Ir al contenido principal

Crísmena

Kalamár István Norbert, 2018

En los encuentros que verán la Institución Universitaria (la rectora estuvo en Robledo, pero mantengamos el norte del Valle, escenario), en la fluidez que termina el descenso para sabrá Dios bendito qué viene: ensayemos, pongámoslo, yo mientras usted intercede después, querida, o en los momentos de nota y mansalva, repetición de estudio porque no hay más, o si lo hay es eso, el descontento, un pupitre, rezago e intermitencia. Poner atención a los desmanes, o cerrar los ojos, guiarse por la calle entrochada (parecido a la sede principal de un colegio en El Carmen, y otro yendo a Niquía desde el parque—una cantante que se escucha cuando no se la ve, pero, al salir a buscarla, se calla, aunque siga el radio, las guascarrileras—) de mano suya o del insulto, que potencia y amena el sol yacente, la égida de un bus chillón, tortugado, que manejan colesteroles y polvaredas. Solo por concentrarme en busté, ¿el diplomado no es otra extensión de la juntanza?, o, agreguemos, para entendernos con el silencio por entrega, rezumando en los cabildos y el entronque, ¿a dónde ir sino a ningún sitial, ninguna pirámide ni entresijo? Esto de merodear las líneas y curvas de las fuentes textuales, el arrimo de silla donde uno agregue «De los Dolores Guapita, apiádate de nosotros», el fetiche que rodea pero no alcanza, ¿a dónde iba?, hacia usted, pero tratemos lo de afuera, más afuera que dos gentes conocidas en la pelotera académica contractural, el abrojo monte abismo. ¿Comprendes? Si de aquí estila un arrullo, una flota de conversación, bendecimos esa alma serpentina al topero delimitado, ese que responde en tiempo y lugar propios al oficio, auditorio, canción de hipos asincrónicos, la pantalla que pasa por encima, un rebote de pelusa, ¿vamos bien o me detengo?, los miedosos del parque, volvamos allí, las dos iglesias: la que ubica, tu cúspide, y la de enfrente, que abre a los religiosos, entrometidos y demás cantores; ¿no fuimos una invitación que perdió destino pero busca, sin que se lo pidan, que al comienzo se lo pedían, y cuántos, y quiénes, y se desvive porque vendrá quien afirme «Has llegado, caramada, bienvenido y adelante, que retornas al inicio, a la niñez»?

            El «instituto de finalidad», allí donde nos retengamos o nos separemos, compañería, nace del nómada que soy «en todas las ciudades». Residamos en el presente de ahora, pero la creación, la violencia de todo anhelo se decide por las velas y los arpegios: cintura raspada cada nuevo desperdicio, o nuevo auspiciante, que sepa retomar lo pasado para contradecirlo, total inquietud y malabareo de cabezas, las unas, para tirarárselas al primero en fungir de maestro. Al porte, así, llegamos por desgracia. Lo mejor es que nada de esto suceda, y un estatismo accione la mudez, al menos compartible, y nos prevenga de deserción o culpa, esos pordioseros que nacen y abren carne en cuanto pueden. ¿Y luego de los módulos, los talleres, las conferencias abiertas (gustan las cerradas), el acompañamiento (lo escuchamos e hicimos en tanto matorral y ola), las tutorías y el trabajo dependiente, la encerrona en que nos metimos? Otra ocasión, electiva o grupo que indique cuándo y cómo tensar el arrimo, la tontada, frote de viejos y chazas y colegiales y dulces y trastos sin lavar en mesas de restaurante para repartidoras, chanceros, la obrería. Pues somos, o ha de ser que los costillares, por muy flacos (vistos desde el centro-sur), también dedican al sol la mínima afluencia de rodillas, suplicantes, o cojos y flemáticos, esa acupuntura floreada como pollos en su destino de megáfonos, carretillas, entradas a centros comerciales a medias, jugos como almuerzos de provisión militar, del día a día, con lo recogido hasta las once, doce, una, dos y cuatro, con quienes nacemos, a no ser que tengan el juicio en la riqueza pobril esclavizante. Alíviome de contar entre sus segundos, un contacto más a los rayos que sabe pormenorizar o plantarle cara; esto era todo, o lo que viene es todo de lo dicho, si hemos de encontrarnos incluso en diciembre, ese que pasa a zancadas, se despide y avecina a moribundos con niños de futuros planetas, una tracamananduca de próceres.

