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Añilos

Subhash Panwar (2026)

¿Ojear el futuro con el sueño de un mañana, septiembre 19 de 2023? La utilización de las fechas, del «pegamento histórico» (como la procedencia-genealogía homérica), es influenciado por Pavese: volvía con exactitud anual: hasta dos años con relación a un tercero («No tengo motivos para desechar mi idea fija de que cuanto le sucede a un hombre está condicionado por todo su pasado; en resumidas cuentas, que se lo merece»: abril de 1936). Capacidad memorística, flujo intelectual, ¿cómo recordarse que la idea viene de hace tiempo: un lugar específico, situable? Los sueños de hoy, sugerencia en este país, sobre un cambio en portal, solo dejaron piedrecillas que, en la mano, prefiero tirarlas (dibujarlas antes de que me borren), y mirar al presente.

            Los que soñaría un día después de hoy, hace tres años, ¿tiene cómo enfilarme, o estamos ante uno de los miles de casos de habladuría? Para el compañero es esto y lo otro, y nada, y sigamos camino. A su salud, el primero sobre un auditorio, demás pegado al metro de Itagüí, donde la licenciada bilingüe que pudo no ganó bono porque fuime antes de las cantidades, en el sótano (gotas, sudor de momias directivas). Al más viejo, que buscaba comerse al joven (nadie invita a nadie para nada), lo robaron, y me comenta malicioso el detalle; hice bien cambiando de sueño, deteniéndolo: menciono al ladrón almizcle. Lo puedo unir con el dramaturgo de obras escolares, que de jueves a sábado busca agenda cultural, con quién meterse al centro y del centro a las salas. Para no retenerlos en esa esfera acuosa, sino del mensaje al olvido, y justo ahí, en etiqueta laboral, dependiendo de ellos, certificada las improvisaciones, en pleno descaro. El otro, por su gusto platero, demás que sí le aceptó alguna cosa de más (aquí difamo), porque a él, si le muestran alhajas de abuela, se mete, pone cuero por el compañero auxiliar.

            Breve paréntesis, luego de este primer detalle (cena entre amigos, caminata larga), a escoger el pasado. Si brindara información (¿alguien lee esto como tal?), al menos quien escribe se vería muy lejos del encarre palabrero. Acudo a la experiencia, lo que pasó aquí y dejó su número para nuevas llamadas o desvíos. Los siguientes, o con solo ese anterior, o, pensaba, ninguno, la historia sobre la historia no presentada, partir del cero hacia el cero, caben por su figura, su presencia en la temporalidad de un vivo. Dicho lo anterior, queridos sean, abro la sobreviviente desde 2005, robada del Claustro San Ignacio, y leemos:

 

Y ahora, ¡oh Musas!, que habitáis en las alturas del Olimpo!, decidme, ya que, como diosas, veis y conocéis bien todos los sucesos, mientras nosotros, simples mortales, apenas si logramos percibir el ruido confuso de la Fama, sin conocer las cosas con certeza, declaradme el nombre de los reyes y caudillos de los dánaos. Bien sabéis que yo no podría nombrar a los innumerables soldados, ni aun teniendo diez lenguas, diez bocas, una voz infatigable y un pecho de bronce. Vosotras podrías ayudarme nombrando a todos los que llegaron a Ilión. Me contentaré, pues, nombrando a los caudillos y sus naves.

 

            Esto sería para otro espacio, pero ¿las musas invocadas ahora no son las artificiales, la técnica instantánea? Sí volver a que el narrador se contenta nombrando a unos caudillos y naves, lo que nos indica la incapacidad de abrigarnos en la completitud de los procesos, lo vivo, el acontecimiento, lo que implica ceñirse a un mero rango (fugas que la literatura brega a detener, pero que se les escapa): el sueño siguiente, lo que apenas se conserva...

            Libre, con las mujeres de otro, en piscina de pueblo, al borde caretudo, y yo en el baño, sin toalla, me seco y me visto, con la ropa de ayer (cual sea). Viene el hombre a señalar el almuerzo: frijoles, me imagino, y arroz con lechuga (metida con desgana). Cierra de golpe al afirmarle con la cabeza, acaso los hombros, el bigote. Al salir, bajo sin despedirme y, en la tienda, un vagabundo (ahora es un puente, Bello) me pide comida y se la tiro al pavimento —y de ahí competimos a ver quién es más lagaña y acaba antes la carne, los frijoles, las piedritas.

            Agregué lo último, entre nos acá, porque debe enrumbarme a las Jornadas, 2023 o luego, por el rechazo, la estilística que me prohíbe leerles una invención (discurso para ocasiones, según la contabilidad, el tiempo que obsequien y la displicencia o el estímulo que desee optar el abrigante). Corrijo, a mano en cuaderno, que no cierre, hora adelante, llegaré a la última mesa para despedirme de las corbatas, si las hay, y de los organizadores (cójanlos que después, ocupados en sus libros de divulgación meritoria, en la astronomía contemporánea o planeando clases con cinco minutos de ventaja, se pierden y vaya uno a encontrarlos, no hay cómo, ya los vendieron a precio de amigo, deuda salvada, en sus casas, al año de la presentación). Al final, terminemos porque otros dioses acucian, y es solo un ingrato el que responden por silbido y fuete, pasa lo del cuaderno al portátil, como antes de enviar, que miró a fondo las cláusulas, se desvaneció al otro día, lunes para mayor dramatismo, con la certeza de haber algo completo, y se lo rechazan, «pebetera dialectal, no circunde», algo así el comentario, y qué hace uno: morderse las tres lenguas, y dejar la cuarta para la defensa en bloques y estaciones, que no pase de esa noche.

            Mueren de este modo los grupos que debieron perfilar sucesiva flora, pero como todos, se desguazan, valen al paso del andén un minúsculo roto, desánimo. Qué pueda por conciencia, interesa, por otro lado, entroncar lo enunciado con la sofocable maniobra por aterrizar una idea, o levantarla y presentársela a los rayos solares, para que la doren.

 

Fátima, septiembre de 2026

 

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La Sombra de Prometeo, «Los laberintos de la razón», año 2, vol. IV, N.° 7, Ciudad de México: Editorial La Sombra de Prometeo, octubre de 2026.


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