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Hace tres días

La Trinchera Popular, 2020

Idiotas. Jóvenes idiotas. Idiotas los que pintaron las paredes del supermercado, justo del supermercado este, el que madrugo y trasnocho. Ojalá fuera mío. Idiotas. Pensaban que escribir una frase iba a cambiar el mundo. Pensaban que escribiéndola en esta pared de muchos metros de largo y muchos de ancho iban a deshacer al Estado. Idiotas. Todo lo que hicieron días antes: planes, logística, ideología, cálculos, para que yo venga y se los borre. Idiotas idiotas. Un lavado a presión con disolvente y listo, muerto el joven y su frase. En verdad, ¿tanto esfuerzo para nada? «Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez». Idiotas por completo. Le agregaron signos de exclamación a la frase y se les olvidó el autor. ¡Qué importa eso! Hace tres días que les borré el mensaje. «Hemos guardado un…», Eduardo, «silencio bastante parecido…», Galeno. De nada sirvió todo lo pensado. De nada vale haberse puesto la capucha y pintar esto. De nada por borrárselos, definitivamente, hasta la próxima protesta. De nada gerente por hacerle el trabajo en hora de almuerzo, imbécil.

—Limpie eso ya mismito.

Estaba empacando un mercado.

—¡No me escuchó o qué! ¡Ya mismo me limpia eso, que mañana hay supervisión y no queremos que vean esa porquería!

Terminé y le respondí:

—Señor, sí señor —en mi mente.

Idiotas todos, el que me puso a limpiar el «hemos guardado un… estupidez», y el que lo escribió. ¿Qué estudiará ese hombre, ese muchacho? Alguna humanidad, ¿no? Yo cuando eso estudiaba… Idiotas. Idiotas completos, no parciales; hace mucho de eso; hace tres días que borré el mensaje. La gente se hacía tras de mí. No los miré. Parecía sin rostro. Eran sólo mis manos, el líquido y las palabras yéndose. «Hemos guardado un silencio… parecido a la estupidez», dijo una vieja enganchada a la mano de una joven. «”Bastante”, abuela, “hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”, eso dice la pinta». ¿Pinta? No la miré. En ese momento eran mis manos y mis ojos repasando la frase que me leían, a las espaldas. No tenía hambre, pero sabía que el gerente ya almorzaba. Idiotas los supervisores. Idiotas sus camionetas y sus mujeres arrugándose entre los ojos de sus guardias. Idiota yo por… Idiotas ellos por llegar a donde han llegado. El estudiante de alguna humanidad y el gerente y yo por no ejercer mi carrera. Si hubiera seguido ahí… ¿Qué será de los compañeros? Nunca se mueren de hambre, al fin y al cabo. ¿Qué me importan? ¿Dónde están ahora? ¿Cuándo han derribado un muro?

Vieja idiota. Nieta idiota. ¿Para qué leen algo que se está muriendo, que lo están matando? Y más grande era el corro tras de mí. Voces rotándose la frase por los hombros, entre las cabelleras. Seguía sin verlos. Ya casi terminaba. Tampoco tenía hambre, pero el muro se hizo muro. La gente se quedó ahí. La vieja pidió anotar el mensaje, antes que se le olvidara. «Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez», le repitió alguien. Entré al supermercado, sin ganas de almorzar. «Hemos», nosotros, «guardado», capital, «un silencio», ¡limpie eso ya, ya mismito!, «bastante parecido a la estupidez».

 

De repente un ardor en los dedos lo revuelve. El cigarrillo le sirvió de alarma. Lo aplastó con el pie. Miró la mesa, la calle, los edificios. Consultó el reloj. Deslizó las manos por el pantalón. «¿Qué estará haciendo el muchacho que escribió esa pinta?», se dijo. «Algo relacionado con las humanidades, seguro que sí… Idiota». Se pasó la mano por el rostro y se preguntó por qué no miraba a nadie el día que borró la frase. Se preguntó qué sería de él si hubiera ejercido… Se levantó. Miró el cigarrillo. Se frotó los ojos como abriéndolos a un mundo inverso. «Gerente imbécil», dijo con pereza, estirándose. Fue a pagar y a la pregunta de qué compró, señor, respondió:

—«Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez», Eduardo Galeano.

Miró a la mujer que fue estrujada por el gerente de la panadería.

—¿Qué compró?

—Un té. El cigarrillo era mío.

 

Tobruk

El Pedregal, noviembre de 2020

 

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La Trinchera Popular, Medellín, Colombia, diciembre 3 de 2020.

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