Salud a nos.

 

Aguas Calientes, septiembre de 2026

 

___

El vuelo de las águilas, «Edición especial», N.° 4, Montevideo, Uruguay: Rainbow Families Uruguay, Águilas Multicolores, septiembre de 2026.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nanila

Belal Alshugri, 2021 Ha cuidado y la montan como si fuera de ella los niños, esos chillones que la abuela, su dolor, lágrima a cuatro ojos, le dice que no los mime, ni les hable de cerca porque, son así, les terminan debiendo. La vida entregada a quien no es de uno, ni uno de él, esfuerzo que no entra en la familia de sangre cercana, la de en Cristo y la natural es diferente; el problema, si es uno, de los levantadores de hijos que no son suyos: también, con su diferencia, el no acompañamiento seguido, pienso en un beato que no tuvo hijos pero vive, por temporalidad de tres años, con mujeres de uno a dos hijos, no se le han conocido más. Pero regresemos, luego si él se interesa aparece, a la muchacha que come mierda en las Illes Balears: se quedó guerreando la vida —agregamos acá otra raíz: la migración y las nanas, las cuidadoras en sentido lato—, a ver si abre un tercer piso, segundo para la propiedad, una casa y asegurarse algo de la adultez. La llaman dos abuelas, pasemos a esto, q...

Diez poemas

Humareda , Alejandro Zapata Espinosa, Bello, Colombia, 2026 Desvío al agobio   La mullida tristeza el falso accidente concebido las iniciales del perdón la querencia y sus mutismos parcos el hocico y su tijera atascada.   Barbosa, abril 27 de 2025   ***   El apuro ventisca una ráfaga que comprende la edad y la ruta del fruto que aró sobre entregas y pausas las vacantes al regadío de la tripulación hirviendo el laurel contando la mañana y el despojo.   El Pedregal, abril 30 de 2025   ***   El golpe corto en la planicie cara. La sangre que ha de salir fue jugo para el cansancio. Se bebe y el dolor colmado inhibe otra zona el vaso o las glándulas. Y como nadie recoge al herido la calle se acolchona al rostro y solo puede verse cuando recula.   El Pedregal, mayo 4 de 2025   ***   Se adjudica un cálculo entreabierto para decir esta enfermedad me pertenece ...

Salidas la papa

Formación , Alejandro Zapata Espinosa, Cacerí, Colombia, 2026 Les he pedido tres veces lo mismo, a falta de pruebas, como si les deseara instalar un guion, algo de más al reglamento, la sentada una mesa después de las que atienden y sus familiares (el borracho que jura haber traído moto, cuando lo subieron a otra; el bebé que exige su carrito y se despide del paisa (él con el palillo en los dedos y la madre, o la hermana, sonriéndoles, bendito Dios); las cervezas bebidas, hasta ahí; las gaseositas y el cambio contado. Papitas de diecisiete, manzana o uva, y la espera, los jugadores de fútbol (equipo de tres personas), los ciclistas, los trotadores, y la llegada, por la mujer de rosa, de las papitas, el huevo cocido en dos, las papitas sin sal, échele que no sale, las salchichas partidas y el palillo (trae las servilletas, otros palillos), antes preguntó qué salsas: roja y rosada, y dele. Tras cuatro días, cinco desde una vez en abril, ya me entienden apenas llego. Termino y bebo de a p...