![]() |
| Wañusqakunata musquy, Iván Cáceres, La Paz, Bolivia, 1998 |
«Sueño la
aldaba es una antología de microficciones oníricas que se publicó en
octubre bajo el sello editorial Laia (Argentina) a cargo de Alejandro Zapata
Espinosa, quien hizo un excelente trabajo como antologador.
»A propósito de
esta antología, Zapata fue entrevistado para el portal Al Poniente (Colombia); en la misma da cuenta de la concepción,
preparación y elaboración del libro. Debo además resaltar y agradecerle el
habernos nombrado a los escritores y nuestros escritos.
»Ahora les invito
a leer tanto la antología como la entrevista»: Luis Fernando Cordero Torrico
(2025).
La vida es un
largo embrutecimiento. La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las
pupilas; poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario; los mosquitos
pueden volar tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles,
y cuando deseamos viajar nos dirigimos a una agencia de vapores en vez de
metamorfosear una silla en un trasatlántico.
1. ¿Cómo surgió
la idea de realizar este sueño de aldaba?
La concepción de la antología surge como
propuesta de ubicar, darle forma o cuadro a los sueños que levanta la noche o
predice el día. En el proceso de concientización de los sueños (perdóname la
falta de sustento psicoanalítico), la literatura sirvió de base para situarlos
en un contexto de secuencialidad escrita: un profesor, si no estoy mal, de
Literatura Narrativa, Juan Julián Alzate, nos llevó el Prólogo de Libro de
sueños (2018) de Borges y adelantamos su lectura. Además, nos compartió la
práctica diaria de escribir los sueños, práctica que repliqué al año a partir
de otras referencias intertextuales en obras hispanoamericanas. El año pasado o
el antepasado inicié la escritura en un cuaderno y luego en un documento, el
cual he ido abandonando: a veces publicaba esos microrrelatos o cuentos cortos
en revistas o blogs, y de mañana en mañana, o cuando resurgían para ser
escritos, agua a ser tomada a la carrera, los plasmaba obvio con despistes y
vacíos. Con el tiempo, agregué epígrafes que van desde Ssu Kung-tu a Pablo de
Rokha (que sirven de sustento y abordaje), un título provisional: Contenidos
manifiestos, y cuatrocientas quince páginas desde el sábado 22 de julio de
2023 al martes 5 de agosto de 2025. No es que de agosto para acá no haya
escrito sueños, sino que no los he registrado en el libro de conjunto, hecho
que indica ciertas disposiciones, trabajos y prioridades tomadas. En todo caso,
el documento en avance, cuyo contenido publicaba en convocatorias referidas al
tema o en encuentros, me hizo pensar cómo podía compartirlo y difundirlo con
otros que se interesaran en el sueño, uno de los temas primordiales de nuestra
América. Y sucede que a finales del 2024, en la exposición Latinoamérica:
arte y ciudadanías críticas (Medellín, Colombia), vi la obra de Iván
Cáceres (La Paz, Bolivia), que realiza performances y máquinas basadas en
sueños. Logré comentarle mi interés por su obra en una charla en Bellas Artes
y, gracias al editor de la revista Papel, Daniel Grajales-Tabares, pude
obtener su contacto y realizarle una entrevista que, me faltó decirlo en su
momento, fue revisada y comentada por Óscar Jairo González y Elizabeth
Arredondo. No quiero alargarme, pero quiero citar el inicio de la respuesta de
Cáceres (2025) a la primera pregunta (¿de qué sueño eres rehén?): «A veces me
he preguntado desde cuándo soy un rehén, y a pesar de que el tiempo ha
transcurrido, me he dado cuenta de que es precisamente la palabra el “medio”,
es decir, soy un medio: los sueños han hecho de mí un rehén para transmitir lo
que ellos quieren mostrar». Ahí tomó forma y amplitud la idea de que autores
contemporáneos, desde varias artes y oficios, se preocupaban por la temática
del sueño. Más adelante, participando en las convocatorias de la editorial Laia
Editora (Rosario, Argentina), se me abrió la posibilidad de antologar una
edición sobre los sueños, partiendo del adelanto realizado por Iván y de
lecturas sobre el tema, y lancé la propuesta al editor Yui Páez, la cual fue
aceptada.
2. ¿Cómo llegó el
nombre del libro? ¿Alguna musa, al azar o sufrida?
