| «Nunca más operaciones militares», Alejandro Zapata Espinosa, Itagüí, Colombia, 2026 |
Rango Usufructo
Las caras que faltan podrán ser reemplazadas, una imagen
que no espera abrigarse en cosa parecida; va desde los datos a la encarnación
por instante, y cree abrigar el todo que es una mínima considerada por nadie,
esto es, lo menor de la cordura.
Prepararse quizá para uno mismo con ademanes de loro
cebado, encantador de perlas que no gustan ni desaguan más que patetismo,
rancio pelambre, veredicto de quien no supo aguantar la escoba y el plato: de
allí a completarse con lo que no existió, ni regurgita, ni toca el timbre de la
casa para encerrarse en la última condenación venidera: su aliento, consuelo de
pobres.
Salvarse de una primera vez, lambisqueando húmeda:
«Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de todos
nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias»: Arguedas.
¿Y si la virtualidad es el único circuito previsible?
La «arquitectura algorítmica» estructurante de la
combinación narrativa: un descontento más, el anterior fue la razón del plagio,
en que reside lo nunca visto, y la falta de ganas para dejarse embaucar de
lleno por una voz no-humana, una intensidad que desvanece en los túneles de
sangre, artificiosa, vana, estúpida y migajera, un resto prescindible y
anémico.
Pero ¿y si repercute, como en el señor de mala gana, mal
gusto, cosas a medias y contactos en el mundillo, la favorabilidad por eso que
nada es si la nadería lo toca?: la herramienta no tiene la culpa de que una
aceituna le endilgue miserias, lo ponga a mermar la profundidad «bardera», con
lo problemático de estos términos repetidos; si la tuviese, él saldría ileso,
como hasta ahora y, al parecer, siempre, porque a ese ya nadie lo pone a leer
la colección Archivos de inicio a fin, ni lo sienta con las plumas abismales de
un auditorio cargamento.
De haber posibilidad, ninguna, se le diría que no la
utilice para dar la idea a una juventud metamorfa a la que la tripa y la hoz
les daría resultados llenos.
Y no ante un zafio.
Peor que la «subjetivación sin cuerpo», la mente sin
esencia, la institución que la reemplaza, con lo poco que ella puede en esos
lares.
Unas cabezas entrenadas para hacer de lo intangible
concierto de vana cultura; inminencia de lo básico; un purismo de sargento, que
no debió pararse de la silla donde le endilgaron la presentación, y nada más,
silenciarse considerando el pulcro centro-occidente, no malgastarlo borrando
eso guindable; pero es tan ineficaz que en tanto, risible, continúa en caudales
de viejas, pocas gracias en tierra.
Primavera, con él, ninguna: acaso un desplante.
Que hubiera un ahora para entregar el comentario; lo veo
leyendo en la flojera cuelluna, propio de la seguridad, la elección, como si
decidiera los millones ministeriales con videos: el criterio es una su
blasfemia; y que fuera triste, algo para sentarse a pensar cómo se entregó a
deshacerse de todo lo cimero y la estética; él que creció entre órdenes, y como
su amigo de la barriga floja, de capiagobio a las mangas sureñas regando la
medianía a galope de trofeos, medallas, reconoceres, diplomas y cenas de
golpecito en el buche, en el cogote por si no pasó la entonación y el verso,
ante uno, el de la parada, el jefe, vendido.
Rompo con ellos y su necesidad de mozo que les resuelva
la tecnología, el aparato y las enmendaduras, y en esto debieran descollar la
sangre uniformada, ortográficas, procesuales, el erotismo de papel que los
refunde a contenido sin leña.
