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| Intercambio, Alejandro Zapata Espinosa, Bello, Colombia (2026) |
Tinto para sostener la mañana, la repetición de nueve
clics (si eficiente) por entrega. El input
es un audio, la base para evaluar los dos próximos (a-be), con el textico
arriba. Si estos se alargan, miro tranquilo por la cortina. El que hago ahora
es: «¿Le parece bien recalentar las sobras ahora?». Alguien muy juicioso
repetiría audios, pero luego de pasar las primeras doce, y de acostumbrarse
luego de tres intentos, uno pasa a evaluar las respuestas. Cualidad de audio y
de grabación: siempre ambos buenos (both
good); fidelidad del hablante y de la voz (persona likeness, speaker fidelity), a o be; exactitud de la
pronunciación (pronunciation faithfulness),
ambos buenos si uno de los dos no se equivoca de texto; naturalidad (naturalness) y preferencia global (overall preference), el mismo del
trasanterior, para unidad; y factor dominante (dominant factor): los criterios de arriba pero solo uno
definitorio, y enviar voto (submit vote),
nueva comparación (new comparison) si
no cargó uno de los audios o salen letras rojas arriba, y reject sample por audios que no cargaron (audios does not load), lenguaje equivocado y both audios completely off script. Desde las tres y cincuenta y
cuatro empecé, y son las diez y veinticinco, para un total de cinco horas,
treinta y cinco minutos, veinticinco segundos y contando. Las voces de ambos
géneros, en el input, dan una muestra
de su registro (hablan de fútbol, de comida, de ceremonias, el amor cortés por
fuera del matrimonio), y en las dos muestras alargan o hablan igual. Para las
salidas al baño, dejo que el tiempo cuente, y luego de cuatro días (los tres
primeros solo me distraía con videítos) busco en qué ofrendarme, cómo agilizar
la niebla de las horas. No sé cómo gestionar el resto de día: si dormirme, caminar
hasta el parque, joder a Ruth o buscar el chivo de Daniel y montarlo a Pluma Grafito, como política de
reintegración a la Débora (fin por las ilustraciones del número de diciembre). «Llevamos
a nuestros padres en ollas vacías» (We
carry our father in empty pots), él entenderá, Precious Nwakaku Ngele,
porque fue la madre quien dijo, sentada, viéndome la cuerina de regalo,
conocedora de mis agostos, 2008 o 2010, y de lo que podemos hacer con su detalle.
«En la medida de lo menos posible», nos informa desde marcha el activo Saúl, enemigo
de «la pasquinería rampante» derecha: un genio.
***
¿En qué
terminaremos, gris de los mares, urgencia por convencerse en lenta
predestinación al mausoleo? Te engañas, comendador, y nadie pregunta si fuiste
elegido, si debes ocupar ese lado del escudo, el que no protege. Veremos hasta
dónde aguanta la carga; la sabes llevar (hasta que uno venga con su bulto, y se
lo descargue, y no puedas con ellos ni con él, pero deberás seguir, al
acantilado o a la marmota, pero adelante, como si le llegara al fin de la pica).
***
Qué de peleas, de insultos, de humillados...
***
El enano apenas toca las centralidades, muy señor de
contratos y vanas horas. No lo recomiendo (podría sacarme de las fechas), pero
no es largos plazos; consigue en lo que está, y lo seguro es que no va a
moverse, para que lo alaben. Supo un movimiento, y lo repite. Puede enfadarse
allí, sin moverse, antiguo, y ver a los muchos desaparecer de su oficina, sus
órdenes y, si son de malas, su cortejo.
Son muy
levantados [por decirles que esa cultura obedece a las trituras anticarreteras
de Ferrer, no la elevación de abogado presidencial actor, de multirreligioso.
Probamos la incursión gringa en ese bicho; la escenografía de un pequeño, y la
tecnología estatal para maquillaje, dobles y militares secundarios, los muy
serios y prestantes. Tirarse en contra; optar por el enemigo, la mayoría
acrítica, una sola línea editorial privada, o con motivos y carrera,
proponiéndose orgánico del individualismo neoliberal: yo tengo porque lo he
sudado, o, más bien, hagamos como que lo tenemos de frente, ja, que bebe del
sudor ajeno. Politizar entonces, desde el arte, con la orgánica humana, el
acontecer de clase y contradiscursos o medios no hegemónicos, y decir, primero
que todo, la discrepancia de intereses. Que la creatividad no sea gratis para
beneficio del opuesto, sino en su contra, por la autonomía. Eso que no
hablamos, pero sabemos, antifascismo por raya nacional de la peste embetunada,
y lo tendremos en paro, las clandestinas como presidenta 1974 en la Universidad
de Concepción. Ahora nos toca; hay quienes se lanzan derecho, y los
comunicacionales en Barranquilla, de todas formas delanteros; oponerse y no
caer en la farsa laureanista, repetida por canales de gobierno-empréstito, del
apagón, sino con la prestancia de su antiinfelectualidad. El académico vicepresidente
regaló la cerviz en las sesiones de Nueva York, luz roja, ordenada, con
secuencia y ladrillo sobre otro, en respuesta vecina. Con el diálogo grabado se
tecnifica el anuncio. ¿Y si aceptamos el territorio como primigenio y actuante
en las más intrincadas esferas mundanales? Es posible, la cosa es mantenerlo en
diálogo, con la expresión traducida en básicos y museos. Si no logra mantenerse
en contacto, los interiores se banalizan, terminan procreándose sin nuevas
variantes, redondeando una estrella conocida. Esto es, ya sea para entregar eso
propio como escudo o remedio, o para ingresar causas y diferencias, desconocida
sal para el preparo. Que el fascismo criollo no dispute en lo que no sabe, en
lo que inventa conspiración y paranoia, el pan resbaladizo que apenas inicia
corrompe, envalentonados por un inicio que no comienza, que se decae en arena,
lo que son, menos, una cejita negra, de piel que corroe la juvenil de las
cuartas, un monstruo de dimensiones proyectadas, espejeo con vaho inmundo, lo
decimos, violencia contra «las ideas y la formación»: cohechos del mando sin
prendas que signifiquen, el puro remedo autoritarito de huesos cartilaginosos,
llenos de polvo de sala hincada].
Fátima-Bello-Aguas
Calientes, septiembre de 2026
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Entre Paréntesis. Revista Artística Cultural, Santiago de Chile, N.° 142, octubre de 2026.

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