| Dave García, 2026 |
De chalán en una finca o en encuentro (¿con los Mayas o
los patrones del Limonar arriba?). Paso por las ganaderas con los caballos, a
pie, y los detengo si lo requieren los buchones con sus señoritas (Antioqueña
de Plásticos). Me monto en uno negro, ¿con el que ganó don Iván?, y lo paso por
entre los cables de los logísticos, los pisa y parpadea la feria (miro: hay una
piscina en el medio, por los toboganes pasan los hijos de los barrigones, sus
partos rápidos, y las señoras toman cocos y micheladas). Vamos detrás de la
pesebrera, me bajo, lo entro a la casa, miro por la ventanita a ver quién se
acerca, nadie, y la mujer que me abrió se esconde detrás. Saco al caballo: se
revuelca en el frío del musgo, bebe agua verde, come tierra y volvemos a
entrar: suenan disparos, vienen gentes con sombrero, medio agachados; meto al
caballo por una esquina, rodeo el gallinero, al fondo, en lo último que dejan
las tablas-cercas, y nos escondemos, acostados, en la manga alta. Me acomodo,
nos echo tierra, miro al gallinero: una mujer apunta, hay otro que viene por
delante, y un perro amarillo se nos acerca, se detiene, para la cola y, antes
de latir, dejo al caballo, me subo por las maderas y me tiro al fondo del
voladero: busco dónde apoyar los pies, de qué palo sostenerme, y doy con la
quebrada. Subo un trecho, es camino, y me alumbran, no oigo ni siento disparos,
con un reflector; subo, no me canso, no jadeo ni sudo (las cosas son extrañas a
mi urgencia), y me les escapo al doblar el monte. Vienen en moto, un testigo
por acabar, y me lanzo por otro cañón, logro agarrarme de unas lianas, hay un pueblito
al frente, subo un techo de plásticos desvaídos (¿Montebello?) y voy hacia la
izquierda, subo a la derecha, le quito las botas a un gamín borracho (lo
conozco, lo reconocí, no le verá problema) y bajo a una panadería de esquina;
un policía me vio, me pide que le muestre las botas, llenas de hormigas
amontonadas, y le digo que es para matarle los cálculos biliares, pero me
niega, va donde su comandante (la estación queda en la cuadra larga, a la
derecha de la panadería) y otro parroquiano me pregunta que a cuánto se las
vendo, pero estoy descalzo, sin pantalón ni camisa, y debo seguir hacia abajo o
me alcanzan, porque aquí donde estoy o me entregan o me venden, que es lo
mismo, y debo tirarme más lejos, perderme...
***
De Ruth,
la entregadora a la comida y al sueño: en la curva de Rosalbagorda, unos
pelados seguían tres veces a un chiverito, a alguien en mula, y en ninguna lo
atraparon. Ella como que salía de visitar a la señora, y nada[1]: ¿el carro tiene por
condena repetirse hasta que lo atrapen, o su misión es evitar que lo cojan,
porque termina él peor, con doble muerte?
Fátima,
agosto 31 de 2026
Mensaje de Celina[2] para secretaría o puesto
en sitio del rector (manga, biblioteca con ventana al mar, equipos
irregulares). Pienso en irme a San Juan, desde el parque, en el balcón del
hotel. E insiste, me vuelo en el mototaxi hijo de la profesora: en la oficina,
la pregunta, de nuevo, para traerme al hotel, saliendo infinitas rejas de
hotel, y la aseadora míreme...
Fátima,
1.° de septiembre de 2026
___
De Erato al Mundo, N.° 5, Montevideo,
Uruguay: Institución Cultural Grupo Erato, octubre de 2026.
[1]
¿Pensó en Boquijalea como yo me lo
imagino, aguantando hambre con familiares a media cuadra, en el piso de abajo,
usando su cocina?
[2]
No me responde desde la llamada del
treinta de agosto a las ocho, que no contesté por sueño. Luego le escribí, a
las dos de la tarde, que qué pena y esos remedios, pero no funcionó...
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