| Arenal afuera, Alejandro Zapata Espinosa, Puerto Claver, Colombia, 2026 |
Me
entregaron un balde, «Para el baño», y ya había una caneca azul llena pegada a la esquina de
la ducha. Y una toalla (preguntaron si traía) con un rollo de papel. Al otro
día, que seguía con agua, me bañé normal, fui al colegio, volví, salí de nuevo,
y listo. La vida repitiéndose. Esa noche gasté lo último de agua, y al abrir la
canilla (que no sale por el tubo de PVC cortado, arriba, sino de la manija de
plástico: hay que quitarla toda) solo se escuchó el rugir de una barriga entre
los adobes, bajo la tierra, en el inframundo. Como si ese tubo estuviera
conectado a las tripas de un demonio en ayunas, y esa fuera su respuesta de «No hay
servicio. Regrese pronto». No le dije a la señora de casa, pero me embaló al otro
día, que tampoco salía ni un aviso, ni un aire. Atrasé la ida al colegio. Me
llamaron, volví a zafar la manija y me mojé con el chorrito de agua que el
demonio soltaba. El baño del polaco. Salí. Al regresar, el balde vacío. La
señora me vio trayendo agua de afuera, en otro balde (el que me dieron era muy
pequeño), y ya empezaba a oler a puente la pieza, y dijo que en esto ponían el
agua. Dejé abierta la llave. A medianoche, la bendita agua: salía por el hueco
de la manija y por el tubo superior, justo cuando no quería, ni debía, tocar
baño. Saqué la bolsa de la basura, que no había ni papelera, y se llenó el
balde, lo moví, y caía agua hasta la alfombra de ingreso, y se formó un
charquito. Inútil cerrar la manija, así como de barrer de noche (por las
brujas).
Se fue inundando el puente...
Tarazá, junio 6 de 2026
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Publicado en el perfil de la
Sociedad Argentina de Escritores (SADE), delegación Güemes, dependiente de la
filial Salta, Argentina, julio 23 de 2026.
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