«El profesor Óscar
Jairo González en una conversación sobre las artes y las inteligencias
artificiales, con Daniela Hincapié, artista y tatuadora; y el escritor y poeta,
Alejandro Zapata.
Con estas preguntas abrimos a Daniela Hincapié, artista
visual y tatuadora; y al escritor y poeta, Alejandro Zapata, con quienes
conversamos en la edición 2026 del Seminario Escribir Sobre Arte de la Revista Papel, durante la Parada Juvenil
de la Lectura, en el cemento de la Cancha de Santo Domingo»: Papel (2026).
¿De cómo comenzó o en qué momento, desde lo que usted es (y
se es) y hace en medio del arte, o allí donde se ha insertado e instaurado su
visión del mundo o sus visiones del mundo, de la naturaleza y de la realidad,
su relación con la IA, qué le dice, qué le hace decir, y desde dónde y cómo y
por qué la ha involucrado en esa su visión del mundo; qué la fractura, que la
desarrolla, que fantasma es o no, qué hace con ella, como la lleva y se lleva
con ella, le transforma su tarea o no; qué incidencia tiene en su relación con
su tratado de la sensibilidad, y qué como la dimensiona o la ocluye; desde qué
tesis estética o no, le interesa y por qué; en usted qué es, qué sería entonces
lo artificial en evolución o no, o una involución de lo natural (naturaleza)?
Mi relación (ahora
injerencia, ayuda, tiro por la culata) con la inteligencia artificial viene
desde inicios del 2023. Se presentaba como una herramienta para consultas de
desembale. Recuerdo que un día, en la Biblioteca del Tecnológico, se había
caído (ella, que aparenta reflejo de datos, industria invisible), y nos
preguntándonos entre compañeros cuando volvería a funcionar (¿quién la levanta?
es una pregunta que da cuerpo) para seguir con lo pendiente antes de la clase.
Luego ayudaba, claro está, en lo que requería tiempo pero no compromiso:
organiza la consulta de referentes, pasos faltantes en la investigación,
esquematiza una consulta... Recuerdo el uso inicial de un haijin: le daba el
rudimento de la impresión del aware y
ella le creaba el haiku. Sabía del uso de la herramienta porque iniciaba con el
«¡Claro! Aquí tienes» esto y aquello; la ortografía perfecta, él que escribía
desde el celular, donde lo cogieran una hoja, el vino o el árbol, y la
invitación a crear otro (¿un libro en menos de un día?). El susodicho lo fue
dejando: volvió a sus errores, a «la temperatura de lo real». Ahora, ella se
involucra, y se entromete, en mi visión del mundo: desde informes, rutas,
planificación, ajetreos, hasta la simple «crítica literaria» que le pido a los
textos. En la educación y en la literatura, el debate sobre ella como urgencia
contemporánea. La educación por la pregunta sobre cómo aprender con una salida solucionatodo;
y la literatura, sobre para qué escribir y en qué tradición leer esa escritura.
No quiero negar el uso de la inteligencia artificial, cosa que llevaría a que
otros tomaran ese puesto vacante y descubrieran una manera crítica de uso (de
entenderse con una empresa, alimentarla, robarle frutos). Es lo que Mariátegui
mencionada al respecto del socialismo en las Américas: «Debe ser creación
heroica»; en Rodolfo Kush se extiende a la naturaleza del estar americano:
crear nuevamente el mundo desde esta parte, lo que implica sacrificio. Las
soluciones o los problemas planteados desde aquí (en una cancha-auditorio, con
pitidos de camión en reversa, balonazos, equipos vallenateros en Santo Domingo
Savio). Que sea todo menos entrega pasiva. Un listado de momentos es develar el
cuerpo de esta (no un ente que actúa sobre nosotros y se embucha de datos): la
«colonialidad del poder» que segrega; la primacía humana en la creación, pues
«la máquina programa una palabra que carece de estos trasfondos, de esa
capacidad de adentrarse en las profundidades de un yo absorto» (Darío Ruiz
Gómez); y la pregunta por la herramienta desde el uso creativo. Sobre esto,
Kandinsky: «El artista tiene que educarse
y ahondar en su propia alma, cuidándola y desarrollándola para que su talento
externo tenga algo que vestir y no sea, como el guante perdido de una mano
desconocida, un simulacro de mano, sin sentido y vacía»: es decir, que América
no tome el guante por obra última, aglomeradora, sino que se elabore desde el
suelo que a cada uno reclama: la dialéctica mestiza de diablos felices,
retomando a José María Arguedas. Cómo la matriz perdurable y continental
absorbe, muerde y deglute la inteligencia artificial para su liberación: tarea de
creadores. Me refiero al sigilo de lo abrupto, a la carga semántica y
hechizada, al neobarroco desde las «sucesivas coronas del desfiladero»
lezamiano (contra el centro de la campana de Gauss, que el zapatismo devela
como homogeneización alienante: necesidad del rótulo «sin-IA» como fe de criterio
humano): el cortocircuito de la conjunción problematizadora, de lo ubicuo, del
crear a galope narratorio, con o sin artificialidades.
Fátima, julio de 2026
Cubrimiento
1. El Espectador, «El Magazín Cultural»: https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/como-cambia-la-ia-la-escritura-medellin-tendra-un-seminario-gratuito-sobre-literatura-y-tecnologia/
2. TruNoticias: https://trunoticias.com/2026/06/25/seminario-de-literatura-e-ia-llega-a-medellin/
3. Fiesta del Libro y
la Cultura: https://fiestadellibroylacultura.com/seminario-escribir-sobre-arte/
4. Papel:
https://revistapapel.com.co/index.php/2026/07/05/la-literatura-de-medellin-sobrevivira-a-la-ia/
___
Papel, «Literatura en Medellín en
tiempos de IA», N.° 23, Medellín, Colombia, octubre de 2026.

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