Fátima,
julio 7 de 2026
***
Erra et
labora
Salpica «más adentro en la espesura», ya virtual o la de
siempre, con la abundancia esquemática o seguible, el paso de cartera con los
focos atenazando el discurso, la articulación de los vasos al final puntero; solo
que, por cuestión de humanía, el autor recobra la zona del espíritu, le da fe
al otro de que es su otro, no lo engaña tanto como para decir no te referías a
nadie. La edición conjunta da mayores criterios que una reunión
despersonalizada, un roce que no fue, y aparenta serlo, tan seguro como si
mercara y se encendiera con los Juanes. O verla, que esto ya traspasa toda
enunciación, y tenerla ahí pegadita, excusándome por no haber venido de
primeras: es lo que se pierde, aunque estemos varias horas en esto, si allí
fuera el encuentro y el inicio. Hablando de cercanías: me soñé en Cáceres,
saliendo del colegio, la reja estaba abierta, hacia las fondas: guardaba la
plata en el bolsillo, y recordé que tenía con quién encontrarme, a quién
decirle estoy por aquí: la veía, sin haber bajado, quieto entre el colegio y la
tierra de afuera, en la silla donde nos conocimos, sin hablar, parándose,
sacando una cerveza, viéndome desde la barra.
En el recuadro para el prompt no cabe el exceso que interrumpe, aunque siga distraída la
burguesa, su donaire, el flujo acompasado de su exposición fruto de
ministerios, salas de té, libros traducidos y blancos espacios para
desentenderse de la realidad que declara mácula, invadida por ruidos. Ahí,
decía, en eso tan poco, y que se reduce por la capacidad del jetero en
describir lo que necesita, que entre menos temperatura peor la entrega: además,
¿para qué meter el carro de la basura, el estrangulamiento de las bolsas, la
charla de las cocineras regañando a sus perros porque mean a la orilla de la
casa cural, el bostezo, insobornable, necesario, por la atmósfera de estudio en
que la proyectaban, que le hizo entender, de un vistazo, retador y asfixiante,
la carencia de interés por el tema, su monótono, el mirá querida por qué no
fuiste, boba.
Dejemos así o me emproblemo.
La abigarrada contextualización escapa, y con ella el
momento y la necesidad de rapidez, de transcribir el resultado, sin importar a
quién le debe las gracias. El silbido, la luciérnaga, los «inocentes otros
universos»: disfuncionales para lo inmediato, eso que pasa en cuanto recibe y
se envía. Entonces la importancia, de tanta cadena, con una facilidad que
limita aberturas meridionales, decae en herramienta para uso artístico e
intelectual prostituido, un gasto para cuando lo necesiten: no se va a mover
porque necesita de ese atisbo de entorno que se le agrega con desgana.
Retoma de la capacidad desafiante, del sortilegio en que
discutan consecución, ruptura, estímulo. Ante una sola respuesta, que delira
soluciones si no las tiene, la avería que vuelve sobre sí, y crea en la
opacidad, en el revelamiento. En Lemos,
André, «El
problema de los errores algorítmicos no está en el “error”, en su opacidad,
sino en la forma de ofrecer resultados que se convierten en los únicos
posibles, la única manera de hacer transparente el mundo a su lógica»: una
usurpada, un logro que no teme presentarse como tal: fallo que asume la
maquinaria, la ingeniería de los datos: estructura que garantiza el invento
desde moldes preconcebidos, infalibles en su miseria «perfecta». ¿Volver
entonces a la imperfección? ¿Y cuándo hemos salido de ella? Las ediciones
críticas y las obras como proceso de varios humanos, de intervenciones sobre
revisiones: escalas de nombres en el artefacto que puede declarar fe de erratas
o notas al margen. Cerebro sobre materia, y labor de cuerpo que resiste, horas
que aglomeran a la humanidad toda en momentos repartidos, pero que se entregan
eso que los tuvo recluidos, en función de la cosa, de sí o del otro: resultado
para acompañarse, valía del tiempo, ramas en el altar de Dios.
Fátima,
julio 8 de 2026
***
I
Autor: Alejandro Zapata Espinosa
Título: «Nunca más operaciones militares»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 12000 × 9000
Año: 2026
II
Autor: Alejandro Zapata Espinosa
Título: «Vista de la panadería de Miro»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 12000 × 9000
Año: 2026
III
Autor: Alejandro Zapata
Espinosa
Título: «Mesanino reserva»
Técnica: fotografía digital
Medidas: 12000 × 9000
Año: 2026
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La Tinta. Revista de Creación Literaria,
«Multiversos de la juventud. Retos y realidades en un mundo global», Tecámac de
Felipe Villanueva, México: La Tinta Ediciones, N.° 50, julio-agosto de 2026.
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