Musa y presión de lanzar el flyer de
convocatoria, así como la imagen que abarcara los sentidos de la antología. La
aldaba conlleva toques de puerta, un abrir y el ingreso o el rechazo, pero la
figuración de un continuo, obscuro, fugaz o permanente, que se abre a la duda o
al acceso. Pensado de esa manera, cada autor y su obra es un toque al mundo de
los sueños, y el libro la aldaba (en la figura de asir el margen central). Cada
inicio, dado a la intemperie, la muerte o la vida, la persecución o el
quietismo, es dejarse ir, necesidad biológica, y permiso a la muestra de lo que
nos compete, lo que somos en un paso por tierras extrañas, migrantes. Dando
continuidad al asunto, a propósito del recuerdo de «Teoría de las puertas» de
Luis Vidales (1926), traído por la compañera Karla Ospina, ensayista, en El
Guanábano, pensemos: si «Cuando una puerta se abre, la puerta equidistante, al
otro lado del mundo, se cierra irremisiblemente», lo mismo sucede con el sueño
en una azarosa teoría de los sueños: cuando un sueño se abre, o abre a la
persona, el sueño equidistante, al otro lado del mundo o del cuarto o en el
otro puesto de la cama, se cierra irremisiblemente y vuelve al mundo de los
despiertos, habida cuenta de la dosis de sueño que este estado implica. Y «El
día que todas las puertas [los sueños o las aldabas] se abrieran a una vez, el
mundo quedaría lleno de huecos [¿surreales?] y el viento se entraría en ellos y
se llevaría la tierra por los espacios ilímites…»
3. ¿En Sueño la aldaba el tema es único o la
temática es libre?
El subtítulo del libro es Antología de
literatura onírica. Si bien se incluyeron ilustraciones, dibujos y
pinturas, todo versa sobre los sueños. En la convocatoria se propuso la
temática de la literatura onírica en todas sus vertientes, el género narrativo
y el subgénero microrrelato: esto partiendo de la posibilidad de reunir en
doscientas palabras máximo la concreción de un sueño. Por ende, el tema es
único, y dentro de esa unicidad se posibilitan los «espacios ilímites»: las
tres velas que no se dejaban encender de Jehimy Marulanda («Su despedida»,
Medellín, Colombia, p. 18), el tren que se detuvo veinte minutos bajo tierra de
Jose Ángel Muñoz Juárez («El instante suspendido», Jatibonico, Cuba, p. 26), el
punto en el fondo del mar donde el tiempo era un pez dormido («La sombra y el
espejo», Santiago de Chile, p. 40), el sueño y la pesadilla que se parecían a
un vientre («Una escena», Pedro Mieles Cantos, Guayaquil, Ecuador, p. 43), el
abrazarse ante la nieve de la última glaciación hace dos milenios («En el
oculto imperio de los sueños», José Jesús Rodríguez Velázquez, México, p. 61) y
el avistamiento de unos pescadores: una boca sola buscando el orgasmo del agua
(«El que lame las aguas», Daniel Jiménez Bejarano, Colombia, p. 81), entre
otros. El sueño, retomando a Iván Cáceres, es el que elige el tema y uno, el
soñador, es quien, desde sus restricciones, trata de responderle lo mejor que
puede, a la manera de la vigilia, que le cuadra a fogonazos; muy apropiada es la
pregunta de Oliverio Girondo (1932) en Espantapájaros (al alcance de todos):
«¿Con qué puerto, con qué ciudad no te has acostado alguna noche?»
4. ¿Cuánto tiempo
llevó la realización de este libro, desde la idea hasta el producto final? ¿Fue
un proyecto en soledad o con un equipo? ¿Cómo se realizó la convocatoria?
El 17 de julio de 2025 le presenté la propuesta a
Yui Páez y ese mismo día obtuve respuesta. Para el 20 de julio, aunque estaba
pensada para iniciar convocatoria el primero de octubre, por recomendación del
editor, se compartió el flyer en la página de Laia Editora y en otros
grupos de difusión literaria y de escritura creativa. Agregado al flyer,
presenté un documento con las secciones a considerar, desde el título, la
presentación, los participantes, los géneros y los formatos, la extensión, las
condiciones editoriales propuestas y los datos del compilador; es importante la
presentación del proyecto, porque justificaba la antología y recomendaba seis
obras: desde La vida es sueño (1635) de Pedro Calderón de la Barca hasta
No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928) de Macedonio
Fernández, un libro de sintaxis-metafísica hecha sueño. Digo que es importante
debido a que pensaba, tal vez por formación o procesos dialógicos, en realizar
talleres virtuales de lectura y escritura para trabajar los textos y las
apreciaciones de los autores, siendo el producto la antología: dinámica común
de los talleres literarios, y cuyo ejemplo cercano es la labor pedagógica y
literaria de Andreyna Herrera en los colegios de Bolivia, solo que con libros
físicos pero también digitales (hay una labor transliteraria a ser estudiada,
con gestores y escritores que mantienen sumamente viva la actividad humanística
en redes). Conforme fueron llegando los colaboradores e invitados, reuní los
documentos, las semblanzas y las ilustraciones; sin embargo, por primera
experiencia y a falta de organización, tuve que volver a solicitar datos de
fichas técnicas, cambios de género o incluso exclusión, todo ello solucionado
con la paciencia y la experticia de Yui Páez. Por ello fue un trabajo
colaborativo: las lecturas anteriores, la gestión editorial, los autores y el
trabajo mancomunado propiciaron la antología, así como la difunden y la
comentan. Aunque tuvo espacios de soledad, como toda escritura, el encuentro en
el libro hace posible la lectura compartida. El pensado ahora a corto plazo es
presentar la antología en el Encuentro Poético Vida y Esperanza (Ipiales,
Colombia, 2025), organizado por Ányor Coral; a medio, la difusión de los
microrrelatos por entregas en Al Poniente (donde incluiré reseñas o
aspectos que no salieron en el libro); y, a largo, es la promoción literaria
con base a temas de la tradición hispanoamericana.
