Fuera, fuera, qué malparido! ¡Fuera!»: la señora y, digamos, su esposo. No me enteré para quién fue la roja. Cuatro minutos de más. Enzo Fernández. Le picó la punta del pie y le dio una voletera. «¡Eso peludo, eso!», pero sin gol. Un argentino con las manos sosteniendo la cara: se ríen. Tiro libre ahora tiro de esquina. Anuncios. Noventa y cinco minutos. «El arquero lo es todo», dicen los espectadores. «Gol», exclama otro, pero con cuidado, entre paréntesis. España metió gol: lo anulan; el diecisiete; no se lo cree; reclama. Cambio de Rodri por Laporte. «¡Eso eso, epa hijuepu...!» Vienen los penaltis, ya vienen. Cien minutos y un segundo. Senesi por Álvarez. Amarilla para Scaloni. ¿Cuál es la función de un técnico a estas alturas? Ver el partido en silencio alivia un tanto. Me detendré hasta que haya ganador.

España.

 

Aguas Calientes, julio 19 de 2026

 

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Revés Online, «Crónicas mundialeras», Morelia, México, julio 19 de 2026.


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