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Paramnesias reduplicativas y desconciertos (III)

 Muhammet Türközü, 2026

A la hora de las brujas ideadas me levanto de golpe y, quitándome la cobija, defiendo la profesionalidad docente, las dificultades como propias del oficio y, por tanto, nada que no sea teorizable en mesas redondas pactadas sin advertir.

Orino, paso entre la ropa arrumada y las cobijas por lavar, dejo las chanclas por si otra urgencia y sofo el hielo pegado a los pies confiando en las estabilidades pedagógicas y los remansos metódicos que permite.

Y repito y avalo y descuido así otra ensoñación que no dé tranquilidad al lelo.

 

***

 

Lluvia torrencial, plancha, repiqueteo invasivo.

Dos primas se aseguraron una sombrilla y, en la sombrilla, una sábana: protegidas por una pared, combaten la lluvia. La menor sale a patear charcos y a saltar apretando sus manitas, y se vuelve a meter; ahí dentro hay un caniche.

Entonces, otra niña, acostumbrada a extender la ropa de la casa que protege la plancha, sube a rescatar una prenda, ya goteante, e, impasible a la lluvia, que no la moja ni le aprieta el vestido ni le revuelve el cabello, las ve gatear debajo de la sombrilla.

Y mira al balcón este, sonríe, aprieta los puños, salta como en victoria, vuelve a verlas, se escurre la prenda sobre la cabeza y ahora sí le caen gotas en la frente y la espalda se le pega; da otros saltos, mira y sonríe al balcón, aprieta los dientes y baja las escalas.

 

El Pedregal, junio 13 de 2024

 

Instalando la ventana de hierro, John, en la tarde que repiquetea la arenilla del sueño en el zinc, en la casa de los indios ahora de la parejita colombo-venezolana, veo de reojo, miraba el paisaje, la ventana de plástico, y una sombra de los niños cargueros de cajas, como de mono capuchino o cabeciblanco, a medio metro de altura, se me aventó del cuarto cerrado con dos cortinas, pero antes de traspasar el quicio, atento a él, se desvanece de golpe y me deja esquivando su pirueta.

 

El Pedregal, junio 18 de 2024

 

Trapeo el apartamento, ya barrí y pinté por la mañana con el rodillo y la brocha, de adentro hacia afuera, sacando los maleficios y la quietud tenaz de los viajeros al norte, y ya para salir, del cuarto donde pegaron unas frases de ánimo en inglés, que sin traductor no creo que las hayan leído, y un cercado y unos tulipanes y unos globos de fantasía, proyecta el sol una mano dando un marranazo a la nada... o a un menor que en otro tiempo allí estuvo. Pudo ser el movimiento retardado, el castigo que fue y vuelve, en sombra, a fundarse, solo que no ya en ningún cuello sino en el vacío de mi susto, en la criatura que debí ser yo o alguien con menos suerte.

 

El Pedregal, junio 19 de 2024

 

Sirviendo el chocolate en el vaso, procurando no regarlo por los bordes, las arepas y la olla y la sartén y el plato y el café y la media cebolla y el medio tomate en el pollo, con una lucecita mañanera colándose, en pantaloneta y descamisado, recuerdo haberme visto así a punto de despertar, o acostándome donde Wilson, golpeando el chocolate, cogiendo el agua hervida con un trapo y vaciándolo en dos etapas...

 

El Pedregal, junio 20 de 2024

 

Echo la crema en el cepillo, me vuelvo con el cepillo en la boca, meneando sin contemplaciones, brusco, al escritorio y, antes de pasar, véome en el espejo de la ventana del vecino, y sobre mi imagen el torso del vecino, su camiseta bermellón y los granos cicatrizados y las entradas y la oscuridad de las cuencas, quieto ante mí, inferior a su piso y a sus piernas, viendo hacia mi casa, quizá al hado que deje atrás.

 

El Pedregal, junio 26 de 2024

 

Y estoy en Industriales... sin saber cómo llegué aquí: debería estar en la línea de arriba...

La inercia de los guaros me bajaron, en San Antonio, al sur: ahora veo todo el vagón, los carteles, la sillería despejada.

«Pero cómo me moví si hace poco sentábame».

 

***

 

Tarde para la entrevista y nos falta una estación: debemos bajarnos en Exposiciones; Lisi acuesta la cabeza en mi hombro; cierro las dormideras... tanto como para abrirlas con el salir de los usuarios:

—¡Vida ya!

Y corremos para que no nos cierren, subimos de a dos, evadimos las nalgas ralentizadas, pasamos los torniquetes y en el puente Lisi nos hace caer en cuenta: no estamos en Exposiciones sino en Poblado.