7. ¿Cuál es el
objetivo de esta fusión entre ilustraciones y microrrelatos?
Dos particulares: uno expresivo y otro editorial;
ambos de la mano. Abrir el espectro de participaciones, pues los diversos
formatos responden a la diversidad de sueños. Y porque en la gestación del
proyecto, además del espacio para la obra de portada, Wañusqakunata musquy
(«soñar a los muertos» en quechua, Iván Cáceres, La Paz, Bolivia, 1998). A
propósito, recibí varias obras del mismo artista, aporte generoso, para la
elección, y me decidí por el hombre horizontal, con rayas verticales sobre él y
un lecho de marcas o columnas, que en realidad es un niño fallecido en
ceremonia, donde «se lo sueña como él pudo haber sido de grande, le cubren de
dinero en sus vestimentas, herramientas, y muchas flores; le cargan en brazos y
le hacen pasear por toda la comunidad, pueden tenerlo así momificado o también
llegan a enterrarlo, matan una llama y su sangre la rosean alrededor del
espacio o casa al son de música autóctona, y así el niño podrá realizar sus
sueños» (p. 4). Pues bien, esa es la razón expresiva. La editorial nace de un
libro editado por el mismo sello y antologado por Romina Campos Quijada, el
volumen dos, segundo año consecutivo, de Palabras de colores. Dos mundos
unidos (2025), del cual también hice parte, que proponía una versión más
radical por decisiva de ilustración y microrrelato. En Sueño la aldaba,
las ilustraciones tienen relación con el sueño tanto porque o nacen de él o lo
varían; y en la ficha técnica se incluye la descripción de la ilustración, sea
pintura o dibujo, para mayor entendimiento de la obra. Para próximas ediciones
se puede ampliar el espectro de participaciones mejorando la calidad de los
diseños mediante escaneos u otras técnicas, además de pensar en libros
bilingües e intermediales.
6. ¿Qué te dice
el libro en la red? ¿Y ahora qué sigue?
Me dice responsabilidad para con la edición. Ya
había editado una revista para el trabajo de grado, investigación-creación, de
la Licenciatura, Hojas de Sexto Tres (2024), que espero replicar con
avances en una futura experiencia educativa, y por otro lado soy revisor
científico y miembro del Comité Editorial de Contacto Literario
(Armenia, Colombia), lo cual conlleva juicio en el diseño, la exactitud y el
esmero en el detalle. Pero se vuelan errores, hay atrasos y surgen ideas
incumplibles tanto por la naturaleza de la convocatoria como por premuras con
la entrega. El libro ya publicado, así como su momento de recepción de
colaboraciones, me genera una sensación de logro por el trabajo mancomunado. Un
poco de datos cuantitativos: Sueño la aldaba es el número treinta y
cuatro de la colección Antologías Hispanas; se publicó en octubre del
2025 y cuenta con tres autores especiales: Iván Cáceres (La Paz, Bolivia),
Jehimy Marulanda (Medellín, Colombia) y Lilian Raquel Constantino (Plaza
Huincul, Argentina); el total de autores, más los tres invitados, son treinta y
uno (páginas de acuerdo al Índice): Fuga en el aire del Dr. Javier Gort
Lemus (p. 23); El instante suspendido de Jose Ángel Muñoz Juárez (p.
26); Temicnamictiani de Fabiola Morales Gasca (p. 31); Entre sábanas
y almohadas de Luis C. Torrico (p. 34); Barberos de Jesús Eligio
Castellanos Estupiñán (p. 37); La sombra y el espejo de Francisco Araya
Pizarro (p. 40); Una escena de Pedro Mieles Cantos (p. 43); ¿Dormido?
de Manuel Serrano (p. 46); Los ascensores no suben de Silvia Carús (p.
48); Cohoba en Doña Juana de Sarai Soler Jordán (p. 51); Desde tu
abismo de Israel Montalvo (p. 55); Despedida de Amalia Caridad
Cordero Martínez (p. 57); Soñando sueño de Antonio Arjona Huelgas (p.
59); En el oculto imperio de los sueños de José Jesús Rodríguez
Velázquez (p. 61); Cena de Heidi Carolina Molina Duque (p. 63); En
busca del summum de Carmen Elisa Benavides Morales (p. 65); Te
tomó por sorpresa de Jorge Quispe Correa Angulo (p. 67); Una escena
familiar de Luis Alfonso Pérez Puerta (p. 70); Sin salida de Jesús
Alcañiz García (p. 73); Duerme ñiñito de Ramiro Hernández Restrepo (p.
77); La metamorfosis humana de Guillermo Zuluaga (p. 79); La última
kermés de Carina Baldivia (p. 82); El que lame las aguas de Daniel
Jiménez Bejarano (p. 86); Sauce llorón de Mauricio León Guzmán (p. 89); Metamorfosis
multicolor de Goretty Nurelmy Farfán García (p. 91); La historia del
último escritor del mundo de Cristina Rausell (p. 94); Saliendo del
agujero de Jessica Le Cuore (p. 96); Memoria glacial de Eduardo
Honey (p. 98); y Postal de tiempo antiguo de Romina Campos Quijada (p.
100); el Prólogo es de mi autoría y las ilustraciones cuentan con fichas
técnicas; hay cinco ilustraciones internas en las ciento tres páginas del
libro; son diez las nacionalidades: Colombia, Argentina, México, Chile,
Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela, España y Cuba; y se distribuye mediante en
línea. La primera vez que Yui me mostró la edición, la portada de fondo verde
militar, los títulos y los nombres azul oscuro, el proceso manifestándose, me
sirvió para el adelanto de los faltantes seguro de la calidad de Laia,
demostrada en continuos esfuerzos de libros personales y colectivos; por otra
parte, el hecho de que sea de libre acceso permite que sus autores como los
lectores puedan ingresar y compartir donde deseen: tanto en sus perfiles como
en el grupo del Preuniversitario Carlos Marx (reparto Siboney, La Habana,
Cuba), obsequio del escritor Jesús Eligio Castellanos Estupiñán. Lo mismo que
encontrarme receptor de obras de autores que me han antologado, que han
recibido mis obras en sus proyectos, da una sensación de mutuo encuentro,
aceptación y diálogo. Ahora, en cuanto a la red, con las publicaciones por
entregas en Al Poniente busco posicionar los microrrelatos fuera del
archivo para que las obras sean encontradas por el navegador, no solo en la
página de Laia o con el enlace; esto permite que los nombres de todos los
involucrados en la gestación de la propuesta sean visibles en el medio. En
cuanto a lo que sigue, pues otra antología (los libros personales los dejo a
futuro: con las revistas, los prólogos y las publicaciones esporádicas tengo) que
nace de una experiencia laboral como mentor en instituciones y centros
educativos rurales de Betulia y San Juan de Urabá: conocí a docentes,
experiencias retadoras y significativas, profesionales comprometidos en
dignificar su labor y la concepción de sí y de sus estudiantes que daría para
un libro de narrativas pedagógicas. Ya conozco a los docentes, que a su vez
remiten a colegas, más apartados o cercanos al casco urbano (hecho que tampoco
implica medir exotismo por alejamiento, sino ubicaciones glocalizantes), y a
Yui, que conoce el primer esbozo de lo que aquí comento, le pareció viable.
Debo pulir la idea, investigar estructuras de sistematización de experiencias
para abarcar lo personal, lo profesional, la disciplina y otros ítems a ser
considerados en las narrativas, además de enfocarme hacia el continente para
reunir sus prácticas educativas. Si necesito asesoría teórica puedo tenerla en
los mismos antologados y en investigadores de la narrativa pedagógica como
herramienta de investigación. Si Dios lo permite, hasta entonces.
Belén-Fátima,
diciembre de 2025
Luis Alfonso Pérez Puerta (Chigorodó, Antioquia, 1961) es comunicador Social-Periodista (Universidad de Antioquia, 1992), actor y escritor. Ha publicado en la antología de los talleres literarios Árbol libro IV (Comfenalco Antioquia, 2003) y en periódicos y revistas digitales: El Correo y Escritores Rebeldes de 2020 hasta hoy.
___
Al Poniente, Antioquia, Colombia, diciembre 16 de 2025.

Comentarios
Publicar un comentario