«¡Dios mío qué es esto Virgen: si cerré los ojos cuando faltaba una estación y resultamos acá!...»

—¿O fue que se pasaron derecho?

—¡Derecho nos quedamos confiando en usted!

»Yo porque decía “Esto se parece cuando trabajaba” y claro, vea...

 

***

 

Me asomo a bajar el mareo, leí y me dediqué a ver la circulación de gente, y del río sale un vallenato, debe ser detrás de los arbustos, en un negocio de este lado de la calle o del basurero, como si le cogiera señal, lo sintonizara al ponerle la oreja.

 

***

 

Abren la ventana de Henry... pero él está trabajando, moviéndose por bloques y programas: es doña Gladys: aunque lo creí escondido en su cuarto, el portátil en luz baja, asustándome.

 

***

 

¿Es una araña o una cucaracha ese punto movible en la esquina de mi cuarto?

Quiteme las gafas y los ojos nada pueden decir...

 

***

 

Por el camino de don Jesús una rama enganchada me atina el parietal; me volteo y no hay árbol con ramas tristes: es el patio y el añil de noche.

 

***

 

Una chanda ruñe un hueso antes del camino; llego a la entrada de la casa: se teletransportó con el hueso y el hambre.

 

***

 

No creo que arrendasen la sombra de una nube las dos señoras mientras comen papitas al sol vivo: los empaques no fulguran ni se les achaca el ceño: «Y menos columnas o una ceiba titánica».

 

***

 

Le damos al asiento de la silla como palmeteando nalgas y responde un silbido, a lo lejos, dentro de los muros, en el revoque, de duende, de hada maltrecha.

***

 

Pienso con la intensidad del remordimiento en restregar el balcón. La viejita me llama a las nueve para el arriendo y me muestra cómo le quedó el balcón y qué palos había en la bolsa recolectora.

 

***

 

Cae una hoja de mi crencha de no sé qué árbol: alrededor hay casas de máximo dos pisos, contrabandeados alambres de luz y techos a dos aguas.

 

***

 

En Ayurá me quito una pelusa del pantalón nuevo y oh el círculo: «¿Me mie o se regó el tarro? Pero la jíquera esta seca... y no huele: «¡Quién me habrá visto así! Menos mal esto mismo... y nadie lo mira a uno a estas horas... ¿Ya estoy viejo que me mie?»

 

***

 

Me reciben el turno: debo entregarle a la odontóloga la cita: voy directo y leo «Empuje». «Yo que confundo a Lisi y cuando es empuje le digo jale...» Lo dicho: jalo la puerta, la fuerzo, logro abrirla, suena cuando toca la pared y entro. Dejo el papel en la mesa larga y salgo: «Ellas van a verme como el que abrió mal». Y la señora de al lado, con calores de Queta salientes por las plantas de los pies directos contra el suelo, abanicándose adentro con la falda, el pelo recogido y los músculos fibrosos:

—¿Cuándo será que me llamarán?

Ahí mismo abre un joven azul y se pone las chanclas, agarra el bolso, me sonríe como si me dejara algo, y se va: soy el único en la fila y justo en el puesto que me tira hacia adelante.

 

***

 

Meneo la cabeza para secarme y tengo una bola negra en la mano; me la quito cerrando los ojos, abriendo la cortina y apoyando la palma contra la pared.

 

***

 

Busco la tapa de la sopera encima del pollo, del balde, de la cama, entre la ropa sucia, en el techo y por los zapatos: el duende la devolvió al fogón.

 

***

 

Escucho, en el lavadero, a la hija de la vecina salir carrereada: volteó: el fumador de abajo recogió la ropa sin yo enterarme:

«¿Subió al ratico de la niña?»

 

***

 

Atiendo el audio de Ruth sobre los trabajos en la casa de Gloria. Lo repito viendo combinaciones de samuráis. Prendo el micrófono y me quedo en la parte del agua puesta y vuelvo y me desconcentro en un kabuto, y así cuatro veces hasta que me obligo a solo una cosa para hilar lo de la presión de la manguera del patio.

 

***

 

Reunión con José Luis: «El haiku no tiene rima ni acento...»

La memoria de las sienes es imantada por lo ya oído.

 

***

 

Lo primero fue las mogollas integrales: recuerdo haberlas tirado al carrito; pero desempacando, ni me enteré en la caja, sale es el pan con pasas que no quería repetir...

 

El Pedregal, agosto 24 de 2024

 

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Bitácora del Pequod, «Expedientes secretos», Vol. 4: Moby Read, Club Literario, septiembre 29 de 2026.


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